Jerez, río y mar
Joaquín del Palacio

Joaquín del Palacio

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Publicado el
27/11/2008



Fue una copa de vino la que me hizo disfrutar, sentir y recordar aquel viaje por el sur. Era un jerez. ¡Qué buen vino! Cerré los ojos para apreciar su bouquet y rememoré algunos rincones de la provincia de Cádiz. Dicen que no hay nada mejor para recordar que un aroma… Y recordé su vino y recordé su luz.

Estaba sentado en la terraza del Hostal Rompeolas,  el mejor sitio para divisar la playa de Regla en Chipiona, brindando por aquella imagen. Degustaba un moscatel mientras veía llegar el ocaso. Al mirar la copa al trasluz descubrí la inmensidad de aquella playa teñida por el vino. El Santuario de la Virgen de Regla sobresalía en un extremo de la playa y al otro, junto al sol en el horizonte, el faro empezaba a lanzar los primeros destellos que marcaban el final del día. El faro está construido sobre las ruinas de otro romano y es el más alto de España con 69 m. Mientras disfrutaba observando aquella playa las olas no cesaban de acunar mi cata.

Éste debe ser un lugar sano, porque a finales del siglo XIX se eligió Chipiona para edificar el primer Sanatorio Marítimo de España. Sí, es sano y tranquilo. Los paseos por las calles de Chipiona son muy agradables, destacando además sus alrededores repletos de paisajes naturales como las dunas o el Pinar de la Villa, donde habita el camaleón, una especie protegida muy exótica que no duda en cambiar de color para camuflarse. Sí, es sano y tranquilo, pero la próxima vez que venga será en carnavales porque aquí se celebran con chirigotas, comparsas y los finalizan con la Gran Cabalgata del Humor que es muy colorista y divertida.

A pesar de ser una tierra relativamente nueva, el Guadalquivir y el Atlántico han ido acumulando sedimentos poco a poco, la ocupación humana aquí es muy antigua. Los romanos ya estuvieron por aquí y lo llamaron Caepionis Turris debido a la torre que entonces hacía de faro. También los árabes estuvieron y dejaron su huella en el origen del castillo y en los corrales de pesca, unos pilones excavados en la roca del mar que servían para recoger los peces que allí quedaban.

Si el Moscatel es típico de Chipiona la Manzanilla lo es de Sanlúcar de Barrameda, un lugar especial por su ubicación y su historia y a pocos kilómetros de la patria chica de Rocío Jurado. Los árabes tomaron el poblado en el año 714 y posteriormente lo intentaron sin éxito los normandos y vikingos. Era un lugar tan deseado por todos que Cristóbal Colón eligió Sanlúcar para partir a América por tercera vez y Magallanes para dar la primera vuelta al mundo; este puerto fluvial en la desembocadura del Guadalquivir ha sido un lugar estratégico a lo largo de la historia. Un puerto que sirve también para partir a unas salinas aguas arriba ya que el Guadalquivir es salado varios kilómetros por el empuje superior del Atlántico; y un puerto para cruzar al paraíso, al Parque Nacional de Doñana que está justo enfrente.

Este antiguo coto es tan espectacular como raro, tan fácil es ver jabalíes beber en el río, miles de aves repostar en sus migraciones como algunas personas habitando allí dentro. Aún quedan algunas familias a las que se permitió vivir en sus viviendas tradicionales cuando se le nombró Parque Nacional de Doñana. Estas chozas están edificadas con materia prima autóctona como bayunco o brezo, todavía hoy mantienen algunas habitadas que merece la pena conocer. La vuelta a Sanlúcar hay que hacerla coincidir con alguna comida porque en la zona del puerto, en lo que llaman Bajo de Guía, hay muchos bares, restaurantes y chiringuitos dispuestos a sorprenderte con sus platos de sabroso pescado y marisco.

Cuando el aporte de sedimentos del Guadalquivir aún no había rellenado todas estas tierras había más marismas y zonas inundadas, por tanto la población solía ocupar los terrenos más elevados y secos. Uno de estos pequeños cerros era la Xera fenicia, Ceret para los romanos o la árabe Sherish, para nosotros es Jerez de la Frontera. Jerez tiene una luz diferente a todos los demás sitios y se manifiesta en sus casas, las fachadas brillan en color blanco y albero. También tiene un aroma diferente, huele a vino, y un sonido único, el de los cascos de sus caballos cartujanos acompañados de las palmas flamencas.

Jerez es un nombre conocido en todo el mundo porque la historia de sus vinos se extiende durante tres milenios. El clima, los suelos calizos y la influencia atlántica dan a sus viñedos unas características que les hacen únicos. La tradición vitivinícola llega hasta nuestros días y podemos disfrutarla visitando sus bodegas. Son las más especiales del mundo del vino y a ellas se suma el flamenco, el toreo, los caballos… Destacan entre sus históricas bodegas las de Garvey, Osborne o Valdivia. En sus barricas y tinajas los vinos envejecen en silencio y cogen solera bajo el velo que les cubre durante años y años hasta llegar a convertirse en una delicia para los sentidos. Los tipos de vino van desde el Fino, el más seco, de color pajizo y transparente, hasta el Pedro Ximénez de color caoba oscuro y el más dulce, dejando entre medias el Amontillado o la Manzanilla, entre otros.

Pasear por Jerez es disfrutar de su patrimonio. Los restos de la muralla, el alcázar o los palacios son recuerdos que no se olvidan; las iglesias son variadas y preciosas entre las que destaca la de Santa María, erigida sobre una antigua mezquita. Pero lo más espectacular de Jerez son sus fiestas coloristas y muy animadas. Desde la celebración de la Semana Santa que cuenta con 36 procesiones hasta la Fiesta del Caballo o la Feria de Mayo todas las fiestas jerezanas son conocidas internacionalmente y es un deleite vivirlas. En los últimos años otra nueva fiesta se ha unido a las tradicionales y además lo hace con mucho éxito, es el Mundial de Motociclismo. Es una fiesta que ha cambiado los aromas y los sonidos típicos del vino y el flamenco por los rugidos de motores de competición y el olor de la gasolina quemada. Los tiempos van cambiando y Jerez de la Frontera lleva tres milenios haciendo grande todo lo que por allí pasa.

Fotografias de J. M. Caraballo, mfrutos, dem y Emilio del Prado
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HAY UN COMENTARIO
  1. Avatar de Berta Enviado por
    Berta
    2 diciembre 2008, 12:34 am

    Es claramente difícil resumir en tan pocos párrafos una experiencia vivida y de tanto deleite como la de visitar una población de tanta trascendencia e historia. He estado en Jerez de paso, pero con este texto de Joaquín entiendo la importancia de pasar unos días de auténtico disfrute en este rincón andaluz. Me encanta que hable de todo un poco para tener ideas claras y luego poder cada uno profundizar en lo que más le guste.Sólo hay algo que echo de menos en su comentario: hablar de sus gentes, que suele ser algo muy importante en algunas poblaciones. Pero seguro que eso es mejor experimentar uno mismo, para así poder contarselo a los demás con entusiasmo. Son tan amables y simpáticos, los andaluces, que cualquier lugar de Jerez de la Frontera se hará agradable. Claro que iré, y pronto.

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