Diez dulces monacales para cantarles una saeta

Torrijas, leche frita, buñuelos o pestiños... La Semana Santa ya está aquí ¡Ponte el hábito y vámonos de conventos!

Ana Lázaro09/04/2020

La repostería artesanal de conventos forma parte del amplio patrimonio culinario de nuestro país. Aunque la Semana Santa sea una época de penitencia y abstinencia, en Con Mucha Gula caemos en la tentación y nos rendimos a los dulces monacales… os animamos a pecar con estos bocados celestiales elaborados, en su mayoría, a base de  huevos, harina, aceite y azúcar.

Torrijas

La torrija es la reina de la Semana Santa por antonomasia. Hechas con pan, azúcar, aceite, huevo, leche o vino… pocos dulces son tan fáciles de hacer. Además, si te animas, las puedes versionar , existen tantas torrijas como paladares.

Aunque el origen de estas delicias no está del todo claro, algunos afirman que surgieron en el siglo XV y que las preparaban las monjas como alimento saciante con la finalidad de compensar el ayuno de carne en Cuaresma. Otros, que era lo mejor para la recuperación postparto. En cualquier caso, lo que comenzó siendo una simple receta, adquirió fama y se instaló en todos los hogares del país. En el Obrador Convento San Antonio de Murcia, estos días el olor del incienso se entremezcla con el de la miel, el vino y el almíbar… y es que las torrijas son las grandes estrellas de sus cocinas. Se comercializan, a través de su web donde además, ofertan todo tipo de caprichos entre los que se encuentran los bizcochos de naranja o chocolate, los corazones de mantequilla o las magdalenas.

Leche Frita

Una receta tradicional, con una textura muy cremosa, fundente en boca y con un sabor único. Pocos pueden resistirse a esta exquisitez. Se trata de un dulce hecho a base de  leche, maizena, canela, azúcar y cáscara de limón. Para su presentación,  sencillamente espolvorea un poco de azúcar y canela. Si eres un más atrevido, la puedes flamear con un buen licor. Al ser un dulce con una consistencia algo delicada, en los conventos la suelen vender el mismo día y casi siempre por encargo.

Es un postre que gusta mucho y que, curiosamente, se está perdiendo en los hogares españoles en los que no hay una abuela cerca. Desde Con Mucha Gula te animamos a que estos días hagas homenaje a esta maravilla y volvamos a poner a la leche frita entre las recetas habituales de nuestra generación.

Pestiños

Son una delicia andaluza de origen musulmán típica de Semana Santa, también consumidas en época navideña o en carnavales. Pueden hacerse de cualquier tamaño o en cualquier formato, aunque lo habitual es encontrarlos de forma cuadrada o  rectangular con las esquinas opuestas plegadas hacia el centro, a modo de “pañuelo”. Entre sus ingredientes destacan la miel, la matalahúva (también llamada anís en grano), el azúcar, la harina y la cáscara de limón.

En el Convento de la Purísima Concepción de Marchena (Sevilla), hacen los pestiños borrachuelos, elaborados con productos naturales de forma artesanal, siguiendo una receta culinaria centenaria. Su suave textura y su sabor los hacen imprescindibles, junto al aroma del café o del té, en las conversaciones de sobremesa.

 

Mona de Pascua

 

La mona tiene gran protagonismo en estas fechas, especialmente en la Comunidad Valenciana. En esta región, los niños la reciben como regalo de su padrino el lunes de Pascua. La tradición decía que el número de huevos de la mona indica la edad del niño, llegando al máximo de doce.

Pero… ¿por qué tiene ese nombre si no tiene forma de simio? Su origen apunta a que viene de una palabra y tradición árabe, ‘munna’ o ‘mouna’, que significa “provisión para la boca”. Esto era un regalo culinario que los musulmanes hacían a sus señores, por lo que no tiene nada que ver con el animal.

La mona tradicional es un bizcocho similar al panquemado. Se prepara con huevo, harina, azúcar y sal y se decora con un huevo (de chocolate o cocido). En ciudades como Barcelona se suelen hacer completamente de chocolate. Cada año se venden miles y algunos de los pasteleros más destacados le dedican sus creaciones más arriesgadas. De hecho, uno de los puntos más interesantes de la mona es que es un elemento vivo y en evolución constante, una señal inequívoca de que la tradición persiste.

Buñuelos de viento

Es uno de los dulces tradicionales más demandados por su versatilidad, aceptando rellenos dulces o salados y convirtiéndose en un emblema de algunas fiestas  como la Semana Santa, el día Todos los Santos, etc… Todo apunta a que su origen está relacionado con las culturas gastronómicas sefardí y musulmana.

Se trata de una pasta hecha de harina a base de leche, huevo y levadura que se fríe en abundante aceite y  acepta todo tipo de relleno (crema pastelera, trufa, yuca, calabaza, bacalao…).

Situada en la parte de atrás del Monasterio de las jerónimas del Corpus Christi de Madrid, la tienda El Jardín del Convento, está situada en una pequeña calle escondida alejada del turismo masivo y a dos pasos de otro gran referente de productos gourmet como es el Mercado de San Miguel. Este coqueto espacio en pleno corazón del Barrio de los Austrias ofrece una gran selección de los mejores dulces de los conventos y monasterios de España, entre los que no pueden faltar los populares buñuelos.

Huevos Moles

Es un dulce canario muy popular en Tenerife y en las islas más orientales del archipiélago canario, donde se comen todo el año. También, en zonas de Jaén se consumen, sobre todo en la época de Semana Santa.

Se trata de una crema hecha con yemas de huevo ligadas con almíbar emulsionadas que los andaluces rematan con canela y los canarios con gofio.

