A Mengano se accede llamando a un timbre en el barrio porteño de Palermo, pero su chef, Facundo Kelemen, lo ideó muchos kilómetros más al norte, concretamente en las cocinas de restaurantes de Nueva York, donde estuvo un tiempo haciendo stage. Allí, inspirado por los platillos para compartir que salían de las cocinas de esos locales neoyorquinos, Facundo decidió abrir su propio “bodegón de autor”. Regresó a Buenos Aires y, pocos meses después, abrió Mengano.
La idea es simple, al menos sobre el papel: replicar los sabores clásicos de los eternos bodegones argentinos y darles una mirada más contemporánea. Para darle atmósfera al relato, Facundo decoró el local con fotos familiares, abuelos y abuelas tanto de la rama materna como paterna, que vigilan desde las paredes la cocina que propone su nieto.

“En un momento en el que había un despunte de los bistrot por el mundo, quise darle valor a nuestros bodegones, que no son otra cosa que los bistrot argentinos”, nos explica Facundo, sentado en uno de los sofás de Mengano antes de que empiece el turno de cenas. Con una pequeña barra al fondo, donde se pueden sentar hasta cuatro comensales con vistas en primera línea al frenético ritmo de la cocina, en pocos minutos el pequeño local se llena hasta la bandera.
“Trabajamos sin menú degustación, solo a carta. Me interesaban esos restaurantes de Nueva York tan casuales, que tienen mucha técnica y dan platitos para compartir”. Además, para la creciente demanda de personas que acuden solas a Mengano, también han creado un menú adaptado para que puedan disfrutar igualmente de la experiencia.

Pequeños bocados llenos de inspiración y mucho sabor
En la propuesta de Mengano encontramos algunos pases que merecen la visita por sí solos. Uno de ellos, incorporado en su servicio de pan (que elaboran ellos mismos con masa madre), es el tuco, esa salsa tan argentina de tomate cocinada lentamente con carne y de origen italiano. Sabroso, como debe ser un buen tuco. Uno de los best seller del restaurante es su empanadilla, que te recomiendan comer de un solo bocado debido a su jugosidad. Ligeramente picante, sabrosa y crujiente… extraordinaria.

Hay otros platos que siguen esta misma línea, como el tartar de cordero, que se sirve sobre una torta frita, o unos riquísimos ñoquis chipa en salsa cacio e pepe, rellenos de aceto y dulce de batata. Todo sigue esa idea que nos comentaba el chef: una cocina casera y tradicional, pero con una mirada más moderna de los clásicos de siempre.
Uno de los puntos fuertes de Mengano es su bodega, donde Alfredo, jefe de sala y sumiller, nos explica que su idea es “buscar diversidad, sin centrarme en regiones. Dar conocimiento a pequeños productores, pero que también tengan presencia los grandes clásicos”. Existe la opción, muy recomendable, de acompañar la comida con un maridaje de estas referencias tan especiales.

Y para acabar, os recomendamos que probéis su Rogel, una versión de la mítica tarta de capas de masa y dulce de leche.
Mengano es un gran lugar para comprender hacia dónde se encamina la gastronomía argentina con las nuevas generaciones de cocineros: una cocina que mira al futuro, pero con los pies en el suelo.





