Uno de los restaurantes más solventes de Madrid
El 38 de Larumbe: espléndida madurez gastronómica
Pedro Larumbe siempre ha destacado por realizar una cocina llena de sabor realizada impecablemente, donde la técnica esta al servicio del producto y no al revés.
Eva Celada

Eva Celada

Fotografías:

Traducción:

Publicado el
11/04/2014



 
Con buen ambiente, elegancia relajada y una cocina sin estridencias, El 38 de Larumbe lo tiene todo para satisfacer tanto a los aficionados a la gastronomía clásica, como también a los seguidores de las nuevas tendencias.
DATOS DEL RESTAURANTE
Nombre: El 38 de Larumbe
Dirección: Paseo de la Castellana, 38 Madrid
Teléfono: 915 751 112
Web: http://www.pedrolarumbe.com/restaurantes/pedro-larumbe/
Tipo de cocina: De mercado y temporada
Entorno: Comedor con buena iluminación, cómodo y acogedor
Servicio: Impecable, bien sincronizado, rápido y discreto
Accesibilidad: Muy buena, sin un sólo escalón en todo el espacio
Ambiente: Muy heterogéneo, desde ejecutivos de la zona a parejas
Aparcacoches: No
Precio: Muy buena relación calidad-precio para su categoría
Fecha de la visita: Jueves, 3 de abril de 2014

COCINA
Comenzamos con un Melón con jamón y bolsitas de praliné que se deshacen en la boca, revisión de un clásico que resulta exquisito por la proporcionalidad de sus ingredientes y muy refrescante; continuamos con los Espárragos blancos con crema de cacahuete, el tamaño de los espárragos es algo pequeño, pero su sabor intenso, mientras que la crema de cacahuete resulta curiosa pero innecesaria, un guiño a los que siempre quieren algo más. Seguimos con un Huevo escondido al estilo Tubal, el huevo se fríe en una bolsa de patatas, otro clásico actualizado y muy bien resuelto, caliente la yema pero a su vez líquida, crujientes las patatas y todo el conjunto en su temperatura, no se puede pedir más.

Después tomamos un Rodaballo con alcachofas y crema de Jerez, espectacular el punto del pescado y su calidad, la alcachofa (verdura que borda el cocinero) exquisita, y la salsa auna los ingredientes, además de darle  un elegante toque clásico al conjunto: completamente exquisito. Seguimos con una Suprema de pularda en pepitoria (20 euros/15 euros media ración), la textura de la carne excelente, la salsa pepitoria algo baja de intensidad de sabor.

Llega a continuación el Steak tartare de solomillo (25 euros/16 media ración) que nos realizan en la sala, bien presentado con patatas souflé, y que no nos sorprende que se haya convertido en uno de los platos estrella del restaurante: la carne se presenta bien cortada a cuchillo, en su temperatura perfecta, aliñado con la intensidad justa, las patatas souflé son una rareza que apenas puede degustarse en dos o tres restaurantes de Madrid. En definitiva, ya por este plato merece la pena ir al restaurante.

Terminamos con una Torrija envuelta en mango con chocolate blanco, dulzor suave y agradable. El pan, correcto, podría ser de mayor calidad, algo que merece el resto del restaurante. La carta de vinos, con más de 80 referencias nacionales, cuenta con caldos del gusto de los clientes, nosotros tomamos una copa de vino blanco: Cuatro Rayas de Rueda y otra de Antídoto, de Ribera del Duero.
OBSERVACIONES
El restaurante cuenta con un menú degustación de cuatro platos más postres, incluyendo bebida, por 57 euros. Se debe reservar, sobre todo en el almuerzo y los fines de semana, ya que se llena. El establecimiento cuenta con una zona bistró a la entrada completamente separada, que incluye tapeo, aunque la zona de restaurante es tan agradable que merece la pena ir a él.
CALIFICACIÓN
Pedro Larumbe imprime su personalidad en su cocina, técnicamente muy evolucionada desde siempre. Es un adelantado a su tiempo que no persigue los focos y, quizá por ello, su cocina es de una modernidad clásica, como sucede con la literatura, siempre vigente. Su técnica, al nivel de cualquier tres estrellas, se desarrolla en su restaurante desde hace décadas, pero nunca ha dado una rueda de prensa para contarlo. Hoy, en plena madurez profesional, ofrece una cocina sin artificios llena de sabor, texturas e intención, tan moderna y actual como la que hacía hace veinte años, pero muy diferente, y eso sí, de una elegancia y sutileza impecables. El servicio de sala, entre el top ten de la capital.
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