Ansiedad y comida: todas las claves para evitar comer más de lo necesario

En ocasiones no podemos evitar el deseo compulsivo de comer cualquier cosa, especialmente las que más engordan. Comprender sus razones nos ayudará a compensar ese deseo no controlado.

Ana Luzón

Ana Luzón

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Publicado el
22/06/2015



En algunas ocasiones no podemos evitar  el deseo compulsivo de ir al frigorífico o la despensa y comer cualquier cosa, especialmente las que más nos engordan. Hay razones para ello, razones físicas que debemos comprender para intentar compensar ese deseo no controlado de comer sin hambre.

¿Cómo afectan los problemas psicológicos a nuestra ingesta de comida?

El término “problemas psicológicos” es demasiado amplio para poder generalizar: puede haber desviaciones por exceso (la manía, por ejemplo),  por defecto (como sería el caso de la depresión) o por otro tipo de alteraciones: de la percepción, etcétera, y pueden tener una entidad menor (neurosis) o mayor (psicosis); pero, lo que podemos afirmar, es que muchas de ellas afectan a la actitud hacia la comida, al modo de comer e, incluso, al modo de digerirla y metabolizarla.

¿Qué es la ansiedad y cómo podemos reducirla o eliminarla de nuestra vida?

La ansiedad es un tipo de psiconeurosis encuadrada dentro de las neurosis de angustia en la que prevalece la inquietud o el sobresalto, pudiendo haber sensación de falta de aire.

En un estado de ansiedad hay una tendencia a comer de manera impulsiva, indiscriminada y caprichosa. Al ingerir alimentos, aumenta nuestro nivel de glucosa en sangre y origina un incremento de Serotonina a nivel cerebral. Dicha sustancia induce a una sensación de “sosiego” y bienestar. La contrapartida, aparte del sobrepeso que pueda originar, es que al comer de este modo se segrega mucha saliva, que arrastra burbujas de aire y, al final, se forma una molesta cámara de gas en el estómago.

Respecto al manejo de la ansiedad, lo más razonable es ponerse en manos de un especialista que determine el tipo de ayuda más adecuado para cada caso. Como orientación general, será bueno intentar generar sensaciones placenteras con algún tipo de actividad que resulte gratificante: un paseo, ejercicio físico, una tarea manual, escuchar música, conversar con algún ser apreciado…

¿Repercuten las alteraciones en el estado anímico también en la actitud hacia la comida?

Las desviaciones en el estado de ánimo generan también un cambio en el modo de comer:

  • Las personas con tendencia a la DEPRESIÓN vespertina (un estado de ánimo bajo por la tarde) experimentan la necesidad de ingerir dulce. Como el aumento de glucosa es más rápido que con otro tipo de alimentos, se incrementa antes el nivel de Serotonina a nivel cerebral, aliviando la sensación. Esto proporciona cierto bienestar pero determinará un aumento de peso. Asimismo, el chocolate y algunos otros alimentos ricos en ácidos grasos Omega-3 han demostrado efectos positivos en el estado de ánimo.
  • EL ABURRIMIENTO es otro enemigo de la silueta. Es frecuente acudir a la despensa o al frigorífico en los momentos de tedio.
  • LA TRISTEZA ocasiona una pérdida de apetito en los momentos iniciales. Al cabo de un tiempo, se come más de lo debido para calmar ese mismo estado de ánimo. Otro tanto ocurre en las primeras etapas de un enamoramiento intenso.

Si necesitamos comer para gratificarnos, ¿qué alimentos pueden ayudarnos a hacerlo sin poner en peligro nuestra figura?

En caso de tener apetito de alimentos salados, los pepinillos, cebollitas y “berenjenitas” en conserva; tomatitos cherry o un tomate con un poco de sal y alguna hierba aromática como orégano o cebollino serán alternativas poco “peligrosas”. Otra opción, en épocas de frío, son los caldos envasados en  tetra-brick. Los moluscos al natural (mejillones, berberechos, almejas, etc.) son una buena alternativa, gracias a su aporte calórico moderado y un alto contenido en hierro, lo que a las mujeres en edad fértil les resulta muy conveniente. Cualquiera que sea la elección, siempre será adecuado tomar una buena cantidad de alguna bebida (sin calorías, naturalmente).  De lo que hay que huir como de la peste es de los snacks fritos, ya que 100 gr. equivalen a 500 kcal, es decir, el contenido calórico de una comida.

Si lo que estamos demandando es el dulce, unos 25-30 gr. de chocolate a media tarde sería una posibilidad. Naturalmente, no todos los dulces son iguales desde el punto de vista calórico. Por ejemplo, las “chuches” (gominolas) son menos contundentes que un dulce de hojaldre y chocolate. Una buena opción será unas natillas, un flan, un postre desnatado o un arroz con leche, mejor que cualquier dulce de alto contenido graso (croissants, madalenas, palmeras…).     

Ana Luzón es Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Medicina Estética y Nutrición, Máster en Gestión de la Prevención en la Empresa, Técnico Superior de Prevención, Especialista en Higiene Industrial. Vicepresidente de la SEGN (Sociedad Española de Gastronomía y Nutrición), Directora de la Clínica Nutrición y Estética. Especializada desde el año 92 en tratamientos dietético/gastronómicos. Además es Directora del Área Médico/Técnica del I Congreso de Gastronomía y Nutrición. Miembro de la SETIO (Sociedad Española para el Tratamiento Integral de la Obesidad). Miembro de la SEDCA (Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación). Autora del libro “La Dieta Gourmet”, Ed. La Oficina-Sindicato del Gusto.
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