Con mar, lago, monte y cultivos, produce una gastronomía diversa y sabrosa
La verdadera Costa Azul está para comérsela
Pinares verdes sobre peñascales blancos, playas salvajes con chiriguitos de calidad francesa, puertos pesqueros con puestos de pescado, pueblecitos para pasear… Pero, sobre todo, hay que sentir y disfrutar de Martigues, la Ciudad del Agua.
Joaquín del Palacio

Joaquín del Palacio

Fotografías:

Traducción:

Actualizado
27/12/2018



Pinares en la roca calizaPinares en la roca caliza

Antes de aterrizar se puede apreciar un paisaje como sacado de un cuadro: de color verde por los pinares, con un fondo blanco de la roca caliza y el azul del Mediterráneo. En su orilla se distingue un paisaje recortado con el típico relieve de playas y calanques (valles estrechos y profundos que llegan hasta el mar), que la erosión kárstica ha modelado y que caracteriza a la peculiar Côte Bleue.

También se puede observar el azul del lago de Berre, el lago salado más grande de Europa, y su conexión con el Mediterráneo a través del canal de Caronte. En esa unión entre el lago y el canal hay una ciudad muy especial: Martigues. Esta población se estableció en el mejor lugar y hoy permanece como flotando en el agua.

La Ciudad del Agua

Un canal de MartiguesUn canal de Martigues

En el encuentro entre el lago de Berre y el canal de Caronte, hace muchos siglos, se fundaron tres burgos, cada uno con su iglesia: Ferrieres, Jonquieres y L’Ile, esta última sobre muchas pequeñas islas. A finales del siglo XVI se unieron formando Martigues, una de las ciudades con más encanto de Europa. Está muy relacionada con las aguas, por su situación en la orilla del lago junto a la bocana del canal y cerca del mar; ellas le han proporcionado sal, pescado y ahora, turismo. Además, está muy unida al agua dulce porque tiene muchas fuentes, que suenan y brillan bajo el sol o a la luz de las farolas.

Pulpo a la brasa de Chez FrancinePulpo a la brasa de Chez Francine

Esas farolas que iluminan y convierten los canales en espejos, con reflejos de barcos que se mecen y casas que parecen flotar entre los puentes o las fuentes, las macetas floridas o las terrazas. Un paseo nocturno por aquí es un deleite. El húmedo silencio teñido de luz amarilla solamente se rompe por el jazz de una ventana lejana o los pasos de una pareja que pasea a medianoche. Martigues enamora por donde se la quiera mirar.

En francés azul se dice bleu

Desde L’Estaque, al noroeste de Marsella, hasta Ponteau, en Martigues, se extiende la Côte Bleue francesa, es la verdadera Costa Azul. Azur es un tipo de azul concreto, pero bleu es todo el azul. Es una costa íntima, auténtica, rural, como de otra época; aún por descubrir.

Es fácil disfrutar del tiempo a otro ritmo, de la playa sin gente y de los chiringuitos como Chez Francine, con unos platos sensacionales. Está especializado en pescados locales, como salmonetes, sepia… ¡y el pulpo! Este plato es inolvidable. Lo sirven entero a la brasa, entre verduritas de allí mismo y acompañado de un fresquito vino blanco, de allí también, mientras divisas el mar, el mar de todos los azules.

Dorada del Auberge du MerouDorada del Auberge du Merou

Una línea férrea recorre este paraíso entre puentes y túneles, es el transporte secreto para no perderse ni un milímetro de esa privilegiada orilla. En L’Estaque, lugar más ancho y llano, hay muchos restaurantes y un gran puerto, pero en Niolon se agarran a las paredes para no volcar porque el suelo casi no está. Es cuasivertical. En esa ladera caliza, como lo hacen los pinos, se ancla el Auberge du Merou, colgado sobre el azul y encima de un puertito con media docena de barcas. No caben más. Simplemente comerte en esa terraza una dorada a la brasa, con un blanco francés fresquito, puede ser el objetivo del viaje.

