Mucho más que sol, playas y fiestas

Ibiza, o cómo vivir una experiencia imprescindible, mágica y sabrosa

Pero no hace falta ir cuando todo el mundo va, pues fuera de la temporada alta se descubre una Ibiza más íntima y natural, que ofrece imágenes inolvidables y en la que se come de maravilla.

Joaquín del Palacio

Joaquín del Palacio

Fotografías:

Actualizado
12/07/2016



Ibiza, en las islas Baleares, ha sido siempre un lugar al que han llegado gentes de muchos pueblos diferentes. Unos solamente han pasado y otros se han quedado más tiempo. Unos buscan diversión, otros playas y sol y muchos otros buenos restaurantes.

Desde cualquier lugar

Moda ibicenca

Moda ibicenca

Al preguntar en cualquier lugar del mundo si conocen España, siempre hay alguien que dice que estuvo en Ibiza alguna vez. El motivo suele ser una extraña razón, como la que tenía aquel muchacho de la Patagonia para conocerla… Viajó hace unos años porque sus padres fueron aquellos primeros melenudos, con sus ideas hippies y antimilitares, llegados a finales de los 60 y que trataban de vivir en comunas. Aquellos, extranjeros casi todos, que tenían sus buzones en lugares como el bar Anita, en los que el cartero metía sus cartas y después los peludos (así les llamaban los paisanos) dispersos por las zonas aledañas acudían cada cierto tiempo a recogerlas o a enviarlas.

¡Qué lugar este bar! Hay que tomar un aperitivo con vinos locales o merendar un flaó o una greisonera con un café o un licor de hierbas, típico de allí, sentado en la terraza dejando el tiempo pasar y, quizás, mientras suene la canción ‘Ibiza bar’ de Pink Floyd. Este grupo trae a la memoria la psicodelia y los sonidos del rock progresivo de aquellos años locos. Ellos mismos estuvieron en este bar y allí compusieron parte de su ‘Dark side of the moon’, una joya de la música.

Acunado por las olas

Sa Pedrera o Atlantis

Sa Pedrera o Atlantis

Arribar al puerto de Ibiza al caer la tarde, mientras el cielo se apaga y se enciende la ciudad, es una sensación única. Naves de todo tipo surcan las aguas transparentes, intentando alcanzar el puerto con luz natural. Es un espectáculo vespertino entre la dos Pitiusas (llamadas así por los griegos debido a la gran cantidad de pinos) que sorprende a quien lo ve. Hasta hace poco más o menos un siglo, todos llegaban a Ibiza por mar. Los fenicios y los romanos también estuvieron, y estos últimos, al menos, se dejaron en el siglo II, en la bahía de Sant Antoni de Portmany, un barco cargado con ánforas de salazón procedente de la Lusitania. Y allí sigue sumergido, durmiendo en el fondo.

Benirrás

Benirrás

Otros, a quienes no se les ha hundido el barco, llegan hasta la isla y costean buscando las mejores calitas para bañarse y los mejores restaurantes que otean desde el mar. Mi amigo Gonzalo es de los que prefieren navegar, a vela si puede ser, como en los viejos tiempos, y dormir acunado por las olas y el viento. Le gusta nadar hasta la arena entre los miles de azules que permite este mar. Y comer o cenar junto a la playa un gallo de san Pedro o el famoso raó, un pequeño pescado que jamás lo olvidará quien lo probó, con ricos vinos ibicencos de la bodega Can Rich y sus postres. Él busca y encuentra buenos restaurantes como Es Boldador o Sa Caleta, al borde del mar, y tal vez coma mirando el brillo del Sol o cene con la Luna sobre las brunas aguas nocturnas.

Abrir el apetito bañándose en las calas ibicencas y luego comer de maravilla allí mismo en un buen restaurante es un placer fácil de conseguir. Incluso, uno puede casarse en la orilla, montando un fiestón como Nina Hagen en la playa de Benirrás, una de las calas más singulares. Por toda la isla y junto a las playas hay buenos sitios para disfrutar de la comida tradicional ibicenca como el bullit de peix o los arroces. Se toman a buen precio en el restaurante Salvadó, junto al mar y en el este de la isla en la cala de Pou des Lleó, cerca de la isla que tiene un nombre muy sugerente: Tagomago.

Curvas entre pinos

Citroën Mehari

Citroën Mehari

Recorrer la isla desde el mar es un placer difícil de igualar, pero pasear en un descapotable negociando las curvas entre los pinos mientras el viento se encarga de tus pelos o tus barbas es comparable, muy sencillo y muy hippie. Es como emular a aquellos melenudos más pudientes que conducían un Citroën 2 CV, o su versión más ibicenca, playera y desenfadada: el Citroën Mehari. Ése sí que es un placer divertido, fácil y barato.

