camino master chef

Camino, exconcursante de Master Chef 11: “Todo lo que hago entre la comida y la cena es un mero trámite hasta que toque volver a cocinar.”

Camino, exconcursante de MasterChef 11, nos habla de la presión del programa, las redes sociales y la importancia de la honestidad en el contenido gastronómico.

Antes de pasar por MasterChef 11, Camino ya pasaba horas y horas en la cocina, que siempre ha sido para ella un espacio de encuentro, de conversación y, por encima de todas las cosas, de disfrute. El programa no cambió eso, pero sí la llevó a otro nivel: más técnica, más presión y una exposición constante que obliga a aprender rápido.

Hoy nos sentamos con ella para hablar de lo que hay detrás de las cámaras, de la etiqueta de exconcursante, de las redes sociales y de por qué, pase lo que pase, cocinar sigue siendo el lugar donde mejor se siente.

Antes de MasterChef cocinabas para ti y los tuyos. ¿Qué cambió de verdad en tu relación con la cocina después de pasar por el programa?

Realmente, desde que soy pequeña siento inquietud por la cocina; me parecía y parece el lugar más especial de todas las casas, donde se cuece todo, literalmente, donde está el chisme, el marujeo, las conversaciones interesantes de verdad, y siempre lo he relacionado mucho con la socialización y la diversión, pero de ahí a ser yo quien se encargase del menú semanal a las espaldas hay un mundo… yo ayudaba, andaba por ahí, pelando patatas, cortando zanahorias con cuchillos poco afilados para niños, etc….

Ahora, hay una cosa que sigue igual, y es que sigo considerándolo lo más divertido que hay. Ahora, da igual dónde esté o con quién, YO COCINO. Soy una persona muy exagerada verbalmente, y lo sé, pero mi frase más repetida últimamente es que “todo lo que hago entre la comida y la cena es un mero trámite hasta que toque volver a cocinar”; es lo que más me divierte y donde más FELIZ SOY, y siempre intento liar al mayor número de personas para que se vengan conmigo a hacerme compañía mientras yo creo mis platos e inventos.

El mayor cambio que he sufrido desde que salí del programa con respecto a la cocina, son los conocimientos, porque el sentimiento es el mismo.

MasterChef es televisión, presión y espectáculo. ¿Qué parte de esa experiencia se parece poco o nada a la cocina real del día a día?

Hombre, la verdad es que existen TANTOS estímulos alrededor del programa, que NO SON LA COCINA, que creo que, irónicamente, es eso lo que nos vuelve “más expertos”, culinariamente hablando. Me explico: tienes que hacer una tarta de tres pisos, con gelificantes, cocina molecular, aparatos de última generación y vajillas extravagantes, mientras cámaras, focos, micrófonos y personal del equipo de producción danzan a tu alrededor mascullando “planos, enfoques y volúmenes”.

Pongo un ejemplo: alguien de guion te pide que le cuentes parte de tu infancia a Jordi Cruz, que espera mientras le colocan el micrófono y, a la vez, un cámara te hace un gesto para que quites el codo y poder enfocar perfectamente la temperatura a la que estás poniendo el horno, lo cual te ralla porque piensas: “mierda, si lo quiere enfocar es para luego ponerlo porque no era esta temperatura la que tenía que poner”, y, a la vez, intentas no caer en el dolor del drama familiar que le estás contando al presentador, que se aleja de la escena con cara de circunstancias y te dice: “ya veremos, Camino, suerte”, e intentas hacer memoria de lo que acabas de decir, RECORDANDO que saldrá en la tele y, si te has equivocado en algo, eso es lo que queda, y punto.

Pues evidentemente, al tercer mes, ya tienes que tener más que dominadas las técnicas que componen la tarta. Supervivencia del ser humano, supongo, lo automatizas. Eso eso. Automatizas completamente la presión.

¿Hubo algún momento dentro del concurso en el que pensaste seriamente que no era tu lugar o que no querías seguir?