De la tierra y del agua

El calen, un arte de pesca a punto de desaparecerEl calen, un arte de pesca a punto de desaparecer

El calen es un sistema de pesca que se practica en el canal de Caronte. Con un sistema motorizado que eleva unas redes de 82 por 15 metros pescan doradas, mújoles… Del mújol extraen su caviar, lo llaman putangue, y es una delicatessen. Por el canal pasan los bancos de peces del mar al lago o viceversa, para criar o alimentarse. Nadie sabe con certeza cúando ni dónde está la pesca, pero los pescadores locales sí deben saberlo, o tal vez se guíen por la intuición para pescarlos, porque sí aciertan. Es un arte de pesca único y actualmente es el último calen en funcionamiento en toda Francia y, posiblemente, en el mundo.

VendimiandoVendimiando

En las inmediaciones de Martigues se ha vivido siempre de la agricultura y esos productos los venden en el mercadillo que ponen en la zona de Ferrieres. Hay verduras, frutas, pescado, carne, quesos, vinos… Todos son productos de proximidad.

En estos campos siempre ha habido frutales, cultivos y pequeños viñedos. Los bodegueros se unieron en la Cooperativa de Saint Julien les Martigues y hoy sus vinos tienen bastante calidad: un gran vino blanco llamado Miss, también lo hacen rosado y tinto; pero para rojo, como le dicen allí, el tinto cuvée réservée, que está muy rico y es tan francés que en su buqué muestra su terroir. Este vino es ideal, por ejemplo, para cenar una buena carne en el restaurante Bertrand Roy y pasear después, viendo los barcos mecerse en los canales a la luz de las farolas.

Balcones sagrados

Mercadillo de productos locales de MartiguesMercadillo de productos locales de Martigues

Siempre es bueno subirse a una atalaya para divisar la geografía en derredor; desde la ermita de Notre Dame des Marins, en lo alto, se ven todos los componentes del paisaje: canales, puentes, barcos, casas, el lago, el canal… y en lontananza el mar. Es el lugar para sentarse con un vinito de La Venise Provençale y unos bombones hexagonales o unas dulces perlas del lago para echar el rato disfrutando. Eso es felicidad.

La confitería de Jean Bernard Poitevin ha ganado varios premios elaborando chocolate. Con él hace tomettes, unas ricas baldositas hexagonales con un rico sabor de anís, y Aux Perles de l’Etang, perlas de chocolate y licor. También entre sus especialidades tiene las navettes (barquitas), típicas de Marsella y que preparan con varios sabores diferentes.

Otra ermita-mirador es la de la Santa Cruz, junto a la playa del mismo nombre. Hasta la misma orilla del mar llegan los pinos y bajo ellos hay un camping que está situado en el mejor lugar. Allí hacen la serie Camping Paradis, muy famosa en Francia; aunque aquí lugares así hay muchos: Tamaris, Carry-le-Rouet o las canteras de piedra que forman un extraño paisaje junto al Parque Regional Marino de la Costa Azul. Estas aguas son ideales para hacer buceo, por el buen estado de sus fondos y la diversidad de fauna y flora submarina. Toda la costa se puede recorrer por un sendero que se mete por todos los recovecos naturales de sus playas, calas y calanques, para descubrir el encanto de la verdadera Costa Azul.

No te puedes perder:

Costa AzulCosta Azul
  • Acudir al puerto pesquero de Carro para ver los puestos de pescado junto a los barcos.
  • Hacer el recorrido en tren que va de Martigues a Marsella recorriendo toda la Costa Azul, u optar por caminar por el sendero que recorre toda la costa y se mete por los mejores sitios.
  • Visitar el último calen, el sistema de pesca del Canal de Caronte, y probar la putangue que es típica.
  • Visitar los 3 museos de Martigues: de historia, de cine y de arte. Son gratuitos y están muy bien documentados.

Información práctica:

  • Clair Hotel tiene una terraza muy buena. A pesar de estar céntrico es tranquilo y, además, cuenta con aparcamiento. Tiene un buen desayuno completo y con productos de calidad.
  • Aeropuerto de Marsella Provenza a 28 km de Martigues. Ryanair tiene cinco vuelos semanales.
  • También hay AVE directo desde varias ciudades españolas hasta Marsella.


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