Concejala de Turismo de Pedro Muñoz, una de las paradas de la Ruta del Vino de La Mancha, Ángeles Morales asume esta nueva etapa al frente de la presidencia de la Ruta conociendo bien las raíces de la tierra que la vio nacer y que hoy es también testigo de sus éxitos personales y profesionales.
A La Mancha se siente unida a todos los niveles y es por ello que tiene un objetivo claro al frente de la Ruta del Vino de La Mancha: seguir creciendo como destino enoturístico de referencia y reforzar las experiencias que se pueden vivir en la Ruta, para que cada vez sean más los viajeros que se acerquen a descubrir la calidad que se esconde tras la tranquilidad que se respira a lo largo de todo el territorio.

La primavera es uno de los momentos más atractivos del año en La Mancha. ¿Qué tiene esta estación que la convierte en especialmente recomendable para descubrir la Ruta del Vino?
En esta llanura infinita de amplios horizontes es cuando los viñedos despiertan: es el momento del “lloro de la vid” y la posterior brotación. Los colores del campo son impresionantes: el verde eléctrico del cereal, los azules del cielo, los marrones-rojizos de la tierra. Sin duda, son paisajes en los que merece la pena perderse. Es la mejor forma de bajar las pulsaciones y sumergirse en un mundo rural lleno de posibilidades.
Las flores además empiezan a llenarlo todo de colores y olores, haciendo de nuestros senderos los mejores caminos a recorrer a pie o en bicicleta: el morado del romero, las flores blancas y rosáceas de los brezos y las jaras, el amarillo de las retamas y, cómo no, la alfombra roja que extienden ahora las amapolas. Los amantes de la fotografía tienen en estos meses, en la Ruta del Vino de La Mancha algunos de los escenarios más increíbles.
Más allá de las visitas a bodegas, ¿qué tipo de experiencias diferenciales puede encontrar el visitante en primavera dentro de la Ruta?
Las bodegas aprovechan estos meses de primavera para ofrecer paseos por el viñedo, catas al aire libre, comidas camperas, e incluso observación de estrellas a cielo abierto. Las agencias de viaje del destino ofrecen rutas al atardecer para ver la puesta de sol desde los famosos molinos de viento o desde los humedales, aprovechando así para disfrutar de la observación de aves.

Eventos como la Romería de Tomelloso forman parte del calendario festivo de la comarca. ¿Cómo se integran estas celebraciones populares dentro de la propuesta enoturística?
En cualquier evento o fiesta en la Ruta del Vino de la Mancha, ya venga de una tradición ancestral, como en este caso, o no, la gastronomía y los vinos son imprescindibles. Esta fiesta tiene además un marcado contexto agrícola y supone la celebración de la esperanza en una buena cosecha. La propuesta enoturística se integra permitiendo que el visitante pase de la modernidad de las grandes cooperativas a la visita a las cuevas-bodega: historia viva de las familias que llevan siglos guardando el vino bajo sus pies.
Es una fiesta muy auténtica en la que cabe resaltar además el colorido desfile de reatas de mulas enjaezadas en las que se transportaba el vino. Un verdadero espectáculo de tradición y artesanía que pone en valor las raíces de una cultura vitivinícola de la que toda la Ruta del Vino de La Mancha se siente orgullosa. Un momento en el que merece la pena estar en Tomelloso para sentir la emoción de mantener vivo el recuerdo y rendir homenaje al arte rural que lleva siglos desarrollándose en torno al vino y su cultura.

La Feria de los Sabores de Alcázar es una cita clave para entender la gastronomía manchega. ¿Qué papel juega la cocina local en la estrategia de la Ruta?
El vino manchego alcanza su máxima expresión cuando se acompaña de un queso manchego, de unos duelos y quebrantos o de unas migas o un pisto manchego.
En la Feria de los Sabores se pone en valor el producto de cercanía, para que los viajeros puedan comprar productos que no encuentran en un supermercado de su ciudad. Además, con ella se fomenta la economía circular apoyando a los pequeños productores de queso manchego, azafrán, aceite, miel, pan de cruz y, por supuesto, vino.
La cocina manchega es una “cocina de pastores y labriegos” que ha sabido sofisticarse sin perder su esencia, lo cual marida perfectamente con la evolución de los vinos de la zona (de graneles a vinos de autor premiados internacionalmente).
Si me preguntas por maridajes, hay dos que nunca fallan. Por un lado, el clásico queso manchego curado con un cencibel o tempranillo que viene a desmentir el clásico “que no te la den con queso”, pues la estructura y taninos del tinto equilibran la grasa y la potencia láctica del queso de oveja.
Otro maridaje sería un asadillo con el Airén de La Mancha: los pimientos rojos asados tienen un toque ahumado y dulce que va de cine con el punto de acidez de nuestra variedad reina.
Si hablamos de lo dulce, entonces no podemos olvidar las famosas “tortas de Alcázar” que combinan perfectamente con un vino dulce como el que elaboran algunas de nuestras bodegas o la típica mistela. Hay que venir a la Ruta para descubrir esos sabores típicos del mayor viñedo del mundo.

