De ruta «pausada» por una Normandía que debes conocer

Lo ideal para hacer una ruta tranquila es recorrerla en coche eléctrico circulando por carreteras secundarias para visitar principalmente lugares rurales de Normandía.

Joaquín del Palacio18/09/2022

Esta región está repleta de sitios con encanto para descubrir: un castillo de otra época, unos jardines pictóricos, una abadía ubicada en un sitio único y un santuario repleto de peregrinos… Y probaremos ricos quesos, productos elaborados con manzanas, una repostería de calidad y la mejor tortilla a la francesa. Hablamos de Normandía.

Impresión de colores, flores y pinturas

La primera parada de esta ruta será Giverny, un pequeño pueblo conocido porque Claude Monet vivió allí. Su famoso cuadro titulado “Impresión sol naciente”, de 1872, dio el nombre al movimiento pictórico que maravilló al mundo.

Edificó aquí su residencia y los jardines que tanto le gustaban y le inspiraban. Lo que más le gustaba era la pintura y la jardinería, por ello pintó más de 200 cuadros inspirándose en uno de los vergeles más bonitos. Y actualmente podemos aún reconocer aquellos rincones que vemos en sus cuadros: el puente, los estanques, los nenúfares… Unos jardines que él mismo diseñó y organizó canalizando el río y desecando una zona pantanosa. Otra creación maravillosa del artista.

Clos Normand, Giverny

Su casa y los jardines con los tres talleres que erigió sucesivamente y tanto usó, porque fue un pintor muy prolífico, se encuentran en la misma calle. Todo lo importante en Giverny está en la calle principal, en la rue Claude Monet: el hotel Baudy, aquí el pintor se reunía con sus amigos; el interesante museo de los Impresionistas, de visita imprescindible; y, por supuesto, su florida tumba junto a la gran iglesia.

El hotel La Musardière posee suficiente encanto, tanto en su jardín como en las habitaciones o en su restaurante, para estar también en la misma calle. Aunque en este establecimiento no haya enchufe para la recarga del coche eléctrico sí lo hay muy cerca, en el estacionamiento público del pueblo.

Cenar al atardecer en su terraza divisando como la luz se desvanece en el valle es una experiencia impresionista, como además disfrutamos de una brillante gastronomía, que el chef Benjamin Revel denomina bistronómica con producto normando, el placer es total.

La población más grande de Normandía…

Lisieux, la capital del departamento de Calvados, solamente tiene 20.000 habitantes aunque cuenta con lugares encantadores para estar varios días. Además es un destino muy deseado para muchos devotos que peregrinan desde cualquier lugar del mundo porque es el lugar del Santuario de Santa Teresa de Lisieux, una santa muy venerada a pesar de morir solamente con 24 años. Es el segundo lugar de peregrinación en Francia tras Lourdes.

Como anécdota decir que la ceguera que sufrió Edith Piaf de niña se curó tras una visita a Lisieux con su abuela que era patrona de un burdel que estaba a solamente a 30 km. La Basílica es una joya arquitectónica acabada en 1954. Se asemeja al Sacré-Coeur de París y es inmensa ya que puede albergar en su interior a 4.000 personas.

Es recomendable alojarse en la ciudad para visitarla y conocer los alrededores. El Grand Hôtel de l´Espérance es ideal pues además de cumplir con todo muy bien, tiene aparcamiento con enchufe para la necesaria recarga del coche durante la noche.

Muy cerca del hotel está el restaurante La Coupe d´Or, basado en producto de temporada, fresco y local o muy cercano. Escriben en una pizarra los platos del día. Es difícil recomendar un plato por si al día siguiente ya no aparece pero cualquier elaboración está garantizada. La calidad de su cocina es indiscutible y su sidra excepcional.

El entorno rural de Lisieux

A solamente 19 km, Livarot, el nombre de un pueblo y de una denominación de origen de un queso muy especial. Los pastos normandos son tan nutritivos que para la elaboración se exige que sea vaca normanda y alimentada con este pasto. A este queso le identifica como auténtico, un junco natural que rodea su parte lateral; tiene que tener entre tres y cinco líneas de junco. Esta hierba es tan importante que incluso provoca que muchas cuadras se ubiquen en esta región para la crianza de caballos purasangre.

Es muy interesante conocer cómo es la cría de estos caballos cuyos potros pueden valer cientos de miles de euros.

Purasangres pastando en Livarot

El clima atlántico y los suelos normandos conforman el entorno ideal para la existencia de buenos pastos y también para que los manzanos fructifiquen a la perfección.

El departamento de Calvados da el nombre al licor que se destila a partir de manzanas y con ellas también se elabora otro licor más suave aunque muy rico también, el pommeau, cuyo nombre procede de la palabra manzana en francés: pomme. En Le Manoir de Grandouet, una de las bodegas con más tradición, elaboran estos licores y sidra desde 1792 e incluso conservan alguna barrica de aquella época, así como algunas dependencias como la bodega o la prensa metidos en edificios tradicionales con entramado de madera muy fotogénicos.

