Con más de tres décadas de experiencia en el ámbito humanitario y del desarrollo, Manuel Sánchez-Montero asume un nuevo reto al frente de Acción contra el Hambre. Licenciado en Derecho, ha dedicado su carrera a la cooperación internacional, liderando operaciones en zonas de conflicto como Bosnia, Chad y el Cáucaso Sur.
Desde el 1 de marzo de 2024, Sánchez-Montero tomará el relevo de Olivier Longué, quien ha dirigido Acción contra el Hambre durante casi tres décadas. Con desafíos globales cada vez más complejos y un contexto internacional en constante cambio, su misión será reforzar el impacto de la organización y garantizar su capacidad de respuesta en los escenarios más críticos.
Después de más de 30 años en el sector humanitario, asumes la dirección general de Acción contra el Hambre. ¿Cuáles serán tus principales prioridades?
Siento un profundo agradecimiento y mucha emoción por esta oportunidad. Para mí es un honor asumir este rol en un momento tan crucial para Acción contra el Hambre y, en general, para todo el sector humanitario. Asumo el cargo con ilusión, con un profundo sentido de la responsabilidad y también con la convicción de que, en un contexto internacional marcado por la volatilidad y los grandes desafíos humanitarios, nuestra misión de acabar con el hambre es más urgente y relevante que nunca.

Uno de tus ejes de trabajo ha sido la lucha contra el uso del hambre como arma de guerra. ¿Cómo se puede avanzar en la protección de los más vulnerables en contextos de conflicto?
La comunidad internacional tiene marcos y herramientas para minimizar el impacto mortal de las guerras y hacerlas más civilizadas, como los Convenios de Ginebra, los Protocolos Adicionales y de una serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que prohíben el uso de la población civil por cualquier parte involucrada en un conflicto. En lo que afecta a nuestro ámbito de acción, existe la resolución 2417, que se aprobó en 2018 y supuso un avance histórico. En ella se reconoce que el hambre es un arma de guerra y un factor que impulsa el desplazamiento forzado, por lo que considera ilegal negar el acceso humanitario a la población que necesita ayuda.
Si queremos impedir que esto suceda, tiene que haber un compromiso político real para vigilar que se cumpla el Derecho Internacional Humanitario y asegurar que las poblaciones accedan a agua, alimentos y servicios básicos de forma digna y sostenida en las guerras. Aunque se trata de un reto que transciende al ámbito puramente humanitario, tenemos que presionar para que se haga realmente efectivo.
Vivimos un momento de crisis humanitarias crecientes y grandes desafíos globales. ¿Cómo debe evolucionar la cooperación internacional para ser más eficaz y sostenible?
En este contexto de cambio climático como telón de fondo, la sostenibilidad es un compromiso ineludible que debe atravesar todas las prácticas del sector humanitario. Acción contra el Hambre incluye la perspectiva ecológica en gran parte de sus programas y, en paralelo, cuestionamos nuestras propias prácticas y medimos nuestra huella de carbono con el objetivo de ir reduciéndola poco a poco. Esto implica evaluar la gestión energética de nuestras sedes, buscar soluciones de movilidad y transporte poco contaminantes, adquirir productos que se puedan reciclar o buscar proveedores que compartan los mismos valores que nosotros, por poner algunos ejemplos. Nuestro compromiso es seguir avanzando en esta dirección.

En tu trayectoria también has trabajado en investigación y docencia. ¿Cómo crees que el conocimiento académico y la experiencia en el terreno pueden complementarse para mejorar la acción humanitaria?
Se trata de dos ámbitos profundamente interconectados, que se alimentan entre sí. El conocimiento especializado que se produce en las universidades a través del estudio y la investigación permite abordar el terreno desde perspectivas informadas, científicas y a veces más panorámicas, que no pueden generarse solo a partir del trabajo de campo. Y, a la inversa, conocer el terreno y su casuística particular ayuda a detectar cuáles son las necesidades reales de las comunidades que requieren apoyo, lo que contribuye a enfocar y guiar de forma efectiva las investigaciones que se llevan a cabo en la academia. Este intercambio nos ha permitido desarrollar herramientas como SAM Photo, una app tremendamente útil que permite detectar la desnutrición infantil con una sola foto y sin necesidad de conexión a internet.
Otro ejemplo de este intercambio es la Revista Diecisiete, que hemos publicado durante años en colaboración con el Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid para abordar los desafíos de la Agenda 2030 de forma rigurosa desde dentro y fuera del ámbito universitario. Ahora, con el ciclo de conversaciones Diálogos Diecisiete, queremos continuar alimentando esa mirada multidisciplinar.
Sustituyes a Olivier Longué, quien ha estado casi tres décadas al frente de Acción contra el Hambre…
Olivier ha dedicado gran parte de su vida a nuestra organización con un gran compromiso, entrega y entusiasmo. Gracias a la labor que ha llevado a cabo durante todo este tiempo, Acción contra el Hambre se ha posicionado como un referente a nivel mundial en la lucha contra el hambre, convirtiéndose en una organización reconocida en todos sus niveles por su trabajo, profesionalidad y rigor.

El cambio climático está teniendo un impacto creciente en la seguridad alimentaria. ¿Cómo puede Acción contra el Hambre adaptarse a este reto ?
Uno de nuestros objetivos es enseñar a las personas que lo necesitan a cultivar respetando la tierra mediante la práctica de la agroecología, la agrosilvicultura o incluso la hidroponía, lo que pasa también por la formación medioambiental. Realizamos cursos de formación adaptados a las necesidades concretas de cada comunidad para sentar las bases de un sistema alimentario sostenible, que incorpore una agricultura resiliente y proporcione una buena nutrición. En paralelo, estamos trabajando para implementar programas de adaptación, protección social y reducción del riesgo de desastres naturales que ayuden a las poblaciones más vulnerables.
Mirando al futuro, ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a quienes apoyan la labor de Acción contra el Hambre, ya sean donantes, voluntarios o profesionales del sector?
En primer lugar, me gustaría transmitirles mi profundo agradecimiento. Sin el apoyo de todas esas personas sería imposible hacer llegar nuestra ayuda a más de 20 millones de personas en todo el mundo, como hacemos cada año. A los pequeños donantes, quisiera trasladarles que 9 de cada 10 euros que aportan se destinan a nuestros proyectos de cooperación y que sus aportaciones marcan la diferencia en muchas comunidades. Salvamos la vida de un niño cada minuto.
A los grandes financiadores, que en estos tiempos de volatilidad, radicalización y cuestionamiento del sector humanitario, los necesitamos más que nunca para mantener nuestros proyectos en funcionamiento. Y, por último, me gustaría recordar a los voluntarios y trabajadores que su profesionalidad, generosidad y compromiso nos dan fuerzas para continuar dando la talla en este viaje colectivo de gran calado.





