Asturias sabe a mar: ruta por la costa en busca de buenos pescados y mariscos

Pixín, ñocla, bugre, parrocha, percebes... Ve practicando el lenguaje del mar en Asturias para disfrutar este verano de un sabroso recorrido gastronómico por sus villas, playas y acantilados.

Alicia Hernández📷 Turismo de Asturias03/08/2020

Asturias puede presumir de una excelente cocina marinera, abastecida por los productos frescos del Cantábrico. La flota local y mariscadores faenan cada día para conseguir una materia prima de calidad que luego se encargan de engrandecer en los restaurantes de la zona. Antes de nada, conviene aprender un vocabulario básico para llamar a las cosas por su nombre: el pixín, el rey del mar en Asturias, es el rape; la merluza del ‘pinchu’, pescada con anzuelo y no con red; el xáragu o sargo; al cabracho, ese pez de roca tan sabroso, se le llama tiñosu; la parrocha es la sardina pequeña perfecta para asar; la ñocla es como se conoce al cangrejo o buey de mar; los erizos son aquí oricios, las nécoras, andaricas y el bogavante, bugre.

La variedad de pescados y mariscos, de la lonja a la mesa de Sidrería La Noceda, en Oviedo. © Xurde MargarideLa variedad de pescados y mariscos, de la lonja a la mesa de Sidrería La Noceda, en Oviedo. © Xurde Margaride

La variedad de pescado que llega a la veintena de rulas asturianas, a las lonjas, es apabullante: son más de 150 especies de interés pesquero capturadas con artes tradicionales de manera artesanal y respetuosa con el medio marino. La flota asturiana de pesca de bajura desembarca en las lonjas pescado y marisco con un tiempo entre la captura y la primera venta inferior a las 24 horas. El salmonete de roca, con su intenso color y ese sabor a marisco, el rodaballo, el sanmartín y el virrey, el besugo, enormes meros, rapes, doradas, lubinas y congrios llenan mercados y mesas a diario. Y si te ofrecen alguno de sus pescados autóctonos, aprovecha la ocasión para saborear una solla, el mentón o la botana.

El bonito de costera es el pescado del verano. ©Joaquín FanjulEl bonito de costera es el pescado del verano. ©Joaquín Fanjul

Pero si hay un pescado que sabe a verano, ese es el bonito de costera, que ahora está en su mejor momento, aunque puede degustarse hasta finales de septiembre. En la cocina asturiana da mucho juego: se preparan a la plancha y a la parrilla, en rodajas. Pero también en guisos como la marmita, con patatas y pimientos, en tapas y ensaladas, al estilo oriental en tataki, o en el típico ‘rollo’ de Ribadesella, con bonito desmenuzado, cebolla, tomate y huevo, formando un rulo que luego se corta en rodajas y se fríe. El verano es tiempo también de sardinas asadas, los bocartes (boquerones) fritos, y de las calderetas con pescados de roca acompañados de bogavante, el bugre, langosta y otros mariscos. En la cocina marinera la sidra no solo es buena compañera sino que hay muchos pescados que se guisan con ella: merluza, pixín, chopa, rey, besugo… con el original sabor de la sidra.

Bocanadas de mar en cada marisco asturiano

Si indagamos ahora en el marisco local, nos encontramos con bocanadas de puro mar, como encierran las populares lapas o llámparas, los humildes bígaros, los codiciados percebes o las sabrosas andaricas o nécoras.

Los mejores percebes son los que tienen un tamaño proporcionado, ni largos ni cortos, los que llaman percebes ‘de sol’, más gruesos que los que nacen a la sombra, bajo las rocas, y son más largos pero menos sabrosos y valorados. El percebe necesita agua limpia y batida y largos periodos de sol, esas son las condiciones óptimas que se dan en Asturias para obtener un percebe limpio y sano. Su captura siguen haciéndola los ‘perceberos de a pie’ como en tiempos remotos, caminando entre rocas como equilibristas para descolgarse hasta donde bate el mar, donde se encuentra el llancar con las piñas de percebes, protagonizando escenas de vértigo.