Qué contraste, llegar con un silencioso coche eléctrico actual a un lugar anclado en el XVIII. Sensacional.

Le Manoir de Grandouet, Sidrería desde el siglo XVIII

Atrapado en la misma época se quedó el castillo de Canon, en Mézidon, cuando fue salvado de la quema durante la Revolución Francesa porque los señores que habitaban esta joya arquitectónica hacían fiestas multitudinarias anualmente con la población cercana, les animaban a participar en concursos y les concedían premios. Estos nobles eran de los pocos que hacían honor al nombre de su estatus porque eran buena gente, o sea nobles, cercanos y respetuosos con los obreros y pobres de su época. Esta circunstancia evitó que al revolucionarse les cortasen la cabeza y arrasasen su mansión.

Actualmente se encuentra en un estado aviejado con una imagen decadente que le imprime un sello de autenticidad difícil de igualar ya que hoy se tiende a restaurar y renovar todo pero en Canon encontramos una ventana abierta al pasado tal y como fue. Sus jardines evocan, en pequeño y sin las magníficas fuentes, el diseño de Versalles. Un lago refleja nítidamente la elegancia cristalina de la fachada trasera plena de ventanales.

El Castillo de Canon

Más allá del lago, un río atraviesa el jardín inglés, pasa junto a un castillete anterior, una copia de un templo clásico y un pabellón chino. Paseando por este bosque se llega hasta los chartreuses, unas parcelas con altos muros, que sirvieron para proteger la producción de los frutales entonces, actualmente convertidos en encantadores y floridos jardines.

Este territorio produce tantas manzanas que hay para zumo, sidra, licores… y para repostería también. Parte de la producción llega hasta Récréation Sucrée para que Nicolas Barbet haga maravillas con ellas. Su trabajo ha sido reconocido con premios internacionales varias veces. Te propone talleres de repostería para conocer y aprender a elaborar los mejores postres. Toda una dulce experiencia.

De nuevo por secundarias conociendo y disfrutando del mundo rural francés hasta Ducey-les-Cheris junto al río Selune.

Puente sobre el río Sélune, en Ducey

Una silueta inolvidable…

Por el puente de 1613 que atraviesa el Selune en Ducey cruzaban los peregrinos que acudían a la abadía de la bahía, ya muy cerca. Por eso alojarse en este pueblo es ideal para poner la guinda en el pastel y el Logis Auberge de la Sélune es perfecto porque tiene estacionamiento con enchufe, unas habitaciones muy correctas, un jardín junto al río y un restaurante sensacional.

En los confines de Normandía aparece rompiendo la horizontalidad de la bahía la silueta del Monte Saint-Michel, en la que las mareas juegan con la geografía para disfrazarla de isla o continente según convenga. Aunque la realidad dice que han tenido que actuar con un proyecto muy ambicioso para recuperar esta característica cambiante de la bahía, porque desde que se construyó la abadía en el siglo XIII varios metros de sedimentos se han ido depositando paulatinamente, hasta casi colmatarla, haciendo imposible la navegación que en aquellos tiempos era normal. Aquellas naves medievales surcaban la bahía acarreando los sillares que constituyen uno de los templos más atractivos del mundo: la abadía de Saint-Michel.

El Monte Saint-Michel, una de las imágenes más representativas de Normandía.

Cualquier cosa que realices en este lugar será tan sagrada como su esencia. Ver cómo amanece aquí u observar uno de los mejores atardeceres de tu vida, aunque solamente veas uno, es impagable; recorrer su calle serpenteante hasta la abadía o rodear la “roca” por encima de sus murallas, cada vez que levantes la mirada verás fotos por doquier. Está atestado de rincones preciosos, es posible que pasen más de 20 años y no lo olvides, pero seguro que lo que nunca olvidarás es una ruta por la bahía de la mano de Romain Pilon.

Conocerás todos los encantos y los peligros de esta bahía: sus arenas movedizas, la desembocadura de los ríos, las aves y lo que significa su vuelo… y, por supuesto, asisitirás a la llegada de la marea que corre a 10 km/h hasta abrazar el mágico Mont Saint-Michel.

Una tortilla muy peculiar

Tras pasar todo el día admirando y recorriendo esta inigualable “roca” llega el momento de reponer fuerzas. En 1888 Annette, más conocida como La Mére Poulard preparaba unas tortillas para los peregrinos que allí acudían. Una tortilla a la francesa muy batida, a punto de nieve, y con la sartén en medio de las llamas. Es un espectáculo tanto verla realizarse como comérsela. Será posiblemente la mejor tortilla que hayas probado. Suave, ligera, sabrosa… y cara, pero merece la pena. La sirven con diferentes guarniciones.

Con las imágenes de un gran día repleto de colores y sensaciones en la memoria nos alejamos hacia nuestros aposentos junto al río Sélune, cuyas aguas hemos cruzado descalzos en la bahía. En la distancia la impresionante silueta del monte se despide con una fotografía deslumbrante, al contraluz de un atardecer amarillo que lo tiñe todo. ¡Hasta siempre Saint-Michel!