El método Montessori aplicado a la gastronomía: cuándo los niños crecen cocinando

El método Montessori aplicado a la gastronomía: cuándo los niños crecen cocinando

"La cocina es el lugar idóneo de nuestro hogar desde donde ofrecer a nuestros hijos experiencias que tienen como objetivo ayudar a estructurar su mente, así como estimular su inteligencia."

Jesús Sánchez Celada14/07/2021

¿Quién no ha oído hablar del método Montessori? Esta forma de educar a los más pequeños dotándoles de mayor autonomía en sus tareas se ha convertido en una de las más revolucionarias y eficaces formas de aprendizaje de los últimos tiempo. Hoy nos sentamos con Patricia Pérez Cerveró,  guía Montessori de Comunidad Infantil, educadora de Disciplina Positiva para Familias y Aula por la Positive Discipline Association y educadora Up to you. Con más de 12 años de experiencia como maestra (es la creadora del blog: www.happymama.es) acaba de publicar el libro: “Cocinando en familia con Montessori”.

¿Me puedes hablar brevemente de que significa el método Montessori?

María Montessori (Chiaravalle, Italia, 1870-Noordwijk, Países Bajos, 1952), fue la primera mujer educadora y licenciada en Medicina en Roma, además de científica, psiquiatra, filósofa y psicóloga.

En 1907 María Montessori creó la Casa dei Bambini, donde desarrolló el método Montessori, el cual tiene como principio que los niños son capaces de ser sus propios maestros, solo necesitan tener varias opciones donde elegir libremente. Este método promueve la independencia del niño y la confianza en sí mismo, la concentración y la autodisciplina, la curiosidad, la empatía y el respeto a los demás.

"Los niños son capaces de ser sus propios maestros, solo necesitan tener varias opciones donde elegir libremente""Los niños son capaces de ser sus propios maestros, solo necesitan tener varias opciones donde elegir libremente"

¿Cuándo surgió la idea de aplicar este método a la cocina?

Recordé lo aprendido a lo largo de mi formación en el método Montessori y lo que había observado en varias escuelas Montessori, de manera que comencé a aplicarlo en casa y, más concretamente, a la hora de cocinar.

De modo que, de manera natural, el método Montessori se convirtió en la respuesta a algunas de sus necesidades y en el camino que decidimos recorrer mi marido y yo para acompañarlos en su crecimiento.

¿Qué crees que estimula en los niños cocinar sus propias recetas?

Absolutamente todo. La cocina es el lugar idóneo de nuestro hogar desde donde ofrecer a nuestros hijos experiencias que tienen como objetivo ayudar a estructurar su mente, así como estimular su inteligencia. Además, es el medio perfecto para conseguir desde casa esta autonomía e independencia mencionadas anteriormente.

Cuando mis hijos mayores tenían dos años y medio, tenían mucha curiosidad por ver lo que cocinaba y por participar en el proceso, pero no llegaban a ver lo que había en el banco de la cocina, de manera que mi marido y yo construimos una torre de aprendizaje para que pudiesen subirse y ver cómo cocinaba. Un día cogieron una cuchara y comenzaron a remover la ensalada de un bol mientras yo preparaba la cena, de manera que les enseñé a utilizar el pelador con una hortaliza y, cuando descubrieron que podían prepararse sus propios tentempiés, comenzaron a cocinar varias recetas.

Algunos de los beneficios que aportan las actividades llevadas a cabo en la cocina son:

  • Adquirir sentido del orden. Para preparar una receta es tan necesario seguir los pasos que se indican para elaborarla como mantener el orden y limpiar y recoger a la vez que cocinamos.
  • Refinar los movimientos. Como parte de los múltiples beneficios que implica cocinar, también destaca la adquisición de la motricidad fina, ya que utilizamos básicamente los dedos y las manos en todo el proceso. Los materiales empleados en el método Montessori son manipulativos y por medio de algunos de ellos los niños interiorizan conceptos gracias a los sentidos y aprenden a refinar sus movimientos.
  • Practicar e interiorizar conceptos matemáticos al asociar número y cantidad, al pesar y medir los ingredientes, al aprender proporciones, al calcular qué cantidad de cada alimento será necesaria, y al contar, interiorizando el concepto de tiempo a través del tiempo de preparación y cocción de las recetas.
  • Aprender ciencia, al observar y experimentar las reacciones que tienen algunos ingredientes entre sí, como, por ejemplo, cuando una masa fermenta con levadura, se hincha y eleva.
  • Enriquecer y ampliar su vocabulario. Hasta los seis años de edad, el niño se sitúa en un periodo sensible del lenguaje en el que puede adquirir con mayor facilidad vocabulario nuevo y todo tipo de expresiones. Es un tiempo idóneo para que aprenda no solo los verbos relacionados con la cocina, sino el nombre de los utensilios y los alimentos y los adjetivos relacionados con esta actividad.
  • Cocinar es una actividad sensorial con la que podemos disfrutar de todas las experiencias sensoriales que nos brindan los olores, sabores, colores, sonidos y texturas que desprenden los alimentos al cocinarse
  • Cocinar y no simular cocinar -es decir, no jugar a las cocinitas, sino realizar una actividad real- en la cocina ayuda a estructurar el cerebro de los niños. Repetir con exactitud los pasos para preparar una receta, coger de manera adecuada un utensilio o saber qué fuerza ejercer sobre este para que funcione correctamente, son actividades muy atractivas para los niños y les abre el camino hacia la adquisición de la autonomía, permitiéndoles tomar decisiones apropiadas y resolver los inconvenientes o problemas que puedan surgir hasta alcanzar el objetivo fijado.
  • Sitúa al niño en constante contacto con la naturaleza. Cultivar, manipular y cocinar alimentos permite al pequeño adquirir un mayor conocimiento del mundo que le rodea a través de la jardinería, la botánica, las ciencias naturales… y le ayuda a que encuentre su lugar en el mundo y la naturaleza.

