El lugar más remoto de Europa es exótico, muy atractivo y produce alimentos de mucha calidad

Las islas Azores, producto del mar y de los volcanes

Un archipiélago con nueve islas de origen volcánico, en medio del océano Atlántico, que ofrece paisajes preciosos, lugares rurales tranquilos, pueblos con encanto... Y además, su gastronomía cuenta con platos muy diversos, sabrosos y tradicionales, buenos dulces... ¡Y vinos muy interesantes!

Joaquín del Palacio

Joaquín del Palacio

Fotografías:

Actualizado
24/08/2016



A unos 1.600 km. al oeste de las costas del Portugal peninsular, en medio del océano Atlántico, se encuentra el archipiélago de las Azores, el lugar más remoto y exótico de Europa. Entre las nueve islas solamente suman 2.325 kilómetros cuadrados, pero en ellas hay una geografía que las hace únicas, una historia curiosa que las unió a España durante sesenta años, allá por los siglos XVI y XVII, y una gastronomía con buenos productos y muy peculiar.

Montañas que bucean

Paraje de Terceira

Paraje de Terceira

La Dorsal Atlántica es la mayor cordillera del planeta y recorre todo el océano de norte a sur, aunque no la percibamos porque está sumergida en las aguas atlánticas. A veces sus picos afloran a la superficie, generando islas. Un grupo de estas cimas culminantes, de origen volcánico, forma el archipiélago de las Azores que, además de contar con la cumbre más alta de esta cadena montañosa, el volcán de la isla de Pico, es también el techo de Portugal. Este territorio se ubica en las tres placas continentales que confluyen allí: la norteamericana, la euroasiática y la africana. Azores es todo un hito geológico, único en el mundo.

El azar quiso que en la primera mitad del siglo XV los navegantes portugueses las descubrieran; luego sería usado como punto estratégico para las escalas en las singladuras por los tres continentes, en los que Portugal tuvo sus colonias: América, África y Asia. El puerto seguro y bien defendido estaba en Angra do Heroismo, la capital de Terceira; su importancia histórica y el encanto urbano contribuyeron a que fuese la primera ciudad lusa en ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983.

Tres vacas por persona

Quesos típicos

Quesos típicos

Terceira fue la tercera isla en ser descubierta en los años 20 del siglo XV, de ahí su nombre, y también es la tercera en tamaño con 403 kilómetros cuadrados. La habitan unas 56.000 personas y, sin embargo, las vacas triplican la población humana. Ellas se crían libremente en los prados, comiendo la hierba que tiñe de verde la isla, incluso en verano. Su carne y los lácteos que producen tienen la misma calidad que aquellas vacas del antiguo mundo rural, del que tristemente en Europa ya no queda casi ni el recuerdo. La Quinta das Azores tiene quesería, carnicería, tienda, restaurante (con carnes excelentes) y una heladería con helados muy ricos. Te ofrecen sus productos vacunos, con todo el sabor auténtico de la ganadería extensiva, que se cría en libertad comiendo hierba todo el año.

Curreis, viñedos entre piedras

Curreis, viñedos entre piedras

El origen volcánico de este archipiélago produce paisajes especiales, denominados geositios. Algunas de estas maravillas naturales, como Algar do Carvao, Misterios Negros o la Gruta do Natal, de importancia mundial, son fruto de las reiteradas erupciones que generaron la isla y, además, se pueden visitar. Son verdaderas maravillas naturales que hay que conocer. El caso de Algar do Carvao es insólito en el mundo porque se recorre la chimenea de un volcán (lugar por el que sale la lava) y cuenta con estalactitas y estalagmitas de sílice, algo exclusivo de esta cavidad.

Las imágenes de su naturaleza y los sabores de la gastronomía azoriana se quedan pequeños al compararlos con las sensaciones de tranquilidad y desconexión que produce la vida isleña, y la bondad y la cercanía de su gente. El azoriano es hospitalario, y lo ideal para integrarse en su vida es alojarse en una casa azoriana, compartir sus costumbres, tomar sus platos tradicionales y sentir el ritmo de la vida placentera. Alguno de estos alojamientos, como por ejemplo Quinta do Martelo, nos muestra sus tradiciones a través de su museo etnográfico, que sirve para conocer los antiguos oficios, las tiendas de los pueblos y el restaurante típico de toda la vida, en el que sirven platos tradicionales.

Con forma de corazón

Molinos de Graciosa

Molinos de Graciosa

Aún más tranquila y auténtica es Graciosa, una pequeña isla de solamente 61 kilométros cuadrados (12 x 7 km) que se divisa en los días claros desde el noroeste de Terceira. Es un pequeño espacio que casi se podría recorrer entero a pie en un día y, sin embargo, no se ve entera en cuatro. Así de pequeña e intensa es Graciosa, una isla que tocará tu corazón, tal vez por su forma similar o porque a través de las Furnas do Enxofre, otro precioso volcán, se conecta directamente con el corazón líquido y ardiente de la Tierra. Esta caldera, la laguna y la curiosa formación que atesora en su interior, una gran sala de casi 200 metros de longitud, forman uno de los principales geositios azorianos.

