La gran diversidad de vinos nos permite llegar a más personas
Acercar el vino a su propio futuro es acercarlo a los más jóvenes
La forma de comunicar el vino lo ha alejado de la gente joven. Por eso, enganchar a las siguientes generaciones, desde un prisma de consumo cultural, hará que se dibuje el mañana del sector.

Guillermo Cruz

Fotografías:

Traducción:

Actualizado
22/05/2018



El futuro del vino está en los jóvenesEl futuro del vino está en los jóvenes

La manera de comunicar el mundo del vino ha sido, desde distintos ámbitos, señorial. Señorial en etiquetados, en sus campañas publicitarias o en las explicaciones a pié de mesa. Y éso ha alejado a los jóvenes, que ven cómo las generaciones anteriores beben vino, pero lo hacen desde un lenguaje ajeno a ellos. La juventud quiere ser vinculada a un consumo divertido, fresco, cercano, que haga vibrar. Ese distanciamiento de lo inteligible y, por tanto, de las personas, sobre todo aquellas de menor edad, hizo que las generaciones más jóvenes distanciaran al mundo del vino de su propio futuro. Por eso, enganchar a las siguientes generaciones, desde un prisma de consumo cultural, hará que se dibuje el mañana del sector.

El vino nació para disfrutar y, por éso no es necesario ser un erudito de la materia para poder vivir un instante placentero a través del líquido elemento. El disfrute es distinto, pero sigue siendo disfrute. Es más, todas las personas que hoy saben de vinos lo hacen porque una vez no supieron. Y porque una vez, alguien tuvo la generosidad de compartir con ellos conocimiento o botellas que les engancharon a la cultura del vino, que no es otra cultura que la de la tierra, las raíces, los productores. Uno de los aspectos que más me enorgullecen del mundo del vino es que es capaz de acoger en su seno a todas las personas.

Hay vinos para todos los perfiles: esos lambruscos para las primeras copas, esos vinos blancos frescos con nombres o etiquetas divertidos… Si tenemos una gran diversidad de vinos, tenemos la oportunidad de llegar a una gran diversidad de personas interesadas en ellos.

En Mugaritz, los vinos inaccesibles no están en la carta. Son vinos que salen a la sala cuando surge un vínculo con los cómplices que tenemos frente a nosotros en la mesa, a menudo personas que no necesariamente cuentan con profundos conocimientos del sector. Damos grandes vinos a personas, jóvenes en algunos casos, para que los disfruten. Aunque no tengan el conocimiento para apreciar hasta el último matiz, ¿por qué no van a tener la misma capacidad de disfrutarlo que quienes sí? En ese momento, tienes la oportunidad de abrir una ventana a un mundo nuevo, robarles la memoria para que se atrevan a explorar, para encender esa curiosidad sin retorno.

Mugaritz empieza a funcionar a primera hora para que todo esté a puntoMugaritz empieza a funcionar a primera hora para que todo esté a punto

En España, el cambio se atisba. Hay tintes de modernidad, de afrontar las cosas desde nuevos enfoques, sin miedo a la experimentación. Y hay diferentes caminos desde los que hacerlo. En países como Australia, al que envidio con cariño por el apego de las generaciones más jóvenes a sus vinos, las personas de menor edad no apuestan por destilados, lo hacen por vinos y, en muchas ocasiones, lo hacen a través de esa cultura de apego por las uvas clásicas de las zonas.

Los sumilleres tenemos en nuestras manos el poder de impulsar ese cambio, con un extenso listado de profesionales enormemente capacitados para acercar el mundo del vino a las personas jóvenes, y no tan jóvenes. El elitismo no es cierto. No hay elitismo en el mundo del vino. El elitismo viene de la escasez. Los vinos que son caros, lo son porque hay una historia detrás. El vino no es elitista, es una cuestión de que hay unas historias que tienen más valor que otras. Es un fenómeno fascinante observar cómo en una feria, la conversación en los grupos de amigos sean las uvas. En el mundo del vino no hay clases sociales: lo construyen las personas.

El futuro de la cultura del vino está realmente en manos de quienes trabajamos en el día a día de este sector, porque somos nosotros los que, con nuestra generosidad, podemos acercarnos a las personas más jóvenes.

Guillermo Cruz es el jefe de sala y sumilleres del restaurante Mugaritz, ubicado en Errentería, Guipúzcoa y que cuenta con dos estrellas de la Guía Michelin.
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