La sal, ¿condimento o veneno?

La sal, ¿condimento o veneno?

La sal puede ser aliada o enemiga según cómo la uses. Descubre por qué no es un veneno, pero sí un ingrediente que exige moderación.

Durante años, la sal ha sido presentada como la gran enemiga de la salud. Campañas públicas y etiquetas con mensajes “bajos en sodio” la han convertido casi en un veneno moderno. Sin embargo, detrás de esa mala fama se esconde una verdad: la sal en sí no es la enemiga, sino su exceso.

Qué es la sal y por qué la necesitamos

La sal común o de mesa, es conocido también como cloruro de sodio, compuesto por aproximadamente un 40% de sodio y 60% de cloro. En China comenzó a emplearse como alimento hacia el 2670 a. d. C., y casi dos mil años después se realizaron las primeras extracciones. En España, podemos encontrarlas por ejemplo en las Salinas de Andalucía. A lo largo de la historia, su valor ha sido muy importante por su capacidad para conservar los alimentos, sobre todo cuando no existían los métodos actuales de preservación.

Se trata un mineral esencial para nuestro organismo. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), la sal regula los fluidos corporales, controla la cantidad de agua en nuestro cuerpo, y mantiene el pH de la sangre. Además, favorece la transmisión de los impulsos nerviosos junto con la relajación muscular. Según Asociación de Salinas Marinas (SALIMAR), la sal es importante para reponer los minerales perdidos a través del sudor, ayudando a mejorar los calambres musculares y favoreciendo una buena recuperación. Es evidente que una alimentación saludable puede ayudarnos a prevenir multitud de enfermedades.

Los riesgos del exceso de sal

El cuerpo necesita pequeñas cantidades diarias para funcionar correctamente, pero cuando la ingesta supera lo recomendado, los efectos se vuelven contraproducentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja no pasar de los 5 gramos diarios, aunque en países como España esa cifra se duplica con facilidad. Según datos de la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) en España consumimos de media 9,8 gramos de sal al día, cifra muy superior a la recomendada. El consumo abusivo de sal, según la OMS, se asocia con la hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y renales, sobre todo en personas con sedentarismo o dietas desequilibradas.

Un exceso de sal se asocia a enfermedades cardiovasculares

El problema no está solo en el salero, sino también en los productos ultraprocesados, como embutidos, salsas o platos precocinados. Estos son los verdaderos responsables invisibles de gran parte de la sal que consumimos. El sodio, junto con el cloruro, forma la sal común (cloruro de sodio), pero en las etiquetas suele aparecer solo como “sodio”, por lo que muchas personas no llegan a saber la cantidad real consumida. Para calcular la cantidad total de sal, solo hay que multiplicar los gramos de sodio por 2,5. Por lo que un alimento con 2 gramos de sodio, ya equivale a 5 gramos de sal. Incluso sin añadir sal al cocinar, es muy fácil superar el límite diario sin darnos casi ni cuenta.

La sal: entre el placer y la moderación

La sal realza el sabor de las comidas y despierta el apetito. También aporta matices únicos cuando se combina con hierbas aromáticas, y mejora los platos junto con las especias.

A parte de su valor gastronómico, es esencial para nuestra salud y el correcto funcionamiento del cuerpo humano. Sin embargo, un consumo excesivo puede tener efectos contraproducentes, por lo que no hay superar los 5 gramos diarios (2 gramos de sodio). Una opción más saludable es consumir sal yodada, al tener una cantidad adecuada de yodo, necesario para el correcto funcionamiento de la tiroides. En el equilibrio está la clave: la sal no es un enemigo, sino una aliada si está bien dosificada.

La sal puede realzar el sabor de nuestras comidas
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¿Quién es Ángel Zhu?

Ángel Zhu Li es un profesional polifacético que ha construido su trayectoria sobre la base del esfuerzo,... Ver más sobre el autor