Además, si los niños crean una receta nueva, esto se convierte en un aprendizaje significativo para ellos ya que parte de sus intereses directos.

"Si proveemos a los niños de utensilios adaptados a sus manos, seguros y les enseñamos a utilizarlos mientras les acompañamos, no tendríamos por qué prohibirles utilizarlos.""Si proveemos a los niños de utensilios adaptados a sus manos, seguros y les enseñamos a utilizarlos mientras les acompañamos, no tendríamos por qué prohibirles utilizarlos."

Muchas veces, los mayores o no creemos o no queremos creer que los niños pueden hacer muchas más cosas por si solos, que pueden tener una mayor autonomía, ¿crees que es algo cultural, tiene que ver con el miedo a que crezcan o simplemente porque es más fácil y rápido que lo haga el adulto?

Creo que, en parte, este hecho proviene de una sobreprotección en algunos casos. Entiendo que utilizar un cuchillo puede resultar peligroso, ya que, por ejemplo, los cuchillos que empleamos los adultos son más afilados que los de los niños y no disponen de los elementos de seguridad necesarios para que los niños desempeñen las acciones necesarias con absoluta tranquilidad por nuestra parte. Sin embargo, si proveemos a los niños de utensilios adaptados a sus manos, seguros y les enseñamos a utilizarlos mientras les acompañamos, no tendríamos por qué prohibirles utilizarlos.

Por otra parte, creo que las prisas nos superan. Por ejemplo, si implicamos a los niños en el proceso de recoger y limpiar la mesa o la cocina con una bayeta, cargar y vaciar el lavavajillas o incluso fregar, facilitándoles un estropajo y jabón y explicándoles cómo tienen que enjabonar y aclarar los platos y utensilios de cocina que han utilizado, los niños ganarán autonomía. Obviamente, esto supone un cambio de mentalidad por nuestra parte e invertir más tiempo en enseñarles, guiarles, acompañarles… sin embargo, con el tiempo, es más beneficioso para los niños.

Al principio, puede costar un poco cambiar nuestras costumbres como adultos y dejar espacio a los niños para actuar, ya que, si lo hacemos nosotros, lo hacemos más rápido y sin romper nada, pero creedme que, si les ayudamos con paciencia a ser autónomos también a la hora de cocinar, limpiar y poner la mesa, estaremos ayudando a que ganen seguridad en sí mismos y mejorará su autoestima en todos los ámbitos.

Patricia Pérez CerveróPatricia Pérez Cerveró

¿Cuáles crees que son los principales fallos en el modelo educativo actual? ¿Qué carencias les proporciona a los niños? ¿Cuáles de ellas cubre el método montessori?

Considero que ninguna pedagogía por sí misma es perfecta, todas tienen alguna carencia o descuidan algún aspecto concreto.

Hasta hace poco tiempo, las clases en los centros educativos eran magistrales, el centro era el maestro o profesor, no el niño. Actualmente, en algunas clases, esto continúa siendo así. El centro de la educación debe de ser el niño y nuestro objetivo como especialistas de la educación, brindarle un desarrollo integral con todo lo que esto supone.

Es necesario que los maestros y profesores se formen para poder ofrecer al niño todo aquello que necesite y, por supuesto, también hace falta una serie de recursos humanos, materiales y espaciales.

Algo que creo que sigue fallando a día de hoy en el día a día de casi todos los centros educativos, es la autonomía del niño. No se educa para que los niños sean autónomos, ni se considera el error como una oportunidad de aprendizaje para poder aprender a tomar buenas decisiones, ni se les permite equivocarse, al contrario. Se condena y castiga el error, la equivocación, y esto forma parte del proceso de aprendizaje.

En las escuelas Montessori, sin embargo, esto no sucede. En el método Montessori el adulto es un guía que acompaña al niño en su proceso de aprendizaje, pero el protagonista de dicho proceso es el niño, no el adulto. Se busca que el niño consiga ser lo más autónomo posible, que tome decisiones durante toda la jornada escolar y que depende lo mínimo posible del adulto. Esto no significa que el adulto no ejerza su función, al contrario, el adulto debe de guiar y acompañar al niño, pero respetando su desarrollo a todos los niveles y fomentando todas sus habilidades y destrezas para que el niño consiga ser la mejor versión de sí mismo.

¿Para qué niños y de qué edad es válido?

Es un libro de cocina para todos los niños, para que lo utilicen de manera autónoma desde los tres hasta los siete años, acompañados por sus padres, madres o profesores y convertir así la actividad de cocinar en un momento de encuentro familiar o una actividad pedagógica.

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