Este divertido coche es el medio de transporte perfecto para encontrar los mejores lugares, los más íntimos y recónditos de la isla o para practicar el agroturismo, ahora tan de moda. A pesar del nombre, el agroturismo está ofreciendo lo mejor en alojamientos con encanto, además de lujo, una restauración de alta calidad, y la paz y la tranquilidad necesarias para quienes quieren descansar tras pasar una noche de fiesta en Sant Antoni o en la capital.

Viñedos de Can Rich

Viñedos de Can Rich

Estos alojamientos aúnan lo mejor del campo y el lujo de los mejores hoteles. Cuentan con buenos restaurantes y la cercanía a los bares y discotecas de moda, porque en Ibiza no hay distancias. En el centro de la isla está el agroturismo Atzaró, que es una maravilla de lugar, en el que se come y se disfruta. Está diseñado para hacer feliz a los que allí van, muchos de los cuáles son famosos.

Otro alojamiento de agroturismo es Can Domo, cerca de Cala Llonga. Metido entre los pinos, es un lugar encantador en el que el restaurante es excepcional. El mejor sitio para celebrar una fiesta muy íntima.

Buscando la magia

Pescando langosta junto a Es Vedrá

Pescando langosta junto a Es Vedrá

Parte de la “culpa” de la cantidad de cosas buenas que pasan, el buen rollo que hay en la isla, las anécdotas y el buen recuerdo que deja Ibiza la tiene Es Vedrá, o al menos, éso dicen algunos. Según los expertos en estos temas, es uno de los lugares con más energía telúrica del Mediterráneo. Se trata de un islote vertical de 382 metros de altura y situado en el oeste de Ibiza, justo por el sitio donde el sol se mete en el mar. Este islote ha estado siempre despoblado, salvo unos años del siglo XIX en que la habitaba un eremita, el padre Palau, fundador de los Carmelitas Terciarios de España. Las leyendas e historias raras avalan a este islote como sitio mágico, pues algunos le consideran uno de los vértices del Triángulo del Silencio, una especie de Triángulo de las Bermudas español.

Muy cerca de este ídolo pétreo hay dos sitios cuya imagen nunca olvidará quien los visitó: una cantera y una cala. Hay que caminar un rato para llegar a las canteras de piedra con las que se construyeron las murallas de Ibizay que, entre otras cosas, hacen que la capital esté en la lista del Patrimonio de la Humanidad desde 1999. El lugar se llama Sa Pedrera, más conocido como Atlantis, y es una costa atípica, con rocas talladas, cortadas a cuchillo como en una cantera, lo que es, y semicubiertas por el mar. Un paisaje abstracto que se deja tomar miles de fotos diferentes.

Atardecer en cala Conta

Atardecer en cala Conta

No te acostarás, bueno, ni te podrás ir de Ibiza… ¡Sin haber visto atardecer en Cala Conta! Es el más impresionante atardecer ibicenco. Orientada perfectamente al ocaso; la situación y la geomorfología se unen para construir el marco ideal de un perfecto atardecer. A pesar del nombre de la cala, es una experiencia que no se puede describir con palabras: el sol baja hasta el mar entre farallones e islotes, mientras se hace naranja, incluso, rojo. Es indescriptible… Lo mejor es permanecer sentado en el restaurante Ses Roques, disfrutando de una cerveza fría y tomarla sin parpadear y sin dejar de tirar fotos… Luego hay que cenar para recordarlo, e incluso para ver la luna, que también juega su papel.

No te puedes perder:

  • Un paseo en barco desde Sant Antoni de Portmany para disfrutar de la pesca de la langosta y las calas. Es
    Raor, un pescado exquisito

    Raor, un pescado exquisito

    recomendable comer en el restaurante Es Rebost, especializado en el producto local de calidad y platos tradicionales.

  • Disfrutar del baño en las mejores calas y la comida en sus restaurantes. Pedir los pescados locales, el bullit de peix y el arroz con langosta, siempre acompañados con los vinos de Ibiza.
  • Una cena en la terraza del restaurante de Can Domo es una experiencia que nunca se olvidará. El remate perfecto será pernoctar allí mismo.
  • Alquilar un Citroën Mehari para recorrer la isla. Es muy divertido.
  • El restaurante Sa Brisa se preocupa por conseguir el pescado local y también por la recuperación del porc negre.
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