Conde Lucanor, gastronomía serena en el Hotel Convento Las Claras
Eva Celada

Eva Celada

Fotografías:

Traducción:

Publicado el
20/03/2009



Detalle de una de las hermosas vidrieras del hotelDetalle de una de las hermosas vidrieras del hotel

El bello pueblo de Peñafiel, Valladolid, ahora más conocido por sus inmensos caldos de la Ribera del Duero y por ese Castillo vigía que se presenta en todas las fotos, acoge uno de los hoteles más interesantes de Castilla y León, que ofrece su particular oferta gastronómica a través del restaurante Conde Lucanor.

Tiene los elementos necesarios para serlo, pero además la suma de todos ellos ofrece un resultado que supera con mucho las expectativas. Ubicado en un antiguo convento de las Claras, junto a la iglesia de Santa Clara, ya desde la misma entrada un clima de tranquilidad recibe al viajero, espacios amplios, techos altos, luz que se filtra por las vidrieras… y junto con ese “viaje” a otro tiempo, un Spa con todo tipo de tratamientos, Internet en la habitación, un lujoso comedor, un bar espléndido de tapas, ni una sola barrera arquitectónica: todo el hotel tiene ascensores y accesos por rampas…. una maravilla.

Nombre: Hotel Convento las Claras / Restaurante Conde Lucanor
Dirección: Plaza de los Comuneros, 1 – 47300 Peñafiel, Valladolid
Teléfono: 983 87 81 68
Página Web: http://www.hotelconventolasclaras.com
Tipo de cocina: Variada y original, aunque necesitada de algo más de evolución
Entorno: Hotel precioso en el que reina la paz, comedor del restaurante emplazado en una antigua capilla de clausura, muy amplio y elegante.
Servicio: Atento y voluntarioso, aunque algo rústico
Accesibilidad: Muy buena.
Ambiente: Clientes del hotel y comensales externos, ambiente silencioso y agradable.
Aparcacoches: No resulta necesario dada su ubicación, dispone de parking privado para clientes.
Precio: Medio, con buena relación calidad/precio.
Fecha visita: Sábado, noche, 28 de Febrero de 2009

Hotel:

El claustro del hotel, precioso y muy agradableEl claustro del hotel, precioso y muy agradable

Es muy agradable viajar a cualquier lugar y encontrar personal que conoce la zona, que vive en ella, que posiblemente ha nacido en ella y que te puede orientar sobre las costumbres, lugares y posibilidades que pueda darte el pueblo o ciudad. Esto sucede en el Hotel Convento las Claras, puedes preguntar dónde esta la zona de tapas, qué iglesias están abiertas, o dónde comprar pan, vino o quesos. Te responderán con una sonrisa, te informarán bien, realizan un auténtico contacto con el cliente.

El patio central del hotel, antiguo claustro del convento, merece mención aparte, con su claraboya en el techo te envuelve con una luz matizada perfecta para dar buena cuenta de la prensa o de un buen libro. Música tenue de tipo chill out y voces aún más suaves, el lugar invita al recogimiento, a la serenidad, al silencio… algo que desde luego facilita el descanso y la paz, de la que estamos tan necesitados.

El hotel cuenta con un bar de tapas con buenos vinos, tés de diferentes clases y tapas: desde tostas a raciones, además de un comedor para desayunos en el que se sirve un buffet bastante completo al que le faltan productos autóctonos o, dado el entorno, más caseros, como podrían ser diferentes tipos de panes frescos, mermeladas caseras, dulces tradiccionales, etc.

Restaurante:

Equipo de cocina del Restaurante Conde LucanorEquipo de cocina del Restaurante Conde Lucanor

El restaurante del hotel , llamado “Conde Lucanor”, cuenta con el joven chef Gonzalo Díaz, que realiza una cocina adecuada a los gustos de los clientes de la zona, elaborada con corrección, pero aún necesitada de mayor evolución. Este restaurante atiende también el servicio de bodas, abundantes a causa de la indudable belleza del lugar.

El comedor del restaurante, espléndido por su tamaño, era anteriormente una capilla de clausura. Dos estancias muy amplias, con mesas elegantemente vestidas y situadas con notable distancia unas de otras, propician al lugar donde se come de un clima muy agradable. La sensación de amplitud se completa con unos techos muy altos, y apenas se oía el sonido de las voces de otros comensales, lo cuál mejora aún más la experiencia. La vajilla blanca y elegante. Lastima que las lámparas que adornan la estancia sea tan poco adecuadas para la misma.

El servicio, atento y voluntarioso pero algo rústico, ya que no sirvieron el vino tras el descorche y la cata durante la cena, ni taparon una visible y amplia mancha de comida que se produjo al inicio de la misma.

La bodega muy amplia, con una sorprendente carta de aguas a precios muy razonables -la Finé Japan que probamos y resultaba exquisita costaba 6,5€- y atendida por el sumiller de sala y metre Juan Carlos Contreras y un par de camareros. El vino recomendado, un Peñafalcón Reserva 2004 al precio de 25€, muy afortunado.

La carta, que tiene pocas verduras, ofrece una amplia variedad de carnes: lechazo, carré de chuletillas… pero no descuida los pescados: merluza y salmón. Por supuesto, se cuenta con algunas cremas de calabaza y castellana. La joya de la carta, como después pudimos comprobar, es el Milhojas de Miscuit de Foie, con manzana caramelizada, piñones, pistachos y su gel de moscatel, cuyo precio 19€, se corresponde con su magnífica calidad y originalidad. También estaba exquisito el timbal de ventresca de bonito con cebolla confitada y dulce de membrillo, con brotes de la huerta (13€). De segundo optamos por dos platos en apariencia originales, los lomos de merluza de pincho con hinojo, risotto de rebozuelo y crujiente de parmesano en salsa ligera de ajos y crujiente de su piel:

Miscuit, plato estrella del Restaurante LucanorMiscuit, plato estrella del Restaurante Lucanor

el risotto no estaba excesivamente conseguido y el crujiente demasiado duro, aunque el resto muy correcto. Su precio, 22€. El gallo en salsa, que apuntaba maneras debido a que es un plato original en las cartas actuales, no respondía a las expectativas creadas por la calidad del restaurante: textura adecuada, aunque con poca cohesión entre la salsa de trufa y la española: con ser muy buenos los productos de Cascajares, un restaurante de este nivel no debería trabajar con productos de cuarta gama. Después, el chef nos contó que es un plato que se iba a retirar de la carta en breve. De postre compartimos una tarta de queso casera con moras, mermelada de moras, ralladura de coco y salsa de chocolate con palito de chocolate: bastante buena, aunque el chocolate le sobraba.

Observaciones:

No perderse el milhojas y comer lo que apetezca, porque el metre reconoce que él sirve según conviene en cocina para que no sobre comida.

Calificación:

Un lugar muy indicado para pasar un espléndido fin de semana, descansando y relajándose, y porque no comiendo estupendamente en un ambiente inusualmente relajado.

Puntuación:

Hotel:

8/10

 

Restaurante:

6/10

 

Galeria fotográfica:

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