alimentacion en la infancia

Alimentación en la Infancia: comer demasiado o no comer

Somos responsables de la alimentación en la infancia de nuestros hijos. Cuidar sus hábitos alimentarios es fundamental para su correcto desarrollo.

Alba Santaliestra4 de marzo de 2024

La infancia, ese momento tan maravilloso en el que se unen a partes iguales dos hechos. Por un lado, el deseo de los padres de que sus hijos sean felices. Por el otro, la incertidumbre de qué se debe hacer o no hacer, unido al hecho de tener que lidiar con las opiniones de  todo tipo de “expertos”: familiares, amigos, vecinos, quien te ve en el supermercado y te da una opinión no solicitada… Y, por supuesto, la duda de cómo podemos darle a nuestros hijos la mejor versión de nosotros mismos en esta sociedad de exigencia (o incluso podríamos decir auto-exigencia) de los padres.

Además de todo esto, está la realidad que nos encontramos en las calles, en los colegios y en todos esos ámbitos en los que los más pequeños se desarrollan. A la hora de comer, en los niños podemos encontrar a menudo dos perfiles totalmente opuestos que a los profesionales de la nutrición nos llaman especialmente la atención.

En uno de los extremos, encontramos a esos niños para los que el momento de las comidas supone una verdadera lucha en la familia, bien porque no comen, bien porque se niegan a probar nuevos alimentos o simplemente porque sólo puedes recurrir a unas pocas opciones para evitar el conflicto.

Y en el otro extremo, esos niños de percentil elevado, en los que la preocupación se centra en que quizá “no deberían comer tanto”. Aquí, por un lado, encontramos a padres que no ven que este hecho sea un problema y les “dejan hacer” mientras sean felices; Por contra, también nos encontramos cada vez con más asiduidad a aquellos en los que su preocupación constante es lograr controlar lo que comen, cuándo lo hacen y con qué frecuencia.

La alimentación en la Infancia debería ser una prioridad.

Los alimentos, una moneda de cambio

En el fondo, en ambos casos, la  sensación cuando se trata con familias con pequeños en los que estas situaciones son frecuentes es la misma: los alimentos son utilizados como moneda de cambio de sentimientos, de emociones enmascaradas en no comer o en quizá comer demasiado.

Esto se debe a que los propios adultos han crecido con esa misma relación con los alimentos, con esos comentarios que están muy presentes en el día a día de las comidas familiares, en las tertulias de la televisión y en las omnipresentes redes sociales, y que en todos los casos son mensajes que calan en nosotros y, por supuesto, en los más pequeños.

La consecuencia es una pésima relación con la comida, con los alimentos, y en definitiva, con su salud.

¿Cómo podemos los adultos comunicarnos con los alimentos sin hacerlos responsables de sentimientos positivos o negativos? ¿Cómo podemos no relacionarlos con premios o castigos?

La mala relación con la comida, de niños a adultos

La ciencia ya avala cómo los niños que tienen una mala relación con la comida cuentan con mayor probabilidad de convertirse en adolescentes y adultos que gestionen mal esta relación con la alimentación, lo que supone un peligroso caldo de cultivo para los trastornos de conducta alimentaria.

Los adultos somos el reflejo en el que aprenden, los modelos que siguen, sobre todo en la primera infancia. Por tanto, cómo nos relacionemos con la comida será determinante para ellos.

Dejemos de utilizar la comida en la infancia como una herramienta de presión o de recompensa, ya que de lo contrario, esto desembocará en futuros adultos que buscarán cómo sentirse mejor o cómo ahogar las penas a través de la comida.

Además de la comida, debemos hacer referencia también al culto al cuerpo, a cómo en esta sociedad desde la mirada adulta nos encontramos juicios y prejuicios según el tipo de cuerpo o de lo que debería ser “normativo”.  Debemos abandonar las etiquetas en base a las creencias y enfocarnos en ayudar, en apoyar y en conectar con el niño.

Cómo ayudar a que un niño coma mejor

No hay que centrarse en si un niño come poco o mucho, si su peso es mayor o menor, sino en si los mensajes sobre alimentación que recibe de su entorno son adecuados, si los alimentos que ingiere son de calidad y saludables, si sus padres le acompañan en los momentos de comida, si dedica tiempo a realizar deporte…  Y lo más importante, si su estado de salud a nivel físico y mental es bueno.

Es necesario ampliar la mirada de padres, docentes, profesionales y, en definitiva, de la sociedad para comprender a estos niños, sus circunstancias y su día a día.

Los dietistas-nutricionistas podemos ayudar a lograr una comunicación más efectiva entre  padres e hijos, creando entornos saludables para construir relaciones igualmente sanas con los más pequeños, logrando así que la comida sea un momento para disfrutar sin complejos, sin falsas creencias y desde el respeto al cuerpo.

Pongamos a los alimentos en su lugar, como fuente de nutrientes y, por supuesto, de disfrute social con los más pequeños. Y no olvidemos que nuestra máxima como adultos hacia los niños en cuanto a alimentación debe ser guiarles, acompañarles y, por supuesto, respetarles.

Alba Santaliestra, Doctora en Nutrición y Salud Infantil

Jesús Sánchez Celada

Jesús Sánchez Celada es Periodista gastronómico y director de la revista Con Mucha Gula. Su contribución al periodismo gastronómico va más allá de Con Mucha Gula, consolidándose como figura multifacética en el panorama... Ver más sobre el autor