“Empecé cuando no sabía nada, mi única conexión con el mundo del vino eran los viñedos de mi padre”. Con esta frase empieza Carolina Inaraja cuando habla de su historia con el vino. Después de 14 años, se ha consolidado en el panorama del vino nacional e internacional desde su bodega en la región de Toro. Fue ella quien ayudó a abandonar la idea de que los vinos de Toro son de sobremesa de personas mayores, con cartas de mus y puro en mano; vinos de esos que ‘se mastican’. En el castillo de Monte la Reina, un remanso de paz rural, Inaraja ha desarrollado un proyecto vinícola joven, dinámico e innovador donde tradición y vanguardia van de la mano.
“Entraba en un mundo muy cerrado, muy unido a la tradición, pero tenía claro que quería hacer algo diferente”, cuenta Inaraja. Y así lo hizo. La bodeguera más joven de Toro, unió la tradición de la prestigiosa forma de hacer vino en Toro con nuevas ideas que romperían todos los esquemas anteriores. Además de ser la bodeguera más joven de la región, fue quien introdujo la variedad verdejo en Toro y comenzó un camino diferente, donde elaboración, fermentación, diseño y embotellado, supusieron un soplo de aire fresco en los vinos más arraigados a la zona. En Monte la Reina no solo hacen vino. La finca de más de 1400 hectáreas, presidida por un castillo neogótico del siglo XIX, ofrece una de las experiencias enoturísticas más mágicas, donde el entorno rural se convierte en el mejor acompañante de mayores y niños.

Enoturismo en la FInca Monte la Reina
Tan solo 10 kilómetros separan el pueblo de Toro de la finca Monte la Reina, una finca donde agricultura, turismo, viticultura y eventos se unen. En este espacio, el Castillo de Monte la Reina, de estilo neogótico es un coqueto hotel boutique de tan solo 8 habitaciones donde quien se hospeda, se siente como un auténtico rey. Alrededor del castillo, tan solo paz del campo: viñedos, el Río Duero y los cuidados jardines. Un entorno que te hace desconectar desde el momento en el que se pone un pie en el suelo. “Es mi casa desde que era pequeña, donde mi familia y yo hemos vivido”, narra Inaraja. “Ahora lo hemos convertido en un negocio, pero quiero que no se pierda, que no se destruya”.

Si dormir en el castillo es volver dos siglos atrás, visitar la bodega Monte la Reina es avanzar en el tiempo. Es una bodega moderna, innovadora y puntera donde se elaboran vinos de Toro, pero no los que se acostumbra. La bodega abre las puertas a quienes se hospedan en el hotel, pero también a quienes quieren conocer de primera mano cómo se trabaja. Las bodegas Monte la Reina son un destino enoturístico para mayores y pequeños. Se conoce el trabajo y se catan los vinos más emblemáticos.
Se ofrecen catas para niños. “Se me ocurrió hacer catas interactivas para los pequeños. Conocen la bodega de una forma más dinámica y a través de chuches, aromas y sabores aprenden a identificar los matices de los vinos y de la uva”, explica Inaraja, pionera también en estas actividades.
Los vinos de Bodegas Monte la Reina
En el hogar vinícola de la joven Inaraja se trabaja de una forma diferente. Los vinos de las Bodegas Monte la Reina tienen un punto diferencial, identidad propia. “He estado en todos y cada uno de los pasos del proceso de producción aprendiendo y formándome con los trabajadores. Solo así, soy capaz de entender y, entonces, exigir lo que quiero”, asegura la bodeguera. Carolina Inaraja se aprovecha de sus viñedos prefiloxéricos y los más nuevos, todos ellos situados en una región vinícola de las más fructíferas de España. Con esta ventaja, la bodeguera aporta una propuesta transgresora y vanguardista. Fue quien introdujo la uva verdejo en Toro y, tras sus viajes por Europa, su influencia de otras áreas vinícolas y de aprendizaje, mucho aprendizaje, Inaraja produjo el primer chardonnay de Toro, Salvaje. Un vino muy salvaje, moderno, rompedor…

Pero Carolina Inaraja no es la niña mimada que ha llegado a un nuevo mundo y ha querido cambiarlo. Tiene más de 200 hectáreas destinadas a la uva tinta de Toro, la uva de la zona. Además, trabaja con barricas de roble francés. “Un total de 15 referencias completan nuestra oferta”, cuenta la bodeguera. “Pero vamos más allá de únicamente los vinos de tinta de toro. Desde un principio quise buscar la diferenciación de mi trabajo”.
¿Su vino favorito? El vino Inaraja, por su significado y por su personalidad. Emana de la familia, de los hermanos y de su padre. Es un vino moderno, de los más modernos de la bodega. Es potente en boca y nariz y sabroso y, en él destacan las notas balsámicas y ahumadas… Con 16 meses en barrica de roble francés.

¿Propuesta moderna? Romper con lo establecido
A pesar del espíritu rompedor de las bodegas Monte la Reina, “no es fácil colar los vinos en el mercado nacional”. Quizá porque rompen con los establecido, quizá porque somos reacios a abrirnos, a probar, a descubrir… “Aproximadamente el 85% de los vinos se destinan a exportación”. En Europa y Asia reciben sus vinos más gastronómicos, vinos que acompañan bien a una comida y diferentes paladares. Aunque también sus vinos más frescos, más desenfadados. “Me vendo como bodeguera de Toro pero que hace algo diferente. Eso gusta fuera de España”.
La experiencia de Monte la Reina es una viaje a pasado poniendo los pies en el futuro. Llegar al paraje es oler innovación. La bodega por fuera, simula una cámara de fotos; dentro, esconde la tecnología más puntera. Pero todo cambia cuando poner un pie en el castillo. Vuelta al siglo XIX, como la más prestigiosa burguesía de entonces. Una experiencia enoturística singular, singular como sus vinos. Tradición en la tinta de toro, innovación en el verdejo y modernidad y aprendizaje en chardonnay. Bodegas Monte la Reina es un punto de inflexión en la DO Toro, porque lo de siempre puede ser lo de siempre con algo rompedor.