Fueron muchas las veces que pensé que no era mi lugar, pero creo que es algo natural; dudo mucho que exista alguien que, A LA PRIMERA, se sienta completamente familiarizado con ese ambiente de cámaras, focos, luces, maquillaje y micrófonos, pero jamás quise irme. Disfruté cada momento, aunque fuesen duros o agobiantes; la verdad es que soy una disfrutona.

Tras el programa, mucha gente espera que “pases de pantalla”. ¿Te ha pesado alguna vez la etiqueta de exconcursante de MasterChef?

Es la pregunta estrella: “¿y ahora qué?” “¿Te vas a abrir un restaurante, no?”. Como si salir en MasterChef te hiciese automáticamente rica y, de repente, el hecho de tener seguidores en Instagram te diese un colchón económico para abrir un negocio.

Pero la verdad es que no, yo no me escondo y siempre cuento la verdad, si me preguntan explico mi situación vital sin problema.

Tu contenido mezcla comida, humor y vida cotidiana sin demasiados filtros. ¿Es una elección consciente frente a la solemnidad que a veces rodea la gastronomía?

La única manera que tengo de entender las redes sociales es a través de la verdad. Creo que es un reflejo; PERDÓN, DEBERÍA ser un reflejo de la realidad. Yo sigo usando las redes exactamente igual que antes de entrar al programa: siempre he grabado mi vida y la he subido, más como recordatorio por mi mala memoria, que me gusta revisualizar de tanto en tanto para recordar.

Ahora, obviamente, subo recetas, pero el resto sigue igual; me cansaría demasiado tener que actuar o cortar parte de quien soy solo para subir algo que no es verdad, aparte de que no le encuentro sentido. Y pienso que es la única forma sana de usar algo tan potencialmente tóxico como pueden llegar a ser las redes, usadas de mentira.

Cuando no hay cámaras ni stories, ¿qué tipo de cocina te apetece hacer de verdad?

La misma, de hecho: para descansar, cuando necesito desconectar y relajarme, hago exactamente LO MISMO; COCINAR, pero sin grabar, normalmente con música o un buen podcast como Black Mango. Estoy enganchada.

Pero el hecho de cocinar sin grabar para mi ahora es un privilegio.

Gran parte de tu comunidad conecta contigo más por cómo cuentas las cosas que por la receta en sí. ¿Qué crees que busca hoy la gente cuando consume contenido gastronómico?

Es que creo que la gente busca verdad; la gente que me para por la calle me habla de una forma que hasta YO siento que les conozco. No quieren que les mientas ni que les engañes; hombre, nadie quiere eso, ¿no? Pues lo normal. La honestidad y la transparencia gana siempre, en mi opinión, por encima de lo AESTHETIC.

¿Hay algo de la exposición en redes que te haya hecho replantearte qué mostrar y qué no de tu vida personal?

La verdad es que a mí no, pero hay gente de mi entorno, amigos o familia, que sí me piden no salir, sobre todo mis sobrinos pequeños. Hay gente MUY polémica y violenta en las redes, y no quiero que afecte a mis seres queridos y, encima, por mi culpa.

Después de vivir una experiencia tan intensa como MasterChef, ¿qué te ilusiona ahora más: la cocina, la comunicación o encontrar un punto intermedio entre ambas?

Soy ambiciosa, inquieta, curiosa y géminis. Yo estoy abierta a lo que venga, y a vivir todo lo que sea posible en esta vida. Estamos para eso, no me asusta nada, los retos me ilusionan.

Si pudieras volver atrás y hablar con la Camino que entró por primera vez a las cocinas del programa, ¿qué le dirías hoy?

Me diría: ES TELE, RECUÉRDALO, estate tranquila, disfruta y absorbe cada momento, aunque creo que, de las personas que estuvimos ahí, fui de las que más disfrutó del programa.

Jesús Sánchez Celada

Jesús Sánchez Celada es periodista especializado en gastronomía y director de la revista Con Mucha Gula, fundada por su madre, la Ver más sobre el autor