La existencia de estos dulces en España tiene su origen durante la colonización española de las islas Canarias y Latinoamérica. En 1942, cuando Cristóbal Colón llegó a América, Tenerife únicamente se encontraba habitada por aborígenes canarios, ya que la conquista de esta isla fue posterior, en 1496. Aunque no fueron los mismos individuos quienes estuvieron en una conquista y otra, a partir de 1520 aproximadamente muchos barcos que salían de Sevilla a Latinoamérica hacían parada en las Canarias. Desde allí cruzaban el Atlántico. Algunas familias se quedaron en las islas y más tarde daban el partían rumbo a América, por lo que podría ubicarse esta receta en aquella época.

Alpisteras de Sanlúcar

Es un manjar sencillo, típico de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). La mayor producción se lleva a cabo durante Semana Santa, pero se pueden disfrutar durante todo el año.

Entre sus ingredientes principales están las yemas de huevo, harina, ralladura de limón, matalahúva, agua, zumo de limón y algo de azúcar para el glaseado.

Algo que leas hacen diferentes al resto de dulces es que no llevan azúcar ni ningún endulzante en la masa; el toque de dulzor se adiciona con un baño de almíbar aplicado una vez horneadas. Esto permite ajustar el punto al paladar. En la localidad gaditana de Jerez de la Frontera las hermanas del Convento de Gracia, de la Congregación Agustinas Ermitañas, hacen las famosas tortas alpisteras, entre otros manjares.

Bienmesabe Antequerano

El bienmesabe antequerano es un dulce típico de la gastronomía de Andalucía, concretamente de la localidad de Antequera, aunque también existe una variante de este dulce en Baleares y en Canarias. Todo apunta a que tiene su origen en la cultura árabe debido a la selección de sus ingredientes (huevos, almendra, aceite, azúcar, canela, cabello de ángel y soletillas)

El Convento de Clausura de Belén de las Monjas Clarisas de Antequera lleva creando este dulce desde el año 1635 (siglo XVII). Es el punto de venta más famoso en cuanto a la compra de este producto en dicha población.

 

Dulce de Leche “Mano de Santo”

El Dulce artesano de Leche «Mano de Santo» presenta una texturas untuosa, buen brillo, sabor dulce característico y un color marrón claro.

El Monasterio de Sobrado dos Monxes (A Coruña) cuenta, desde hace décadas, con una granja de ganado vacuno de la raza frisona, productora de leche. Esta leche es vendida en crudo directamente sin sufrir ningún tipo de tratamiento, más que el de la propia refrigeración en tanque de frío, para su conservación hasta ser recogido diariamente por la empresa Pascual. Es por esta razón que el presente proyecto contempla la transformación de una parte de la producción total de leche en un producto de mayor valor añadido como es el propio Dulce de Leche.

Este proceso artesanal se lleva a cabo en la moderna fábrica de Mano de Santo Cisterciense utilizando la leche de la propia granja del monasterio. Los propios monjes del monasterio, preparados al efecto, son los encargados de elaborar este manjar realizando un trabajo de vigilancia, de regulación adecuada y de toma decisiones, por parte del maestro artesano dulcero, con lo que se consigue un producto final de excelente calidad.

Entre los ingredientes están la leche entera, el azúcar, jarabe de glucosa, emulgente, bicarbonato de sodio, sal, aroma de vainilla… una delicia ideal para untar en tostadas, gofres o como relleno de postres y crêpes.

Yemas de Santa Teresa

En algunos conventos es un dulce exclusivo de la Semana Santa, pero en Ávila, las yemas de Santa Teresa, son las reinas de los dulces durante todo el año.

Cuando disfrutas de las auténticas Yemas de Santa Teresa no sólo saboreas un dulce exquisito y exclusivo. Cada uno de estos pequeños tesoros dorados encierra en su maravilloso sabor el gusto por la tradición y la innovación. Desde que comenzaron a elaborarse en 1860,  se han convertido en todo un referente de la gastronomía de Ávila. Una de sus señas identificativas que ha traspasado sus murallas y que ha llevado su nombre a miles de rincones en todo el mundo.

Puedes hacerte con estos dulces de oro a través de la tienda online de productos gourmet y delicatesen https://santateresagourmet.com/yemas.html o si visitas la ciudad castellana, en el Convento de Santa María de Jesús de las Hermanas Clarisas, ubicado en dicho municipio.

Huevos de Pascua

Esta golosa propuesta, a pesar de ser típica en algunos países de América o el norte de Europa,cada vez gana más adeptos en nuestro país.

El huevo ha simbolizado desde tiempos ancestrasles la vuelta a la vida. Por ejemplo, en la mitología antigua estaba representado con el ave Fénix. Con la llegada del cristianismo, se adoptó la tradición del huevo para rememorar la resurrección de Cristo en Pascua. De aquí el origen de su nombre. Durante la Edad Media se daban huevos en Pascua a los seres queridos. La Iglesia prohibió comerlos entre los siglos XI y XVIII porque se consideraban carne. Por ello, la gente empezó a conservarlos cocidos, decorándolos y protegiéndolos con una capa de cera. Poco a poco, el concepto fue evolucionando hasta nuestros días. Otros afirman que el Domingo de Pascua campanas volando desde Roma llegan a los hogares, dejando caer los huevos de chocolate. Son los padres los que los cuelgan de los árboles y los esconden por el jardín o en rincones de la casa para que los niños los encuentren.

Las religiosas Dominicas de Palencia, del Monasterio Nuestra Señora de la Piedad, elaboran durante todo el año y bajo encargo (salvo julio y agosto) estos huevos dibujados a mano, para saciar los paladares más golosos.