El aperitivo, el vermut y la vida contemplativa

El vermut, el vino aromatizado que triunfa a lo largo de los años y la historia, protagonista de uno de los momentos del día más esperados. El aperitivo.

11 de noviembre de 2023Actualizado el 9 de mayo de 2024

Muchas personas se refieren a “la hora del aperitivo” como “la hora del vermut“, independientemente de si se tomarán uno o no. Pero de todos es sabido que el vermut, es la bebida por excelencia de este momento del día.

Esta costumbre lejos de ir muriendo con los años, se ha arraigado cada vez más en nuestras tradiciones, convirtiéndose en una cita social a la que nadie quiere faltar, e incluso en un arte como deja claro el ensayista Stéphan Lévy-Kuentz en su libro “Metafísica del aperitivo”, donde nos ofrece una serie de reflexiones desde una terraza.

La etimología de la palabra aperitivo, es latina, viene de aperitivus. El aperitivus era una bebida que se servía en la Antigua Grecia antes de la comida para estimular el apetito. Lo que entendemos hoy por aperitivo, o por la acción de “tomar el aperitivo”, es mucho más que una bebida para ir abriendo boca. Incluso diría que su función es la contraria, pues entrada la una del medio día, cuando el hambre empieza a acechar, solemos pensar; tengo hambre, pero es demasiado pronto para comer. ¡Ni que fuéramos ingleses! e intentamos amenizar el tiempo de espera con un aperitivo, con la excusa, a menudo, de “ir abriendo boca” durante esas horas en tierra de nadie.

Taberna Antigua casa de guardia/ Málaga

Con el paso del tiempo esta costumbre se ha convertido casi en un ritual, que junta a muchas familias y amigos, para compartir un momento de ocio y desconexión acompañado de buenas tapas y cómo no, de buena bebida, y es que un vermut es de las mejores opciones para amenizar este instante.

Sin duda, el aperitivo es uno de los momentos favoritos de los fines de semana para muchos, el mío desde luego; ¿qué más se puede pedir que una buena conversación entre vermuts, aceitunas, gildas, bravas y pinchos? hasta darte cuenta de que son las cinco de la tarde y la hora de la comida al final nunca llegó, pero tampoco hizo falta.

Y es que lo importante, muchas veces ocurre alrededor de una mesa, llena de vasos y platos vacíos.

Según el filósofo  Byung Chul Han la vida contemplativa es “la vida dedicada al conocimiento, a la sabiduría, a la filosofía, a la contemplación de la perfección de la Naturaleza y el Arte“. Ahora bien la vida contemplativa no puede ser ejercida por ningún humano de manera continua, a no ser que ignore sus necesidades como animal que es. Y qué mejor manera que disfrutar de estos momentos de vida contemplativa que acompañados de un vermut.

¿En qué consiste y de dónde viene esta bebida que reina nuestros aperitivos?

El vermut es un licor aromatizado con hierbas, formado a base de vino neutro de buena calidad, un toque de absenta o ajenjo y otras especies amargas y tónicas, que se endulza con edulcorantes como el azúcar y el caramelo, lo que le aporta ese característico color dorado.

Esta bebida, al igual que su precedente, el aperitivus, se remonta a la época clásica. Pues ya en la Antigua Grecia maceraban el vino mezclado con especias y plantas aromáticas para elaborar brebajes medicinales. 

Uno de los primeros registros de una bebida similar al vermut, lo hizo Hipócrates, médico y filósofo de la Antigua Grecia, que maceró vino con flores de ajenjo y hojas de díctamo consiguiendo lo que fue conocido como “vino hipocrático”. Ajenjo en alemán se dice “wermut”, de ahí proviene el nombre actual, vermut.

En Argentina es costumbre acompañar el vermut de agua con gas servida en un sifón como estos, o más modernos.

En Europa  se utilizaba esta técnica de aromatización para conservar el vino y demorar los signos de oxidación. Pero no fue hasta finales del siglo XVIII cuando empezó a ser una bebida en sí, conocida como vermouth, especialmente en Francia e Italia.

En el siglo XIX se popularizó mundialmente, y fue cuando grandes marcas como Martini, Cinzano y Punt e Mes, empezaron a dominar el mercado. Todo ello impulsado por el auge del cóctel, ya que el vermut, se convirtió en un ingrediente esencial para preparar algunos de ellos como el Negroni, Martini y el Manhattan.

Su llegada a España

A finales del siglo XIX, también llega a España debido a la influencia italiana. Se asienta especialmente en las regiones vinícolas de Cataluña, especialmente en Reus, que durante el siglo XVII se convirtió en la capital del aguardiente. Desde el puerto de Salou se exportaba el 60% de la producción a países del norte de Europa. De ahí la expresión “Reus, París y Londres”, las tres ciudades que cotizaban el precio mundial del aguardiente. En el siglo XIX Reus se consagra como uno de los centros vinícolas más importantes del país, momento en el que el vermut se empieza a integrar como una bebida más y se consolida como el protagonista de los aperitivos de sus habitantes.

vermut blanco

En un principio se producía vermut a granel, pero ya en 1892, Joan Gili registró la primera marca de vermut de la ciudad de Reus. Un año después también lo hacían Josep Boule y Enrique Yzaguirre. También tuvo su inicio en Madrid con Perucchi, otro de los primeros vermuts producidos en España.

Reus fue la ciudad pionera en España donde se empezó a elaborar este licor y llegó a haber treinta empresas produciendo más de cincuenta marcas diferentes. 

Hoy en día la mayoría de las regiones españolas producen multitud de vermut con excelentes calidades y distintas características. Cada marca utiliza alrededor de cincuenta y ochenta ingredientes diferentes, lo que hace que esta bebida tenga una gama tan amplia de matices, sabores y olores.  

Con la ola de la tendencia “do it yourself”, que reivindica lo casero y el placer de las cosas hechas por uno mismo, en internet se pueden encontrar vídeos y recetas que te explican cómo hacer tu propio vermut en casa y a tu gusto. Pues la clave está en la combinación de aromas y especias escogidas.

Los principales tipos de vermut

Tomando como referencia la expresión “para gustos los colores”, con el vermut podemos decir los mismo, literalmente…

  • Vermut Rojo: Es el clásico y el más popular. Se caracteriza por su color rojizo y su sabor dulce y amargo a la vez.
  • Vermut Blanco: Más ligero y delicado, perfecto para quienes prefieren sabores mas suaves.
  • Vermut Rosado: Su color es rosado y su sabor afrutado.
  • Vermut Reserva: Su sabor es más intensos y complejo. Se envejece durante varios años en barricas de roble, adquiriendo notas de madera y especias.
Jesús Sánchez Celada

Jesús Sánchez Celada es Periodista gastronómico y director de la revista Con Mucha Gula. Su contribución al periodismo gastronómico va más allá de Con Mucha Gula, consolidándose como figura multifacética en el panorama... Ver más sobre el autor