Un país seguro que permite disfrutar de su gastronomía y de lugares inolvidables
Jordania: Tres platos y un destino
La historia y una peculiar geografía hacen de Jordania un destino que merece la pena conocer, pues lugares como Petra o el Mar Muerto son únicos en el mundo.
Joaquín del Palacio

Joaquín del Palacio

Fotografías:

Traducción:

Publicado el
25/08/2015


Jordania es un país muy joven, sin embargo, sus encantos turísticos y la gastronomía proceden de su naturaleza y de su curiosa geografía, y también de su pasado, de lo que muchos pueblos han ido dejando en esta tierra. Son muchos los elementos que hacen de Jordania un destino único, atractivo y muy tranquiloLa seguridad es fundamental para el turismo y en Jordania uno se siente seguro. El mejor momento para ir es después de los calores del verano.

Amanece en Petra

El Tesoro. PetraEl Tesoro. Petra

En el silencio de la noche se oye la voz del muecín que llama a la primera oración del día. Es un eco inmenso que resuena por toda la ciudad antes del alba… Poco tiempo después los rayos del sol iluminarán Petra pintando la roca arenisca de mil colores que, paulatinamente, irán cambiando su tonalidad a lo largo del día.

Al amanecer todavía nadie ha cruzado el siq, el estrecho desfiladero por el que se entra y que estuvo durante siglos olvidado. Tampoco nadie ha llegado aún hasta el Tesoro, un mausoleo excavado en la montaña. Su imagen impactante es aquella que se nos quedó grabada a todos en la retina al ver la película Indiana Jones y la Última Cruzada. Ahí está. Estremece mirarlo. Es uno de los lugares más impresionantes de la Tierra, una mezcla de naturaleza caprichosa y el sorprendente trabajo humano que ha sacado, como hiciera Miguel Ángel muchos siglos después, la escultura que había dentro.



Pero aún hay que caminar más para alcanzar la gloria. Tras subir varios cientos de escalones, en los que te puedes cruzar con burros llevando turistas, aparece otra impresionante talla en la roca… Es el Monasterio. ¡Es aún más alucinante! Hasta aquí solamente llegan algunos visitantes y las sensaciones aumentan. Sentarse ante esa montaña esculpida y permanecer en silencio viendo el paisaje es el objetivo. Desde allí las vistas son una mezcla de historia y naturaleza, desde allí tienes toda Petra a tus pies.

Además hay muchos otros sepulcros. Puedes caminar durante horas y no parar de ver mausoleos y detalles pétreos. Los nabateos, que edificaron esta ciudad, vivían del comercio y de las caravanas; constituían una sociedad muy avanzada y organizada, aunque finalmente los romanos, que dominaban los alrededores, terminaron quedándosela, ¡cómo siempre! Siglos más tarde se abandonó y fue redescubierta en el siglo XIX.

El tabulé: un plato saludable y fresquito

CocinandoCocinando

El tabulé es una ensalada muy agradable para el verano que es típica en varios países árabes. Refresca e hidrata, debido a las propiedades refrescantes del zumo de limón o la hierbabuena. Apetece después de caminar horas recorriendo Petra. Además, es muy saludable y todos los ingredientes que lleva son vegetales. Es una receta ideal para tomar como plato o guarnición.



El restaurante Al-Qantarah, en Petra, es un edificio de estilo jordano que nos ofrece probar la cocina tradicional bien elaborada. La calidad es muy buena y la autenticidad también, platos como el mansaf, que cocinan a la perfección son una garantía para comidas o cenas. Tomar el mansaf es acercarse al origen de una receta beduina compuesta de cordero y arroz servido en el centro de la mesa para compartir. Es una experiencia en la que se mezclan sabores, aromas y las sensaciones de tomar un plato que la historia nos sirve en la mesa.

Mediodía en el mar Muerto

Terraza hotel Kempinski. Mar MuertoTerraza hotel Kempinski. Mar Muerto

El Mar Muerto tiene elementos que le hacen único y privilegiado. Es un lugar magnético, probablemente porque es el lugar de la superficie terrestre más cercano al centro líquido del planeta, aquel en el que reside el magnetismo. ¡Está a 415 metros bajo el nivel del mar y bajando! La evaporación supera poco a poco el aporte del río Jordán, casi el único que suma litros junto con alguna lluvia escasa. Hace unos milenios este mar, que ahora tiene unos 80 km. de longitud por un máximo de 16 de anchura, llegó a tener más de 200 km. y sus orillas estaban 200 m. más arriba; era el lago Lisán.

