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Bodegas Pradorey: los vinos más especiales de Ribera del Duero

Ribera del Duero no es todo vinos de crianza o gran reserva en barrica de roble; las tierras de Ribera de Duero son mucho más y en Bodegas Pradorey lo enseñan gracias a tinajas de barro.

Con Mucha Gula20/05/2022

El fluir de las aguas del Duero no ha dejado de bañar las tierras de lo que hoy son las fincas de Bodegas Pradorey. Sin embargo, el continuo fluir de este río ha sido testigo de toda la Historia de la Finca de Ventosilla, desde que e 1503 fue declarada Real Sitio por Isabel la Católica hasta día de hoy, observando atento el trabajo que Fernando Rodríguez de Rivera Cremades realiza para continuar el sueño de su abuelo.

La historia de Bodegas Pradorey

A pesar de aparecer en los libros de Historia por haber sido un lugar de retiro para Isabel La Católica, Felipe III o el Duque de Lerma, así como de haber hospedado a artistas como Rubens o Lopede Vega; la historia de Bodegas Pradorey se inicia con Javier Cremades de Adaro. Él fue uno de los ingenieros agrónomos más jóvenes de España y se costeaba sus estudios en Madrid trabajando en viñas de La Mancha. Este trabajo lo llevó a hacerse una promesa: algún día, él elaboraría su propio vino de calidad.

Fue esta inquietud la que, tras un momento de catarsis vital, lo llevó a buscar la mejor tierra para producir vino. Tras uño de búsqueda, Javier llegó a las tierras de Ribera del Duero en 1989. La convicción de que los climas extremos son beneficiosos para la uva hizo que se decantara por a Finca Ventosilla, en ese momento descapitalizada. Otro de los argumentos de peso era que si Bodegas Vega Sicilia, que era la que más vino vendía en el momento, estaba allí «por algo sería«.

Fernando Rodriguez de Rivera Cremades es el director general de las bodegas y Jorge Rodriguez de Rivera Cremades es el Director Comercial, entre ambos hermanos llevan las bodegas en la actualidad.

Así que Javier, apodado «El loco de Ventosilla» se lanzó a poner en marcha una de las apuestas más grandes que nunca se han hecho en Ribera de Duero: 520 hectáreas de vid. La primera cosecha de vino tinto y rosado etiquetado bajo la marca de Pradorey se realizó en 1996. En la actualidad, las 520 hectáreas se han convertido en 560, divididas en 8 pagos diferentes y gestionadas por su nieto Fernando Rodríguez de Rivera Cremades, desde 2007.

Filosofía de trabajo

Fernando explica que cuando él cogió las riendas de Bodegas Pradorey «la primera intuición cuando la bodega tiene éxito es no tocar nada«. Sin embargo, años después entendió que había que desandar el camino, que la estrategia iba por otros lares. Tras un viaje revelador a Burdeos y después de conocer los vinos de paraje y de pueblo, Bodegas Pradorey decidió que era el momento de apostar por el terruño. Se dejó de hablar de hectáreas para hablar de 8 pagos con sus características y dentro de ellos, 131 parcelas peculiares.

Por supuesto que la idea no era sacar 131 tipos diferentes de vino; sino comprender cuáles eran las características y cualidades de cada tipo de tierra y de la uva que se obtenía en cada una de ellas. El resultado final ha sido una oferta de 16 vinos diferentes. Un resultado que cumple con su premisa de trabajo: vinos anclados al terruño que rompan con la concepción estática que la gente tiene sobre Ribera del Duero.

Pago Salgüero es una de las parcelas ubicada a mayor altitud de Bodegas Pradorey.

La idea de Bodegas Pradorey es hacer algo más que el roble, crianza, reserva o vinos de autor. Se trata de entender la Ribera del Duero de forma más versátil y divertida. Fernando pone como ejemplo de esta filosofía su «Blanc de Noirs, hecho con uva Tempranillo que no entra en la D.O. Ribera del Duero, pero mantiene toda la personalidad de la tierra«. Para él, «la interpretación que se le ha dado a la Ribera ha sido estandarizada, pero hay potencial para hacer cosas diferentes«. Por eso, desde Bodegas Pradorey tratas de aunar el activo que es el viñedo con lo que el consumidor demanda en cada momento.

Proyecto tinaja de barro

Francisco Martín es el actual enólgo de Bodegas Pradorey y en 2016 decidió que le «gustaría hacer vino como se hacía antes, en tinajas de barro«. Lo que comenzó siendo un experimento con cuatro tinajas de barro del siglo XIX desenterradas, se ha convertido ahora en una sala con más de treinta. Se inició la prueba con cuatro elaboraciones distintas para ver que ocurría. En una de las tinajas había uvas de la Finca Hoyo Dornajo con raspón incluido; el resultado fue el más especial de todos y dio lugar a su vino Buen Alfarero. Un vino artesanal con 17 meses de crianza en tinajas de barro.

En cuanto al resto, descubrieron que el vino salía de la tinaja con tonos más frutales, forales, con un color muy bien fijado y envejecido poco a poco. El proyecto fue tomando forma y cobrando sentido en la elaboración de vinos de autor y jóvenes. Por eso, en 2018 se decidió abandonar el roble y dejar que fuese la tinaja quien moldeases sus vinos. Fernando afirma que la mayor ventaja de las tinajas es «que saca lo que hay, es como una foto recién levantado; si la cosecha de 2017 es muy concentrada le hará falta más tiempo en la tinaja, en cambio la del 2016 con 8 meses estaba lista«.

En Bodegas Pradorey han desterrado el roble y han vuelto a las tinajas de barro antiguas.

Para seguir aprendiendo de este sistema de fermentación desarrollaron un proyecto de investigación para comparar la diferencia entre tinajas de barro tradicionales, las tecnológicas y las de hormigón. En las de barro hay una entrada de oxígeno diferente al resto, lo que hace que el vino sea mucho más estable. «Al final el vino se emborracha con oxígeno, así que nosotros encontramos la fuente de la eterna juventid» asegura Fernando.

Adaro: el vino más especial de Bodegas Pradorey

Los vinos son diferenciables por su aroma, su sabor, su textura; pero, además, por su historia. Adaro es un vino dedicado a la inquietud y a la curiosidad de Javier Cremades Adaro, quien sembró la semilla de la pasión por el vino y la vid en la familia. Este vino está totalmente pensado. Lo primero, la finca de la que procede la uva. El Pago Salgüero es uno de los más altos de Ventosilla, por lo que allí son los climas más extremos y «la uva que se recoge es intrépida como mi abuelo» describe Fernando.

Adaro es un vino muy transversal, muy abierto, una nueva experiencia. Es un vino que se reconoce como Ribera de Duero, pero de corte moderno, con frutas rojas y juvenil. Fernando explica que «a casi todo el mundo le gusta, se bebe fácil, pero se nota que hay un buen trabajo de la viña, de vendimia y de bodega detrás«. Además, el vino es ecológico, cumpliendo con una de las mayores preocupaciones de Javier.

Para Fernando, este vino es singularmente especial porque fue la primera elaboración de la nueva etapa de Pradorey, cuando él sustituyó a su abuelo al frente de las bodegas. El actual director de Bodegas Pradorey se emociona al recordar las palabras de su abuelo en una de las últimas cenas que compartieron: «Nos bebimos un Adaro y mi abuelo reconoció que le encantaba lo que estábamos haciendo, que estaba orgulloso de este proyecto«.