Percebes y sidra, una combinación perfecta en Asturias. ©Turismo AsturiasPercebes y sidra, una combinación perfecta en Asturias. ©Turismo Asturias

La elaboración del percebe es infinitamente más sencilla que su captura. No hay que lavarlos, deben cocerse en agua de mar o dulce salada con sal gorda, dejándoles espacio, sin amontonarlos, solo cinco minutos después de que el agua hierva. Se sacan y tapan con un paño. Y se toman calientes o templados… acompañados de una botellinas de sidra.

Es cierto que el marisco tiene su temporada. Y hay productos, como los oricios (erizos de mar) que requieren las aguas frías del invierno. Pero ahora, en verano, puedes llenar tu mesa de langostas, bogavantes, percebes y las autóctonas ostras de la ría del Eo que se cultivan en la desembocadura del río, en Castropol.

De ruta por las villas marineras

En la Costa Central de Asturias encontramos dos de las ciudades más pobladas, Xixón y Avilés, que aunque han crecido, siguen conservando todo su encanto marítimo. En Avilés, además de pasear por el casco histórico, especialmente por la porticada calle Galiana, y admirar el moderno centro Niemeyer, te aconsejamos visitar la lonja (previa reserva), la rula, donde se subasta cada día el pescado fresco.

La ruta por la costa arranca en Cudillero o Cuideiru. Es imposible no quedarse prendado de esta villa marinera que se descuelga hacia el mar entre dos colinas y se refleja en su agua como si fuera un espejo. Las casas de colores dibujan una estampa inconfundible, el anfiteatro fotografiado hasta la saciedad. La mejor manera de conocer todo Cudillero es seguir la ruta de los miradores, perfectamente señalizada: El paseo al faro, La Garita, La Atalaya, El Pico… En la parte más alta viven los ‘caízos’, dedicados a la agricultura, y en la baja los pescadores, o ‘pixuetos’. El nombre viene de pixín, el rape o sapito, y es que dicen que los ‘pixuetos’ son grandes sibaritas de las delicias del mar, del pixín y otros pescados que se muestran en las cartas de los bares. Además del pixín, no puedes dejar de probar su receta más emblemática, el curadillo: un pescado de la familia de los escualos que se cura al aire (puedes verlo en algunos balcones de las casas) y se guisa al modo tradicional.

El colorido anfiteatro de Cudillero es el mejor escenario para disfrutar de los mejores productos del mar. © MampirisEl colorido anfiteatro de Cudillero es el mejor escenario para disfrutar de los mejores productos del mar. © Mampiris

Después de un buen picoteo marinero o de una comida relajada frente al mar, es tiempo de conocer la costa del concejo. Un paseo tranquilo hasta la ermita de Santa Ana de Montarés, que dista apenas 5 kilómetros de la villa de Cudillero, y se encuentra en la parroquia de San Juan de Piñera. Desde aquí se contempla la inmensidad del mar y el verdor intenso de las brañas y el valle de Las Luiñas, por el que discurre el Camino de Santiago, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Fabulosa puesta de sol desde el Mirador del Sablón, en Oviñana. © Mampiris.Fabulosa puesta de sol desde el Mirador del Sablón, en Oviñana. © Mampiris.

