Desayunar en Nueva York

Yanet Acosta

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Publicado el
12/10/2009



Los neoyorquinos, como este conductor de limusina, desayunan por el camino con el omniopresente café en vaso de plástico con pajitaLos neoyorquinos, como este conductor de limusina, desayunan por el camino con el omniopresente café en vaso de plástico con pajita

La mayoría de los neoyorquinos desayunan literalmente de camino al trabajo: un café hirviendo en invierno o un café con leche con cubitos de hielo en verano. En un vaso de plástico y con pajita para facilitar la labor de dar sorbitos mientras andan, toman el metro o incluso en su puesto de trabajo, aunque sea el asiento de una limusina. La bebida se suele acompañar habitualmente de pequeños mordiscos a una rosca o a un bagel, probable herencia judía traída al nuevo continente desde Centroeuropa y que en NYC es tradición tomarlo relleno de salmón y queso de untar.

Para los ociosos, bohemios o, simplemente, aquellos que tienen una mañana menos ajetreada, el desayuno es toda una experiencia. Los restaurantes ofrecen en sus cartas platos especiales para desayunar, entre los que se incluyen sandwiches, zumos, huevos preparados al gusto, yogures con muesli, ensaladas de fruta, bizcochos o rosquillas. La afición es tal que muchos restaurantes están especializados en esa primera comida del día, como “Brown Cafe“, en el barrio de Lower East Side.

Los fines de semana el brunch, ese desayuno opíparo a medio camino del almuerzo, es toda una institución en la ciudad de Nueva York, como en España el aperitivo. Los amigos se encuentran y empiezan la lenta mañana con un cóctel en la mano: una mimosa –champán con zumo de naranja- o un bloody mary.



Sylvia's, en Harlem, tras la misa del DomingoSylvia’s, en Harlem, tras la misa del Domingo

Las guías envían al turista los domingos por la mañana a clásicos locales como “Sylvia’s” en Harlem, donde los “african-american” disfrutan, tras el servicio religioso, de este primer bocado del día, en el que algunos cronistas marcan el origen de esta costumbre, tan de moda en Europa. El brunch en Harlem se basa en platos típicos de su culinaria, denominada “soul food”,  como verduras cocidas, carnes a la barbacoa y dulcísimas tartas de remolacha cubiertas de merengue, habitualmente acompañadas de música de jazz.

Un ambiente totalmente distinto es el que ofrecen los lujosos hoteles en los que el cliente se sirve a gusto de su buffet, como en el Ritz-Carlton New York en Battery Park, o con platos a elegir como en el Mandarin Oriental New York, con vistas al Central Park y al skyline de Manhattan.

Sin embargo, el actual templo del brunch en la ciudad es el restaurante “The PruneDiez tipos de bloody mary en su carta, entre ellos los que combinan los ingredientes clásicos con anchoa o wasabi. Entre sus clientes, gente de lo más diversa –en edad y estilos-, que esperan pacientemente su turno para sentarse en una de sus pequeñas mesas.



Los carritos con churros ponen el acento latino en Central ParkLos carritos con churros ponen el acento latino en Central Park

Sus camareras sonrientes vestidas de rosa traen una carta en la que destacan su ensalada de frutas maceradas en licor y menta, los clásicos huevos benedictinos -escalfados y servidos encima de un suave pan inglés con salsa holandesa- y tortitas con crema agria, arándanos en almíbar y una loncha de jamón. Toda una experiencia “soul”.

Para los más reticentes a abandonar sus costumbres, los churros son otra opción. En  Central Park, este castizo desayuno tamizado por el acento latino se puede encontrar en los carritos que animan el paseo por el parque.

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