Cómo conservar los alimentos en el hogar

10 claves para evitar las intoxicaciones alimentarias en el verano

El calor es un factor de riesgo si los alimentos no se conservan y tratan adecuadamente. Por ello, ofrecemos unos sencillos trucos para evitar las temibles intoxicaciones alimentarias que se producen cada año, en la mayoría de los casos en los hogares.

Redacción

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Publicado el
14/07/2016



Cuando hace calor es necesario tomar alimentos que contengan una importante cantidad de agua. La propia naturaleza se encarga de ofrecernos en cada temporada lo que precisamos: por ello, en verano las frutas tienen mayor aporte acuoso, como sucede con el melón, la sandía, melocotones, paraguayas y un largo etcétera. Las ensaladas y sopas frías son una sana alternativa para comer con calor porque, además de aportar hidratación a nuestro organismo, nos aportan vitaminas y minerales. Pero no sólo tomamos ensaladas, carnes  y pescados que, además de huevos, forman parte habitualmente de nuestra despensa.  Mantener adecuadamente los alimentos cuando hace mucho calor únicamente precisa de algunas consideraciones:

  1. Comprar los productos teniendo en cuenta una planificación de los menús, utilizando primero los más perecederos. Así por ejemplo, en el caso de frutas tienen mayor resistencia las manzanas que las fresas y el melón que los melocotones, mientras que en el caso de las verduras, judías verdes o berenjenas tienen más resistencia que espinacas o acelgas. Si planificamos bien evitaremos la tentación de consumir productos que no están en perfecto estado.
  2. Colocar los productos dentro del frigorífico en el lugar adecuado, como explicamos en este artículo, poniendo los más recientes al fondo, para utilizar los que tengan una caducidad más temprana en primera fila: yogures, zumos, etc.
  3. Los pescados deben consumirse en menos de 24 horas, y tras comprarlos debemos colocarlos en el frigorífico limpios y sobre una superficie enrejada que permita aislar el agua que suelta el propio pescado. Si se tiene duda es mejor limpiarlos y congelarlos, para después utilizarlos cuando sea necesario. Los pescados pequeños se mantienen peor que los grandes, por lo que si compramos boquerones o sardinas deberemos tomarlos en el día.
  4. Las carnes deben consumirse en menos de 3 días. El vacuno tiene mayor tiempo de caducidad que el pollo, y además éste admite muy correctamente la congelación, por lo que no conviene arriesgarse: se puede comprar y congelar una parte. Si se marina el pollo con unas gotas de limón, sal y pimienta, también quedará excelente.
  5. No sólo los productos frescos necesitan refrigeración, algunas conservas también. Las más características: las anchoas en aceite. Por otra parte, cualquier conserva una vez abierta debe meterse en el frigorífico, a ser posible sacándola de la lata y metiendo su interior en un tarro de cristal. Una vez abierta, debe consumirse lo antes posible.
  6. Cuando los alimentos se han cocinado no se deben dejar a temperatura ambiente. Los restaurantes tienen una maquina especial para ello. Por ejemplo, los pimientos asados o la tortillla de patatas, en este último caso especialmente cuando se hace poco cuajada. Es preferible meter en el frigorífico lo que se haya cocinado y después calentarlo brevemente en el microondas o el horno antes de servir.
  7. Los tomates y demás verduras que se toman en las ensaladas están mejor atemperadas, por lo que es conveniente sacarlas un poco antes, limpiarlas bien y prepararlas como tengamos costumbre. De la misma forma hay que actuar en el caso de las sopas frías, no sólo para evitar inoxicaciones, sino también que fermenten. En el caso de las salsas también deben guardarse en el frigorífico si no las vamos a consumir según se hagan.
  8. Algunas empresas de la Industria Alimentaria nos sugieren que tomemos productos preparados porque están pasteurizados, pero realmente pierden mucho sabor y nosotros podemos hacer nuestra propia cocina sin ningún riesgo, preparando por ejemplo una bandeja de lasaña y o canelones, y repartirla en varios tapers para horno (de aluminio) metiéndoles en el congelador y horneándolos cuando queramos tomarlos.
  9. Llevar  la comida preparada a la playa, piscina o al campo requiere de algunas precauciones, una de ellas es hacer bien la comida: los filetes empanados, por ejemplo, no conviene dejarlos demasiado poco hechos por dentro, la tortilla debe estar más cuajada. Son perfectos los huevos duros en ensalada, aunque esta última no debe aliñarse hasta que no vayamos a consumirla, pudiéndose meter sal, aceite y vinagre en un pequeño recipiente para echarlo justo a la hora de tomarla. Nada de mayonesas caseras cuando vayamos de picnic, si queremos mayonesa son muy prácticos los sobres individuales que se venden en los supermercados, que cada uno abrirá en su propio plato e incorporará al resto de los ingredientes.
  10. No aprovechar las sobras dudosas. Sobre todo las madres, somos muy aficionadas a comernos todo lo que sobra. A veces es un buen recurso, pero en verano puede ser peligroso. Unas verduras aliñadas hace tres días deben tirarse. Una carne guisada que lleva una semana en el frigorífico ya no debe comerse. Mezclar las sobras con pasta, arroces o similar no aminora el riesgo. Lo mejor es que si nos sobra una ración de comida la metamos en un taper y la congelemos, y después bastará con descongelarla.

Extremar la limpieza evita muchos sustos, cuidado con las balletas que lo mismo limpian una encimera que hacen lo propio con un tenedor, recuerda que puedes desinfectarla rápidamente metiéndola, previamente humedecida, en el microondas 2 ó 3 minutos a máxima potencia, eliminando así la gran mayoría de las bacterias. Sin embargo, en verano el papel de usar y tirar es nuestro mejor aliado.

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