La cultura de América Latina se expresa a través de sus cocineras tradicionales. Ellas cuentan la historia de un país a través de sus elaboraciones. Son una gran inspiración para los cocineros del mundo.
Las cocineras son portadoras de tradiciones y transmiten conocimientos ancestrales sobre la preparación de alimentos. Lo más importante es que son guardianas de la identidad cultural de sus comunidades a través de la gastronomía. Son reconocidas por su profundo conocimiento y sabiduría sobre los ingredientes locales, de proximidad, la producción del suelo, las técnicas culinarias ancestrales y los rituales asociados a la comida, heredados de generación en generación.

Guardianas del saber, raíces vivas de la gastronomía
Una de las cosas más maravillosas que me ha pasado en mi travesía ha sido descubrir la cocina tradicional y conocer a las portadoras de tradición de mi país y de muchos otros. Su ejemplo de conservación de la cultura gastronómica es admirable: mantener vivas esas raíces, ser portadoras de tradición y conservar la esencia de cada una de sus culturas.
Son, además, una gran fuente de inspiración para muchos cocineros que, como yo, respetamos y mantenemos viva esa tradición, para poder innovar y seguir evolucionando una cocina que parte de sus orígenes y raíces, manteniendo vivas las culturas de los países latinoamericanos.

Lograr un impacto social en esas comunidades es algo fundamental. Que se las reconozca como agentes de cambio y como una parte activa del aporte gastronómico de sus países es clave para que puedan seguir creciendo, desarrollándose y ganando visibilidad y oportunidades.
Las cocineras tradicionales son: portadoras de tradición, guardianas de la identidad, sabias del conocimiento ancestral, en contacto directo con la tierra. Son un atractivo turístico, dominan los ingredientes locales y conocen productos que han ido desapareciendo con los años. Mantienen vivas las técnicas culinarias y conservan los rituales asociados a la comida de comunidades y regiones, transmitidos de generación en generación.
Pero, sobre todo, estas grandiosas mujeres mantienen viva esa identidad que nos distingue a todos. Son transmisoras de la historia, permitiendo que las generaciones futuras mantengan presente de dónde venimos y hacia dónde vamos, sin dejar que se olviden nuestros orígenes.





