La temperatura perfecta de los vinos | Beber
Grados y consejos para que tomes tu vino a su temperatura ideal
La temperatura perfecta de los vinos
Si queremos que un tinto nos sepa a tinto, un blanco a blanco y un rosado a rosado, no basta con abrir la botella y beber. Debemos encontrar la temperatura perfecta para cada tipo de vino y, de esa forma, explotaremos al máximo sus bondades.
Jesús Sánchez Celada

Jesús Sánchez Celada

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Traducción:

Actualizado
12/06/2018



Suele ser este un tema recurrente y que genera debate. Los hay a quienes les gusta tomar el vino tinto un poco frío, otros en cambio pondrán el grito en el cielo si su rioja no está a temperatura ambiente. En el caso de los blancos hay menos controversia, pero no faltan los que lo quieren frio y otros “al borde de la congelación”. En fin, para gustos colores, pero lo cierto es que existen unas temperaturas adecuadas para cada vino y, siguiendo los consejos de los expertos, podremos disfrutar mejor de sus cualidades, potenciar su sabor y su aroma, sus sabores dulces o incluso sus alcoholes. En definitiva, explotar las bondades que nos ofrecen, en función del tipo de vino que queramos tomar. Por ejemplo, debemos saber que cuando un vino se toma entre los 2 y 4ºC, apenas podremos percibir sus aromas y se acentuarán los sabores ácidos.

Os ofrecemos una pequeña guía rápida para que al menos sepas cuál es la temperatura ideal de tu vino preferido:

Vinos tintos

El por qué no debe servirse frío un vino tinto se debe básicamente a que con poca temperatura no se consigue que la evaporación del alcohol haga que los aromas más fuertes y menos agradables afloren, por lo tanto la temperatura general adecuada debe estar entro los 16 y los 18ºC. 

Si lo que vamos a catar es un vino tinto joven, esta temperatura desciende ligeramente hasta los 12 o 15ºC, de tal forma que podamos disfrutar más de su frescura y de los matices florales que aparecen en este tipo de tintos. En los crianzas, la temperatura perfecta debe rondar los 16 o 18ºC, mientras que si tenemos enfrente uno de gran añada, debemos llegar hasta los 20ºC como norma general, para poder apreciarlo en toda su plenitud.

Vinos blancos

No nos equivoquemos con la temperatura de los blancos: no basta con dejarlos en la nevera o meterlos un rato en el congelador hasta que estén fríos. Una temperatura inadecuada será igual de perjudicial para sus propiedades como lo es tomar un vino tinto excesivamente caliente.

Los vinos blancos más jovenes y secos, deben servirse entre 7 y 10ºC para, de esta forma, no destacar en exceso su acidez ni sus grados de alcohol, si bien es cierto que podemos bajar a 6ºC y de esta forma florecerán y se incrementarán sus características frutales. Los blancos de crianza, para no perder los aromas al roble en el que maduran, deben servirse entre 10 y 12ºC. En lo que a manzanillas y finos se refiere, la temperatura idónea ronda entre los 7 y 10ºC.

Vinos rosados

Podemos decir que con los rosados debemos seguir la misma pauta en lo que a los blancos se refiere: no basta enfriarlos y punto. Debemos entender que la temperatura influirá directamente en el resultado de la cata.

Los vinos rosados más ligeros y con menos cuerpo deberían tomarse a una temperatura que oscile entre los 5 y 7ºC, mientras los que tengan más cuerpo pueden subir hasta los 9ºC.

Unos cuántos consejos para conseguir la temperatura perfecta

  • Para enfriar el vino, no uses la nevera ni el congelador. Lo ideal para que el vino alcance su temperatura idónea es introducirlo en una cubitera con hielo o envolverlo en una toalla húmeda.
  • Es importante que el vino vaya cogiendo temperatura poco a poco, por lo tanto debes preveer su consumo para poder alcanzar la temperatura deseada con tiempo.
  • Para medir la temperatura de los vinos, si no disponemos de una cámara que mida los grados, podemos adquirir un termómetro específico para ello en cualquier tienda especializada de cocina.
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