La temperatura de un vino es fundamental para sacar todo lo que el bodeguero intenta expresar con él.

La temperatura de consumo del vino

Con Mucha Gula14/04/2010
La temperatura de un vino es fundamental para sacar todo lo que el bodeguero intenta expresar con él.La temperatura de un vino es fundamental para sacar todo lo que el bodeguero intenta expresar con él.

Yo que aquí os cuento mi vida, soy un consumidor de vino algo extraño: soy de los que piden una champanera con hielo para algunos tintos, y de los que pido que saquen de ella inmediatamente un blanco o un joven. Muchos de los camareros que me sirven la botella, recién sacada de la estantería que está al lado de la cocina, me miran con cara de extrañeza y piensan que soy un esnob.

Realmente, no es tanto esto como que para mí la temperatura un vino es fundamental para sacar todo lo que el bodeguero intenta expresar con él. Aquella hace de un abominable tintorro un vino pasable y que un gran vino se convierta en algo plano sin el menor interés.

A base de prueba y error he llegado a algunas conclusiones  que a continuación os expongo:

  • Un vino tinto joven, con algo de astringencia, mucha fruta y algo de acidez, al tomarlo a una temperatura baja, ensalza lo secante y verde y pierde la fruta.
  • Si ese mismo vino lo tomas caliente, 20 grados, pierde la gracia y la chispa de su juventud y acidez.
  • Un vino tinto con crianza y algo alcohólico –mayoría de los levantinos, andaluces y castellanos en España-, si lo enfriamos mucho pierde complejidad y aromas terciarios (cueros, tabaco..), pero si lo tomamos a una temperatura de 15-16 grados, se muestra en todo su esplendor mientras que el temido alcohol no aparece, o si aparece lo hace de forma no  molesta. Más de esta temperatura me resulta peligrosa.
  • El vino blanco sin madera admite temperaturas bajas, que van subiendo según aumenta la complejidad y crianza del vino, partiendo de unos 8 grados para blancos normales y llegando a los 14, por ejemplo, para los borgoñas viejos y, en general, para vinos con criandos en madera o sobre sus lías. Lo mismo ocurre con los generosos: manzanillas y finos a 6-8 grados y el resto –olorosos, amontillados, Pedro Ximénez…- por encima de los 12.
  • Los rosados se pueden tratar como blancos jóvenes, en el caso de un Mateus Rose por ejemplo, o como blancos con crianza, por ejemplo, en caso de un Chivite 125.

Quizá los únicos vinos blancos o rosados que permiten temperaturas cercanas a 4-5 grados sean los espumosos. Es en este margen donde los champanes se crecen y dan de sí su faceta más divertida y chispeante, aunque en el caso de los grandes reservas me incline más por una temperatura algo más alta.

En resumen, los cuatro grados son muy buenos para los yogures, pero no para nuestros vinos y los 25 lo son para una cerveza en Reino unido, pero no para nuestros tintos. Pero siempre con excepciones que confirman la regla como he contado antes.