En Pedro Muñoz, el tradicional Mayo Manchego marca el inicio del mes de mayo. ¿Cómo pueden este tipo de fiestas reforzar el atractivo cultural del enoturismo?
Esta fiesta de Interés Turístico Nacional no solo es un evento folklórico, sino que podría decirse que forma parte del alma del enoturismo. Es un canto a la fertilidad y a la primavera, por lo que une tradición, tierra y vino. Es una fiesta que disfruta el pueblo y todo aquel que venga a visitarnos, ya que siempre, con una copa de vino en la mano, se participa de la música, del baile junto a las rondallas y al desfile de “Mayeras”
Además las bodegas y el Ayuntamiento de Pedro Muñoz ofrecen en estos días un amplio programa de visitas, catas y actividades culturales que permiten al visitante sumergirse en la tradición local. Tras la ofrenda floral se celebra el tradicional Concurso de Farolas, una costumbre que recuerda a las antiguas rondas nocturnas, cuando los jóvenes iluminaban su camino con candiles o faroles decorados con flores y ramajes para cantar el mayo a las jóvenes del pueblo.
Después llega la Noche de Ronda, el momento más especial de la fiesta: grupos de vecinos y visitantes recorren las casas de las Mayeras cantando los mayos y compartiendo aperitivos y zurra, una bebida popular elaborada con vino. La participación es masiva, en la última edición más de 6.000 personas en un municipio de apenas 7.500 habitantes, y la celebración se prolonga hasta bien entrada la mañana del 1 de mayo. Ese mismo día, por la tarde, tiene lugar el Festival del Mayo Manchego, con desfiles, música y actuaciones folklóricas que culminan con un vino de honor para participantes y visitantes, cerrando así una de las celebraciones más emblemáticas del calendario manchego.

¿Está notando un perfil de visitante diferente en primavera (más escapadas cortas, más turismo nacional, más internacional) respecto a otras épocas del año?
El turismo de la Ruta del Vino de La Mancha es principalmente nacional y abril y mayo son los meses con mayor número de visitantes. El tipo de estancia viene definido por esas escapadas, a veces de fin de semana, o de hasta 4-5 días y el viajero más habitual llega de Madrid, de la Comunidad Valenciana y de las provincias manchegas.
El perfil del visitante principal es el que viene en pareja (un 56%) seguido de familias con niños (un 22%) y familias sin niños y grupos de amigos (11%).
La edad de los visitantes está entre los 46 y 65 años que son aficionados al mundo del vino y de ahí su interés por el enoturismo. Visitan bodegas, los pueblos y, sobre todo, buscan disfrutar de la gastronomía. El índice de satisfacción es muy elevado, destacando la relación calidad-precio. Un dato que me gustaría resaltar es que un 33% de los enoturistas que han conocido alguna de las Rutas del Vino de España está interesado en visitar la Ruta del Vino de La Mancha frente a otras propuestas nacionales, lo que nos posiciona como uno de los destinos preferidos del sector.

¿Cómo pueden los municipios de la Ruta coordinarse para que el visitante no solo acuda a un evento puntual, sino que prolongue su estancia varios días?
En la Ruta del Vino de La Mancha la distancia juega a nuestro favor, pues el tiempo en carretera entre unos municipios y otros es realmente corto, por lo que merece la pena quedarse unos días y recorrer la Ruta. Resulta un plan en sí mismo además, perderse por las carreteras secundarias a disfrutar de los paisajes de viñedos y cereales, en ocasiones, con molinos en el horizonte, torres de iglesias, chimeneas coronadas por nidos de cigüeñas o campos salpicados por los siempre preciosos bombos, esas construcciones rurales que tanto definen al campo manchego.
El último fin de semana de abril y primeros de mayo, por ejemplo, el viajero puede participar en la Romería de la Virgen de las Viñas en Tomelloso, de los Mayos manchegos de Pedro Muñoz y la Feria de los Sabores, abierta hasta la noche con conciertos al aire libre y espectáculos para los más festivaleros. El Viña Rock de Villarrobledo, que enamora por la acogida a los visitantes y por la oportunidad de acercarse al mundo del vino desde otros formatos adaptados a las nuevas generaciones, es también otra alternativa estupenda para preparar una escapada.
Todo sin olvidarme de que abril es el mes cervantino por excelencia y en la Ruta del Vino de la Mancha se celebra por todo lo alto, pues aquí pervive esa esencia de Don Quijote y Sancho y durante todo el mes e incluso algunos días de mayo, se celebran múltiples jornadas y actividades en los lugares cervantinos por excelencia, como Campo de Criptana o El Toboso.