Lo que no se ve en este mar también es interesante. La vida, que siempre pareció no tener, sí existe pero es microscópica. Hay unas bacterias que se han adaptado a vivir en un ecosistema salado, hasta nueve veces más que los demás mares. Las sales y los minerales diversos que casi impiden la vida son, sin embargo, un balneario; tienen capacidad curativa. Los fangos de su fondo untados en la piel y los baños en sus aguas son ideales para mejorar enfermedades cutáneas y de los huesos.



La profundidad a la que se encuentra el mar Muerto hace que el aire sea más denso y tenga más oxígeno, se respire mejor y el sol tenga más filtro natural, aunque siempre haya que tener cuidado al tomarlo. Aquí la relajación es sublime.

Sin duda este mar es uno de los rincones geográficos más interesantes que existen por su situación, su composición, su clima, su historia… ¡Y además cura!

Platos de lujo

MercadoMercado

El mar Muerto pasa de ser un lugar inhóspito por su composición y sus características climáticas a ser curativo. Además, cuando se está hospedado en un hotel en sus orillas, los recuerdos pueden acompañarnos toda la vida.

El hotel Kempinski tiene todo lo que se puede necesitar: un buen spa para relajarse y disfrutar; cuatro restaurantes que ofrecen los mejores platos; y una situación privilegiada. El restaurante Obelisk ofrece el típico mansaf, uno de los típicos platos jordanos que el chef evoluciona y elabora desde una cocina de alto nivel. Comer o cenar en sus cuatro restaurantes viendo el mar Muerto al final de una piscina infinita o después de haber flotado en esas aguas tan especiales es una buena experiencia jordana.



Atardece en Jerash

Teatro de JerashTeatro de Jerash

La primera imagen de esta ciudad romana es la puerta que erigieron por una visita del emperador Adriano. Simplemente esta puerta y el circo que está junto a ella sería motivo suficiente para visitarla, pero esto solamente es el aperitivo.

Hay que adentrarse caminando por el cardo máximo, una de las dos vías principales de las ciudades romanas, y continuar hasta una plaza ovalada sin par, repleta de columnas y rodeada por templos y el teatro. ¡Qué lugar, el teatro! Posiblemente no exista otro espacio abierto con la acústica de este edificio, incluso en un espacio cerrado sería casi imposible conseguir esa calidad de sonido. Si una persona habla en voz baja desde la escena en la grada se escucha perfectamente.

Las sensaciones de la visita son indescriptibles. Continuando por el cardo se pasan dos arcos tetrápilos, arcos dobles para un cruce de calles, y hay un momento en que se entra en el pasado. Lo único que se ve es el cardo en perfecto estado, flanqueado de columnas, y al final el arco de la salida de la ciudad. No hay otra ciudad romana así.

Hace ya milenios que Jerash está ahí, pétrea e imperecedera, rejuveneciendo mientras el tiempo, siempre fugaz, se pasea por sus calles.

El hummus: un plato milenario

Hierbas y especiasHierbas y especias

Ziryab, un artista y gastrónomo del s. IX, fue el introductor de las principales costumbres gastronómicas, en la cocina y en la mesa, de la Córdoba musulmana. Tal vez en su camino desde Irak, lugar en que nació, hasta los confines occidentales del Mediterráneo pasara por Jordania. Por entonces Jerash era ya una ciudad con muchos siglos y se comía el hummus desde hacía miles de años, pues es un plato muy antiguo que se cree que se tomaba hace unos 7.000 años.

También es muy saludable y está muy rico. Se puede acompañar con aceite de oliva, zumo de limón y puede tomarse como guarnición de otros platos. En Jerash está el restaurante Artemis, el lugar ideal para tomarlo.

Además, no te puedes perder

  • Conocer los mercados y sentir sus colores y aromas.
  • Visitar Ammán, puerta de entrada al país. La capital es una bella desconocida. Está repleta de rincones y tiene buen ambiente.
  • Probar la gastronomía tradicional, es rica y variada.
  • Disfrutar de un atardecer en el mar Muerto.
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