Laura Garat comenzó compartiendo en redes sociales su experiencia con la alimentación keto y low carb, un enfoque con el que consiguió construir una comunidad enorme gracias a un discurso sincero, cercano, realista y alejado de esa perfección constante que en ocasiones parece dominar internet. Con el tiempo, su contenido evolucionó junto a su vida personal: hoy, además de seguir hablando de hábitos saludables, recetas y bienestar, aborda también la alimentación infantil desde una perspectiva mucho más flexible y sin extremos.
Madre de dos hijas y una de las voces más reconocibles del universo healthy en redes, Laura defiende una relación equilibrada con la comida, alejada de las prohibiciones y centrada en el sentido común. Algo cada vez más necesario.
- Inés Basterra: “Como en todos los sectores, en la cocina también hay modas, y esto influye a la hora de crear recetas para redes”
- Nuria Garo: “No conecto nada con eso de alimentos “buenos” o “malos”, o de vivir permanentemente controlando lo que comes”
- Eric Lahuerta: “Los creadores de contenido gastronómico tenemos una responsabilidad: enseñar cocina real, con ingredientes reales”
Empezaste con contenido keto y ahora hablas de alimentación infantil sin extremos. ¿Qué cambió?
He evolucionado con el tiempo, me quedé embarazada, fui madre, y mi forma de ver la alimentación también evolucionó. A nivel personal, la alimentación keto y low carb me sienta muy bien y sigue siendo mi base. Pero cuando hablamos de mis hijas, mi enfoque es distinto: en casa priorizo alimentos reales, de calidad, y un entorno sin extremos. Intento ofrecer alternativas más nutritivas, por ejemplo, buscando sustitutos del gluten cuando tiene sentido, creando recetas endulzadas con fruta en vez de azúcar, pero sin poner etiquetas ni generar rigidez. Me importa más que crezcan con una buena relación con la comida que encajarlas en un tipo de dieta concreto.
¿Te arrepientes de haber defendido ciertos enfoques más restrictivos en el pasado?
No lo veo como algo de lo que arrepentirme, porque en realidad nunca me he sentido extremista dentro del mundo keto. Desde el principio hablaba de un enfoque bastante flexible. De hecho, creé mi cuenta porque sentía que era la única que no lo hacía ‘perfecto’: yo enseñaba cuando me saltaba la dieta, cuando no seguía las normas al 100%. La perfección nunca ha sido lo mío. Lo que sí tengo claro ahora es que no es un tipo de alimentación para todo el mundo, y que se puede vivir de una forma mucho más flexible. Al final, más que cambiar de postura, he ganado perspectiva.
Como madre, ¿qué es lo más difícil a la hora de educar en alimentación hoy?
Para mí, lo más difícil es el agotamiento. Hoy en día trabajamos, llevamos mil cosas a la vez y, además, tenemos la responsabilidad de alimentar y nutrir a otros para que crezcan fuertes y sanos. En ese contexto, lo más complicado muchas veces es simplemente planificar. También es un reto el entorno en el que vivimos. Las grandes corporaciones todavía no se han alineado con lo que muchos padres buscamos: alimentos más simples, sin azúcar y sin listas eternas de ingredientes. Y luego está todo el marketing dirigido a niños, con envases llenos de dibujos llamativos que en realidad esconden productos con mucho azúcar. Al final, educar en alimentación hoy no depende solo de lo que haces en casa, sino de todo lo que hay alrededor… y eso lo hace bastante más difícil.

¿Dónde está el equilibrio entre cuidar lo que comen tus hijas y no generarles una mala relación con la comida?
Para mí el equilibrio está en el día a día. Yo siempre les repito que no hay alimentos malos, que pueden comer de todo. Pero también es verdad que en casa soy yo quien decide qué entra, y prefiero no traer esa ‘tentación’ constante. Intento que lo cotidiano sea lo que suma: comida real, opciones nutritivas… y también versiones caseras que están buenísimas. Si probaran un pan de plátano sin azúcar o unos muffins de chocolate hechos en casa, entenderían que no hace falta recurrir siempre a lo ultraprocesado. Y luego, fuera de casa, hay flexibilidad total. Pueden comer pizza, hamburguesas… no pasa nada. Para mí la clave está ahí: en cuidar lo que pasa la mayor parte del tiempo, sin prohibir ni dramatizar lo puntual.
¿Cómo gestionas situaciones cotidianas como cumpleaños, chuches o comida rápida?
De momento no es algo que me resulte especialmente difícil, porque en mi entorno hay bastante conciencia y no es habitual que los niños estén rodeados de chuches constantemente. Pero cuando pasa, intento gestionarlo con sentido común. Muchas veces les doy de comer antes de salir, así no llegan con tanta hambre y no arrasan con todo. Y luego, si quieren comer algo, lo hacen sin problema. No pasa nada por un día puntual. Para mí la clave es no dramatizar ni prohibir, sino acompañar y cuidar lo que ocurre en el día a día, que es lo que realmente marca la diferencia.
¿Crees que estamos criando a niños con demasiadas normas alrededor de la comida?
No necesariamente. Creo que el problema no es que haya normas, sino cómo se plantean. Los niños necesitan cierta estructura, pero sin rigidez ni miedo. Para mí la clave está en educar desde el ejemplo y el equilibrio: en casa hay una base de alimentos reales y de calidad, pero sin prohibiciones ni dramatizar lo puntual. Más que exceso de normas, lo que intento evitar es que la comida se convierta en algo cargado de culpa o presión.
En redes hay mucha presión por hacerlo “perfecto”. ¿Te has sentido juzgada como madre?
Sí y no. Es verdad que en redes existe esa presión por hacerlo todo ‘perfecto’, pero también depende mucho de la comunidad que creas. Yo tengo la suerte de tener una comunidad muy bonita. Igual que en su día enseñaba mi realidad imperfecta con la alimentación keto, ahora como madre hago lo mismo. No intento mostrar perfección, sino lo que hay: días mejores, días peores y mucho aprendizaje. Y creo que eso también ayuda a quitar presión, tanto a mí como a quien está al otro lado. Eso sí, los comentarios negativos siempre estarán, ¡pero son engagement!
¿Qué haces cuando tus hijas rechazan algo que consideras importante que coman?
Intento no convertirlo en una batalla. Se lo sigo ofreciendo muchas veces, sin presión, y también lo ven en nosotros: si lo comemos mi marido y yo, lo normalizan mucho más. A veces también lo adapto dentro de alguna receta para que les resulte más fácil aceptarlo. Pero, en general, confío en el proceso. No pasa nada si hoy lo rechazan, ya acabarán comiéndolo.
¿Hasta qué punto influyen las tendencias (keto, real food, sin azúcar…) en la crianza actual?
Para mí, las tendencias bien entendidas son información, y la información es poder. Creo que está muy bien documentarse, cuestionar y actualizarse, porque al final tomamos decisiones cada día sobre lo que comen nuestros hijos. Más allá de etiquetas como keto, real food o sin azúcar, la realidad es que hay bastante evidencia de que el consumo excesivo de azúcar y ultraprocesados está relacionado con problemas de salud en adultos… así que en niños, que están en pleno desarrollo, aún tiene más impacto. Por eso intento quedarme con lo importante: priorizar alimentos reales y de calidad, sin obsesionarme con las etiquetas, pero siendo consciente de lo que hay detrás de muchos productos.
Si tus hijas leen tu contenido dentro de 10 años, ¿qué te gustaría que pensaran de tu forma de educarlas?
Me gustaría que lo recordaran como algo bonito. Que fue una etapa divertida para todas, donde creamos recuerdos juntas.