Ponemos rumbo al Cabo Vidio y su faro, un lugar único con acantilados de más de 100 metros de cuarcitas y pizarras yuxtapuestas y alineadas formando una escultura de roca. Justo debajo del faro hay una gran cavidad natural, rematada con una cúpula, que se conoce como ‘la iglesiona’. Estamos en el segundo punto más septentrional de Asturias. Si miramos al este, aparece el Cabo Peñas, y hacia el oeste, en días despejados, se divisa hasta la Estaca de Bares. Oviñana, la parroquia donde se encuentra este cabo, cuenta con una ruta de miradores con bancos situados en lugares estratégicos, como el mirador de Sablón, y es también una zona con mucho ambiente y buenos sitios para comer. Si vas en busca de playas, las hay para todos los gustos, grandes o recónditas, de arena dorada como la de San Pedro de la Ribera, la más popular de Cudillero, con piscinas naturales en marea baja y hasta con un molino a pie de mar, en La Vallina. Y hay que reservarse una parada más para llegar hasta la playa del Silencio, preciosa bahía de grava que merece la pena conocer.

Caldereta de mariscos, uno de los platos marineros típicos de Luarca. ©Kike LlamasCaldereta de mariscos, uno de los platos marineros típicos de Luarca. ©Kike Llamas

Siguiendo la costa hacia el occidente, descubrimos otras dos hermosas villas marineras. “La villa blanca de la costa verde”, así es como se conoce a L.luarca/Luarca, nuestra primera parada. Y la descripción es perfecta porque su muelle (el puerto) se expande en una gran elipse bordeada por casitas de fachadas blancas escalonadas en la falda del monte. Antes del muelle y desde el Barrio Nuevo, recorremos un paseo fluvial cruzando varios puentes, como el romántico Puente del Beso. Pero la mejor manera de admirar Luarca es desde lo alto. Desde el faro o desde el cementerio, uno de los atractivos turísticos de la villa por atesorar las mejores vistas, las que eligió el Premio Nobel de Medicina, Severo Ochoa, para su descanso eterno. En las sidrerías del muelle nos espera lo mejor de su gastronomía, la caldereta al estilo Luarca y los pescados de roca, como las botonas, los xargos o los salmonetes.

Avanzamos hasta la siguiente villa marinera, Puerto de Vega (Navia), siempre unida a la historia de aguerridos balleneros y a la del insigne Jovellanos. Su iglesia parroquial de Santa Marina se alza protectora frente al mar y es una joya del barroco asturiano. En el callejeo descubrimos rincones pintorescos, muestras espectaculares de su pasado ballenero como las quijadas de cuatro metros de unas ballenas de 30 toneladas, casonas de indianos, el hermoso Casino y todo el encanto que le ha valido el título Pueblo Ejemplar de Asturias. Hacemos parada en el Museo Etnográfico para adentrarnos en el Parque Histórico del Navia entre las piezas que se exhiben en el edificio de una antigua fábrica de conservas. Y a orillas del mar, la histórica rula del pescado que se puede visitar con reserva previa y resulta una experiencia muy instructiva. De allí salen las piezas que luego podremos probar en alguno de sus restaurantes y sidrerías.

Lluanco, al norte del norte

Las villas marineras de Luanco con la iglesia de Santa María frente al mar. ©Turismo Asturias. Juan de TuryLas villas marineras de Luanco con la iglesia de Santa María frente al mar. ©Turismo Asturias. Juan de Tury

Lluanco/Luanco es la capital del municipio de Gozón y epicentro de la costa central asturiana. Aquí se combina el Cantábrico más agreste del imponente Cabo Peñas con la placidez de sus playas. Luanco está volcada al mar. El paseo por el puerto pesquero, al abrigo del espigón, nos descubre su caserío tradicional, con pintorescos locales hosteleros en los que hay que recalar, y la coqueta sede de la Cofradía. En la Edad Media servía de abrigo para una gran flota pesquera que se dedicó a la pesca de la ballena. Hoy en día los barcos llegan cargados de bonito, sardina, xarda, pixín… y las lanchas marisqueras que capturan centollos, nécoras, langostas o percebes, y que nutren a diario las cartas de los restaurantes y las tapas de las sidrerías.

