De mercados y museos por San José de Costa Rica

Varios museos interesantes, una gastronomía peculiar, un ambiente muy agradable y algunas anécdotas conseguirán que nos quedemos algunos días en la capital para poder disfrutarlo todo.

Joaquín del Palacio13/01/2022

El Aeropuerto Internacional Juan Santamaría (es curioso que lleve el nombre de un héroe de guerra en un país que abolió el ejército en 1948) es la puerta de entrada para la mayoría de los turistas que llegan a Costa Rica, que aunque esté en Alajuela, es la llegada a San José, la capital. Normalmente casi nadie le dedica tiempo a esta ciudad pero sorprende más de lo que se podría esperar.

Museos, ¡entre el ejército y el banco!

El Museo Nacional se ubica en el edificio del antiguo Cuartel Bellavista que fue sede del ejército hasta 1948, momento en el que el presidente José Figueres Ferrer abolió el ejército y así pudo destinar más presupuesto a la educación, a la sanidad y a otras cuestiones sociales. Un acto admirable. Fue el primer país en abolirlo y uno de los pocos que actualmente no lo tiene.

Museo Nacional de Costa Rica. Foto: © Museo Nacional de Costa Rica

Por eso este museo tiene un valor doble: su significado pacifista por el aspecto y significado de su continente, aún con los impactos de las balas de la Guerra Civil en su torre; y, por otro lado, su contenido, que es muy valioso y completo sobre la historia desde la época precolombina hasta la actualidad y la naturaleza, en el que destaca un jardín con mariposas que sobrevuelan tu paseo al iniciar la visita.

La naturaleza se desborda en cualquier lugar de Costa Rica, esto solamente nos sorprende al principio, porque luego se ve como algo normal. Malo, guía de Chepecletas, conoce los rincones josefinos (gentilicio de San José) más especiales, cuenta anécdotas y relata con gracia episodios históricos interesantes para saber el porqué de muchos lugares, por ejemplo, con él descubres las sorprendentes Rutas Naturbanas, que son proyectos que unen la ciudad con la naturaleza mediante, los mejores nexos, el curso de sus ríos, y en las que es fácil ver diversas aves o un perezoso de dos uñas con una cría, algo tan difícil de ver en plena selva y a la vez tan fácil, en plena ciudad, ¡caminando por sus calles!

Mariposas en el Museo Nacional. Foto: © Museo Nacional de Costa Rica

Los secretos y los tesoros se guardan celosamente, estos últimos suelen esconderse bajo tierra. Justo, bajo la plaza de la Cultura, los Museos del Banco Central exponen sus colecciones. Aquí sí es oro todo lo que reluce. En sus sótanos en los que aún mantienen sus puertas acorazadas, se disfrutan más de 1.500 piezas arqueológicas de oro con un diseño digno de las mejores firmas actuales, pero en este caso son precolombinas. Qué elegancia y qué belleza. Estas maravillas doradas fueron uno de los motivos, junto con la frondosidad de su vegetación, por los que Colón, al arribar a su costa en su cuarto viaje, cerca de la actual Limón, la denominó Costa Rica.

¡Podría ser otro museo!

Entrada principal del mercado central

El Mercado Central de San José data del 1880 cuando los comerciantes se reunían en este mismo lugar con sus carretas para intercambiar, mediante el trueque, sus productos. Asignaron el tamaño de los puestos con la longitud de un hombre con los brazos abiertos y a estos puestos les llamaron tramos. En 1940 lo techaron. Para hacer las canalizaciones levantaron el suelo original pero aún queda un pasillo completo con sus pétreas losas negras que le dan un aspecto auténtico. Conocerlo de la mano de Alfredo Echeverría, director del Club de la Gastronomía Epicúrea, es un lujo. Él nos habla del plan costarricense sobre la gastronomía.

Uno de los exuberantes puestos de fruta del Mercado Central de San José

En este laberinto de sabores, colores y aromas repleto de “tramos” distintos, hay que perderse y disfrutar, charlar con los dependientes, que son geniales, y probar algunas delicatessen. Aquellas fruterías, cual muestrario de colores, ostentan frutas locales que son extrañas para los foráneos y ofrecen sabores desconocidos; hay pescaderías, mínimas de tamaño pero máximas de calidad, con un género fresquísimo y especies distintas; aromáticos herbolarios mágicos, uno de ellos es un rincón indígena de dos chamanes del siglo XXI que las usan para curar enfermedades; y una cafetería que además de servirte un típico café chorreado te explican todo lo necesario para conocer más a fondo esta bebida.

Género fresco y de alta calidad en los puestos del Mercado Central de San José.

También se puede comer en sus tabernas, llamadas sodas, y tomar alimentos tradicionales de todo tipo como la famosa tortilla de queso, el tala pinto o la resbaladera, una bebida nutritiva y refrescante. Un mercado que es un rito iniciático para la gastronomía tica. Da gusto perderse por este laberinto de sabores, aromas, colores y conversaciones simpáticas y enriquecedoras.

Otras mesas y otros platos

En el barrio de Amón el Tournant Restaurant y Café ofrece una gastronomía con buena relación calidad-precio, conciertos en directo, buenos zumos naturales o vinos y una preciosa terraza.

Panadería Cumpanis. Foto: ©Panadería cumpanis

Cerca de la ruta Naturbana hay una curiosa panadería llamada Cumpanis que, aparte de realizar unos panes muy ricos y una repostería de calidad, ofrece diversos sánguches (sándwiches), variadas ensaladas, cruasanes rellenos (atención al que llaman Número 1, está más que rico), pasteles con una pinta excelente o zumos naturales y bebidas, todas sin alcohol. Además tiene tienda de buenos productos. Es un establecimiento que abre de 7 a.m. a 7 p.m. y su público suele ser familiar, jóvenes y gente que busca un tentempié de calidad y diferente.

En un precioso edificio de aspecto colonial con un estilo más europeo y con un restaurante con un cierto aire francés, el hotel Grano de Oro, un alojamiento excelente y un restaurante que cumple de sobra con los alimentos de calidad tanto en sus desayunos como al elegir en su carta.