Menorca, piedra y mar
Joaquín del Palacio

Joaquín del Palacio

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Publicado el
03/09/2009



Fornells desde el Monte ToroFornells desde el Monte Toro

Menorca desde el aire se muestra como una isla plana y verde pero el Monte Toro, de 358 metros, atalaya para divisar el perímetro de la isla, rompe su llanura y su verdura acaba en el azul marino. Al entrar en la isla las chicharras cantan bajo un sol blanco y pesado, y su bosque mediterráneo de acebuches y plantas aromáticas te hace olvidar que estás en medio del mar, el salitre no se huele. Una isla de solamente 702 kilómetros cuadrados tiene aromas de continente, a veces barridos por el potente soplido de la Tramontana.

Al recorrerla las piedras surgen por doquier, en Menorca tienen mucho protagonismo. Las utilizan para la separación de sus predios, formando lo que ellos llaman paret seca, que son unas vallas de piedra perfectamente colocadas a hueso. Es una obra de arte tradicional, pero hoy ya quedan muy pocos que sepan hacerlas. Sumadas estas paredes, símbolo de Menorca, superan los 10.000 kilómetros. Las fortalezas defensivas y los monumentos talayóticos también son de piedra. Uno de estos pétreos monumentos es el castillo de San Felipe, iniciado en el S.XVI y situado en el extremo oriental de la isla con el fin de defender la entrada al puerto de Mahón. Este castillo tenía su propia cantera en sus sótanos. Excavaron galerías subterráneas en la roca, extrayendo sillares que luego utilizaron para construir la parte externa de la gran fortaleza. Ahora se puede disfrutar en sus galerías de visitas teatralizadas que nos abren una ventana al pasado.

Hotel Son GranotHotel Son Granot

El castillo pasa por ser el lugar de España donde primero amanece, aunque este honor se lo disputa con una preciosa casa-palacio del siglo XVIII de estilo georgiano que está situada junto al castillo pero algo más elevada. Hoy cualquiera puede disfrutar de los encantos de este edificio histórico y recibir esos primeros rayos solares porque alberga el fascinante hotel Son Granot, que seduce con su historia y su tranquilidad a quien allí se hospeda. Las camas con dosel, la noble decoración y la privilegiada ubicación nos hace sentir el espíritu menorquín de aquella época en que estuvo bajo el poder inglés.

Muy cerca de aquí está Cales Fonts, un rinconcito encantador en el que podemos encontrar al Pirata Azul, un viejo lobo de mar que recorre con su barco el gran puerto mahonés. Navegar es el mejor modo de conocer los rincones y las historias del puerto, e incluso descubrir los restaurantes donde mejor preparan la caldereta de langosta, un placer para el gusto. La terraza flotante del restaurante La Minerva en el puerto de Mahón es quizá el mejor sitio para degustar esa caldereta y las escupiñas, unas sabrosas almejas del lugar.

EscupiñasEscupiñas

Menorca está estratégicamente colocada en el centro del Mediterráneo Occidental y cuenta con el puerto natural de Mahón, el más grande de Europa. Por tanto, fue un lugar deseado por fenicios, romanos, cartagineses, árabes, ingleses… En definitiva, Menorca ha sido históricamente un puerto de paso de civilizaciones que se desplazaban por el mar Mediterráneo. Cada uno de estos pueblos dejó su impronta en la idiosincrasia menorquina. Son diferentes. Incluso el componente geológico del norte de la isla es más antiguo que la caliza que formó las islas Baleares. Cuando afloró el archipiélago, una parte de Menorca ya estaba allí.

También eran diferentes los menorquines de hace más de 3.000 años cuando construyeron el edificio más antiguo de Europa, la Naveta des Tudons. Esta construcción destaca entre todos los restos de la cultura talayótica, que en Menorca son muchos.

Algún grupo humano con el conocimiento suficiente para construirlos tuvo que llegar por el mar hasta esta pequeña isla, desembarcar en alguna de sus magníficas playas, trabajar esa roca y convertirla en esos preciosos y enigmáticos monumentos megalíticos que hay por toda Menorca. Nosotros los vemos y no los entendemos. ¿Por qué colocaron esas piedras allí? Esas piedras que solamente ven, oyen y, por desgracia, callan.

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