Cuando se habla de la gastronomía de Menorca, casi todas las miradas van hacia el queso Mahón-Menorca, la caldereta de langosta o la sobrasada. Sin embargo, la isla también produce vino y lo hace desde hace siglos. Después de estar cerca de desaparecer, el viñedo menorquín atraviesa una etapa de recuperación que ha permitido aumentar la superficie cultivada e incorporar nuevas e interesantes bodegas. La producción continúa siendo pequeña, con proyectos familiares y elaboraciones limitadas muy vinculadas a la cocina de la isla, pero con una proyección que antes era impensable.
Una historia marcada por el abandono y la recuperación
El cultivo de la vid en Menorca se remonta a la época romana y se mantuvo durante los siglos posteriores. Su gran crecimiento llegó a partir de la conquista británica de 1708. El aumento de la población, la presencia de tropas y el movimiento de marineros en el puerto de Maó impulsaron el consumo y la producción. A comienzos del siglo XIX llegaron a cultivarse unas 1.300 hectáreas de viñedo, pero luego llegó la decadencia. Enfermedades que asolaron los campos de Europa como el oídio y la filoxera, llegaron también a la isla y provocaron un fuerte retroceso. El abandono progresivo del campo y la Guerra Civil terminaron reduciendo la elaboración de vino prácticamente al consumo doméstico.
La recuperación comenzó durante la década de 1980, tanto en antiguas tierras de viña como con nuevas plantaciones. En 2002 se reconoció la Indicación Geográfica Protegida Vi de la Terra Illa de Menorca, que identifica los vinos elaborados en la isla con uvas cultivadas en su territorio. Y desde ahí, la curva se disparó hacia arriba.

¿Cómo son los vinos de Menorca?
Los blancos representan actualmente la mayor parte de la producción. Suelen ser vinos frescos, ligeros y aromáticos, con notas afrutadas y florales. Entre las variedades autorizadas se encuentran chardonnay, macabeo, malvasía, moscatel de Alejandría, parellada y moll, conocida también como prensal blanc.
Los tintos se elaboran principalmente con cabernet sauvignon, merlot, monastrell, syrah y tempranillo. Por lo general, presentan aromas de fruta del bosque y especias. También tienen un peso considerable los rosados, habitualmente frescos y afrutados.
La presencia de variedades internacionales es importante, pero algunos productores están prestando especial atención a uvas mediterráneas como la malvasía y la monastrell. No existe un único estilo de vino menorquín: cada bodega está definiendo su camino.
Son vinos especialmente adecuados para acompañar la cocina de la isla. Los blancos y rosados funcionan bien con pescados, mariscos, arroces y calderetas, mientras que los tintos pueden servirse con carnes, embutidos y quesos Mahón-Menorca curados.

Doce elaboraciones y una producción que sigue creciendo
La vendimia de 2025 marcó un máximo desde la recuperación moderna del cultivo. Las bodegas declararon 2.394 hectolitros bajo la IGP Vi de la Terra Illa de Menorca, un 27 % más que el año anterior. El vino blanco supuso el 49 % de esa producción, seguido del tinto, con un 26 %, y del rosado, con un 25 %. Si se suman los vinos de la IGP Illes Balears y aquellos que no cuentan con indicación geográfica, Menorca produjo 2.794 hectolitros durante ese año. La isla dispone de 175 hectáreas de viñedo inscritas en el registro de plantaciones, frente a las 154 existentes en 2024.
Según los datos de 2025 del Consell Insular de Menorca, la isla cuenta actualmente con doce elaboradores, uno de ellos incorporado en esta campaña, confirmando el crecimiento del sector vitivinícola menorquín.: Crispín Mariano Vadell, de Es Mercadal; Bodegas Binifadet, de Sant Lluís; Cía. Vitivinícola de Menorca (Sa Cudia), de Maó; Celler Solano, de Sant Climent; Vinyes Binotord, de Ciutadella; Hort Sant Patrici, de Ferreries; Sa Marjaleta, de Ciutadella; Bodegas Torralbenc Vell, de Alaior; Sa Bodega de Son Cremat, de Maó; Torralba Agrícola, de Ferreries; Domaine Santa Catalina, de Maó; y Fontenille Torre Vella, de Alaior.
El vino de Menorca sigue siendo minoritario y gran parte de sus botellas se consume en la propia isla. Precisamente ahí se encuentra uno de sus mayores atractivos: permite completar el conocimiento de la gastronomía menorquina y entender que, junto a sus productos más famosos, existe un sector vitivinícola pequeño que está recuperando el terreno perdido.
Este artículo se ha elaborado con el apoyo de la Fundació Foment del Turisme de Menorca
Foto de portada: Torralbenc





