1985: el vino de damajuana que recupera la memoria líquida de Serrada

1985: el vino de damajuana que recupera la memoria líquida de Serrada

1985, de Diez Siglos, es un vino de la zona de Rueda elaborado en damajuanas al sol, con crianza oxidativa y edición limitada que recupera la tradición de Serrada.

En un momento en el que los vinos de la zona de Rueda están claramente asociados a blancos jóvenes y perfiles aromáticos muy directos, nuestro protagonista de hoy rompe con esa tendencia. La bodega Diez Siglos nos propone con 1985 una lectura bien distinta del verdejo. No es un vino pensado para encajar en el consumo habitual, sino una elaboración que busca reinterpretar una tradición prácticamente desaparecida en la zona de Serrada: los vinos criados al sol en damajuanas.

La base del proyecto está en viñas plantadas en 1985 en el paraje de La Coma Alta, un viñedo que, ya de por sí, aporta concentración y carácter por si solo. Pero lo que realmente define a este vino no es tanto la variedad como el proceso. Durante un año completo, el vino permanece en damajuanas expuestas al aire libre, sometido a los cambios térmicos y a la acción directa del sol, en una crianza oxidativa lenta y sin intervención tecnológica.

Vino 1985, de Bodega Diez Siglos

Este método, hoy prácticamente residual, formaba parte del paisaje diario de muchas casas de la zona. Recuperarlo implica asumir tiempos largos, incertidumbre y un trabajo manual constante. Todo en un mundo en el que las prisas dominan. Este proceso implica que sea imposible llevar un control milimétrico, sino que se basa en la observación y el ajuste continuo, algo que condiciona tanto el estilo como el resultado final.

Un perfil oxidativo con estructura y profundidad

Tras su paso por damajuana, el vino continúa su evolución durante 24 meses en barricas de roble francés, en contacto con vinos de añadas anteriores que actúan como base, en un esquema cercano al concepto de criaderas y soleras. Este sistema aporta homogeneidad y refuerza la complejidad del conjunto, alejándolo aún más de los blancos convencionales de la denominación.

1985 en una damajuana

En copa, 1985 presenta un color dorado intenso con reflejos ámbar, indicativo de su proceso oxidativo. En nariz, el registro es claramente terciario: frutos secos (almendra, nuez), notas tostadas, vainilla y especias suaves. No hay ese protagonismo de fruta fresca tan característico de la zona de Rueda, sino una evolución marcada hacia perfiles mucho más complejos.

En boca, se muestra estructurado, con volumen y una textura envolvente. La combinación de acidez y un ligero amargor final equilibra el conjunto, evitando que resulte pesado. Es un vino largo, persistente, que exige atención y cierta experiencia por parte de quien lo bebe.

En mesa, encuentra sentido con platos de intensidad media-alta: pescados grasos, carnes blancas elaboradas, guisos tradicionales o incluso propuestas más arriesgadas con frutos secos o salsas complejas. No es un vino versátil en el sentido amplio, pero sí muy interesante en contextos concretos.

Con una producción limitada a 900 botellas, 1985 se posiciona como una rareza dentro de la zona de Rueda. Más que competir en su categoría, plantea una reflexión sobre el pasado de la zona y sobre las posibilidades del verdejo fuera de los estilos dominantes.

Jesús Sánchez Celada

Jesús Sánchez Celada es periodista especializado en gastronomía y director de la revista Con Mucha Gula, fundada por su madre, la Ver más sobre el autor