Esta isla está muy vinculada al océano por la pesca, que les sirve para conseguir y elaborar productos gastronómicos de calidad como el pescado seco y las algas bermellas, que incluso exportan a España, entre otros países. Los dulces son otro de sus bocados más 

Pescado seco. Congrio

Pescado seco. Congrio

ricos: las quesadas y los pasteles de arroz están muy ricos tomados con el vino blanco de Graciosa, el Pedras Brancas, por ejemplo.

En el territorio portugués siempre se come bien y en Azores, además, la tradición y los productos permiten recetas de alta calidad y buenos precios.

Al tratarse de una pequeña isla casi todos sus encantos aparecen junto a la costa, como las principales poblaciones, los molinos, los faros… Muchos de estos molinos han sido restaurados y se lucen como abstractos puntos de color en la costa, de cara al viento. Y los faros… ¡Ésa es la gran anécdota de Graciosa! El faro de Ponta da Barca, que con sus 23 metros es el más alto de Azores, se visita completamente. Sí, entero. Se sube por una escalera de caracol de cine, se sale al balconcillo y se siente el viento en la cara, mientras se disfruta de unas vistas inolvidables, e incluso se entra en el espacio donde giran las lupas que emiten la luz… Es sensacional poder sentirse como el propio farero allí arriba, oteando el mar y sintiendo el foco de tu faro girar…

Isla vs barco invertido

Isla de San Jorge

Isla de San Jorge

La navegación entre islas transmite sensaciones similares a las que sintieron aquellos navegantes del siglo XV al cruzar el océano. Al navegar resulta sencillo avistar cetáceos, sobre todo delfines, e incluso grandes cachalotes o inmensas ballenas azules que llegan a pesar hasta 140.000 kg. Estos animales habitan en estas aguas… Y se les ve con facilidad. La aproximación a las islas emociona desde que se vislumbran a lo lejos, entre la bruma oceánica, hasta que se contrasta perfectamente su silueta y se aprecia su relieve… Es una sensación habitual en las Azores.

Delfín

Delfín

En la distancia asoma, entre los grises de la niebla, San Jorge, una isla alargada (54 x 6,9 km) con una costa abrupta repleta de acantilados rocosos y verdes, tajados por gargantas con ríos que a veces saltan al vacío. Se asemeja al casco rocoso de un barco invertido flotando en el mar. Un lugar extraño y exótico que se muestra como una isla casi despoblada, con precipicios verdes entre la bruma cortados por barrancos y blancas líneas verticales de cascadas que caen directamente al mar. Es alucinante. A veces este paisaje se rompe con una fajá (se dice fayá), que es un terreno emergido llano y bajo, a ras de mar, con forma triangular en los que suele ubicarse la población. También hay casas en otros lugares, aunque son escasas por lo abrupto del terreno. En toda la isla no llegan a los 10.000 habitantes.

Escalera del faro de Ponta da Barca

Escalera del faro de Ponta da Barca

Es otra isla tranquila, especial por su geografía, su ambiente y las vistas. Justo enfrente está la isla de Pico, con su volcán de 2.351 metros, el pico más alto de Portugal y de la cordillera submarina. Es una isla mirador porque, al ser tan estrecha y sin costa baja, las carreteras se asoman a los acantilados ofreciendo fotos constantemente; para disfrutar sentado de esas panorámicas y comiendo de maravilla, está el restaurante Ponto de Encontro, que dispone de terraza, donde sirven buenos platos y que, además, tiene las mejores vistas de Pico. No hay que olvidar que San Jorge tiene los mejores quesos del archipiélago y también el mejor atún de Portugal, no en vano en otros tiempos funcionaban en la isla varias factorías de conserva que ahora están abandonadas porque los tiempos han cambiado, aunque la calidad de los atunes continúe siendo excelente.

No te puedes perder:

Costa azoreña

Costa azoreña

  • Visitar el faro de Ponta da Barca, en Graciosa. Visita completa y gratuita los miércoles por la tarde. Se pueden ver absolutamente todas las partes del faro y disfrutar de las vistas.
  • Hacer la excursión en barco de Terceira a San Jorge para avistar cetáceos y divisar, desde el mar, una de las islas más exóticas del mundo.
  • Probar los quesos y el atún de San Jorge; los pescados secos y los dulces con los vinos de Graciosa; y las carnes, los lácteos y los vinos de Terceira. Son productos ricos que preparan muy bien. También hay que probar la alcatra, un guiso de carne o pescado excelente.
  • Visitar alguno de los geositios, como Algar do Carvao, Gruta do Natal o Furnas do Enxofre. Están entre las mejores visitas de sitios volcánicos en el mundo.
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