La playa de La Ribera, a un costado, y la de Santa Marina dibujan la orilla del mar e invitan a un plácido paseo que se continúa por la calle de La Riba y el paseo marítimo para llegar hasta su preciosa iglesia parroquial de Santa María donde rinden culto al Cristo del Socorro y a la Virgen de El Carmen. Otras joyas arquitectónicas son la casa noble de Menendez de la Pola, también del siglo XVII, o la Torre del Reloj, situada en la plaza del mismo nombre y construida en 1705. Lluanco recoge su pasado en el Museo Marítimo de Asturias, con una colección fantástica y amplísima entre las que destacan embarcaciones como La Bañuguera o el utillaje de una antigua carpintería de ribera.

Bígaros (caracoles de mar)Bígaros (caracoles de mar)

En Lluanco hay buena oferta de sidrerías y restaurantes. Toca parar a comer y aprovechar la temporada de bonito, un producto tan típico de las costas luanquinas que en otras épocas su abundancia dio lugar al nacimiento de una importante industria conservera. Pero también es el lugar perfecto para pedir unas botellas de sidras y acompañarlas con unos bígaros (caracoles de mar), sencillamente. Los arroces marineros y cualquier pescado fresco serán siempre una buena elección.

Guía gastronómica

  • En Avilés: Tierra Astur Avilés. San Francisco, 4. Sidrería situada en pleno centro de Avilés, a escasos metros del Ayuntamiento y de la popular Calle de Galiana, frente a la conocida Iglesia de San Francisco.
  • En Xixón: El Campanu. Salustio Regueral, 9. José Manuel Mori Cuesta, ‘El Marqués’, propietario de los restaurantes El Campanu de Cangas de Onís, Ribadesella y desde hace poco también en Xixón, es un gran conocedor y amante del pescado asturiano y apasionado de la pesca, en particular del Campanu, el primer salmón que se captura en los ríos asturianos cada temporada. Te recomendamos las parrilladas, el pixín y sus arroces marineros.
  • En Oviedo/Oviéu. Bocamar. Marqués de Pidal, 20. Esta marisquería del centro de la ciudad, dirigida por Manuel Fernández, es un imprescindible en Asturias para saborear buenos mariscos y pescados (prueba sus fritos de pixín). No pierdas de vista su oferta en vinos. La Chalana. Santa Clara, 4. Otra buena dirección para darse un homenaje con su Chalana de mariscos: un centollo, una ñocla, langostinos, andaricas, cigalas, mejillones y bígaros, con tres salsas. En el Chalanón incluyen, además, bogavante o bugre.
  • En Puerto de Vega: La Marina. Avda. del Muelle. Hay que pedir el bonito (hacen jornadas en julio), calamar de potera y los mariscos a la plancha, junto a su plato estrella, el arroz con bogavante. Mesón el Centro. Plaza de Cupido. Hay que dejarse aconsejar por la chef, Mary, en este pequeño local del centro, que sorprende por su buen producto y algunos toques de autor: salpicón de centollo, quisquillones, calamar, virrey…
  • En Cudillero: Sidrería El Remo. Fuente Abajo, 9. Es una buena recomendación en este pueblo marinero que cuenta con más de 20 restaurantes. Entre sus especialidades, la parrillada, virrey a la espalda y, sobre todo, el curadillo, la receta pixueta que no hay que dejar de probar.
  • En L.luarca: Restaurante Miramar. Hacia el final del Paseo del Muelle, la terraza del Miramar ofrece unas vistas preciosas del puerto y en la mesa lo mejor que llega a él. Restaurante Sport. Todo un clásico, lleva más de 60 años asomado al puerto y preparando platos antológicos como las albóndigas de bonito en salsa, la empanada de merluza y los mariscos de temporada.
  • En Manzanedo (Gozón): Casa Belarmino. La guisandera Ramona Menéndez prepara en esta casa casi centenaria los guisos tradicionales del recetario asturiano y algunas recetas marineras exquisitas, como el rollo de bonito y los pescados de temporada, en especial la lubina. Se encuentra a un par de kilómetros de las famosas playas de Xagó y de Verdicio.