Miguel Torres

Miguel Torres: “Quiero seguir cocinando, pero mi siguiente paso es abrir una vía hacia la crítica gastronómica”

Nos sentamos con Miguel Torres tras su paso por MasterChef: presión, aprendizaje, evolución y sus planes de futuro en el mundo gastronómico.

Miguel Torres llegó a MasterChef como un aficionado disciplinado y curioso, pero terminó convirtiéndose en uno de los concursantes más sólidos de la edición. Acostumbrado a la presión del fútbol profesional, encontró en la cocina un territorio donde competir, aprender y crecer con una intensidad inesperada.

Hoy, nos sentamos con él para repasar los desafíos del programa, su evolución, la importancia de la gastronomía en su vida familiar y el nuevo camino que quiere explorar ahora: el de la crítica gastronómica.

Durante la grabación de MasterChef se os exige ritmo, precisión y presión constante. ¿Qué parte de esa dinámica te sorprendió más respecto a lo que imaginabas desde casa?

Yo siempre he vivido la cocina como un momento de paz, de relax y de cariño hacia la gente para la que cocino. Por eso, lo que más me sorprendió en MasterChef fue cómo dos cosas que parecen simples, el tiempo para cocinar y el tiempo para elegir los productos cambian por completo la experiencia. De repente, algo que para mí era calma se convierte en tensión, ritmo y ejecución inmediata. El juicio al plato y la valoración del jurado no me preocupaba tanto, porque desde pequeño he crecido midiéndome a entrenadores y a jueces en mi etapa futbolística. Todo ello me servía para seguir trabajando, evolucionando y esa parte la tenía más interiorizada.

Miguel Torres en su presentación como concursante de MasterChef

Hubo momentos en los que parecía que tu evolución era más sólida que la de otros concursantes…

Creo que mi evolución se notó porque muchos de mis compañeros llegaban sin apenas experiencia en cocina; algunos incluso no habían cocinado nunca, y eso se notaba al principio. Yo, en cambio, entré sin cursos ni formación profesional, pero sí con años de cocinar en casa, de observar, de probar y de tener un criterio propio. Ese bagaje me daba una seguridad que me permitía improvisar cuando el tiempo apretaba. Y luego, cada vez que nos enseñaban una técnica nueva, sentía que tenía una capacidad de absorción muy rápida, quizá por disciplina y por cómo afronto los retos. Esa combinación fue lo que creo que marcó la diferencia en mi trayectoria.

En la semifinal destacaste con un postre que muchos consideraron tu punto de inflexión.

Ese me permitió demostrar que, aun sin tener un gran conocimiento en la pastelería, podía entender un concepto tan técnico y ejecutarlo con precisión. Era una réplica muy compleja, con muchas elaboraciones y con un ingrediente tan inesperado como la coliflor en un postre dulce. Lo que buscaba transmitir era mi capacidad de mantener el orden, el método y la concentración en un reto de ese nivel. Para mí fue la prueba de que podía competir también en la parte dulce y absorber técnica muy rápido. Todo esto llevado a una semifinal y en un momento tan determinante era para mí como un todo o nada, y por supuesto, opté por arriesgarme.

¿Cómo gestionaste ese equilibrio entre cocinar bien y saber que había una cámara registrándolo todo?

Para mí, ese equilibrio fue más natural de lo que parece. Vengo del deporte, donde he estado acostumbrado a que te observen miles de personas, y además ya tenía cierta experiencia en televisión. Eso hizo que las cámaras no me condicionaran tanto. Aun así, mi prioridad era cocinar bien y estar concentrado en cada proceso. Pero también quería que la gente me viera tal y como soy, expresándome y opinando sin complejos sobre cualquier situación del programa. Creo que esa naturalidad ha sido parte de mi trayectoria en MasterChef.

"Cada vez que nos enseñaban una técnica nueva, sentía que tenía una capacidad de absorción muy rápida, quizá por disciplina y por cómo afronto los retos"

Ahora que has pasado por esa experiencia, ¿qué crees que suele malinterpretar el público sobre lo que es realmente competir en MasterChef?

Creo que desde fuera se malinterpreta lo duro que es competir en MasterChef. La gente ve el resultado final, pero no ve la presión real del tiempo, la exigencia técnica y lo rápido que tienes que pensar. Además, el propio programa tiene una línea de evolución muy clara hacia la alta cocina, y eso hace imposible sostener a un concursante que no sea aplicado o que no evolucione de verdad.

Un ejemplo es la final: tuve que memorizar más de 48 elaboraciones para tres platos en apenas tres horas, sin un solo papel donde apuntarme nada. Todo tenía que estar en la cabeza, desde las técnicas largas hasta las más rápidas, y muchas de ellas no seguían el orden natural de una receta. Eso desde casa no se ve. MasterChef es un reto que hay que tomarse en serio, por la técnica, por la concentración absoluta y por la necesidad de evolución constante. Y eso, cuando lo vives dentro, impresiona muchísimo más que cuando lo ves en pantalla.

¿Te gusta más comer en casa o fuera? ¿Cuáles son tus restaurantes favoritos?

La verdad es que depende del momento. Si tengo tiempo, disfruto mucho cocinando en casa: elegir bien la materia prima, hablar con el carnicero o el pescadero, pensar la receta y poner un poco de música mientras cocino para los míos. Ese proceso me relaja muchísimo. Pero también me gusta salir y descubrir sitios nuevos. En Madrid hay una oferta enorme, y cuando voy a un restaurante lo hago buscando el plato que me apetece y dónde creo que lo trabajan mejor.

Si alguien viene a Madrid y quiere probar sitios auténticos, recomendaría El Doble para saborear un bar de los de siempre con un nivel muy alto en el producto; Lhardy para un cocido clásico; Bistronómika para disfrutar de muy buen pescado y marisco; y para carne, Casa Julián de Tolosa, en la Cava Baja, que es una maravilla.

Como padre, ¿cómo abordas la alimentación de tu hijo y qué te gustaría transmitirle sobre comer bien y descubrir nuevos sabores?

Como padre, para mí la gastronomía en casa tiene un valor enorme. Desde que nació mi hijo, uno de los legados más importantes que quiero transmitirle es que comer bien es fundamental, no solo ahora que está creciendo, sino para su futuro. Soy muy consciente de que lo que comemos acaba marcando cómo nos sentimos y cómo estaremos con los años. Lo importante es que tenga una dieta equilibrada: que coma legumbres, pescado, carne, frutas, verduras… lo que ha sido siempre la dieta mediterránea, que es un tesoro que tenemos en este país. No quiero que se acostumbre al camino fácil de los alimentos procesados, sino que entienda que comer bien puede ser sencillo, accesible y natural.

Como soy yo quien hace la compra y cocina en casa, intento enseñarle eso desde el día a día: buenos hábitos, curiosidad por los sabores y, sobre todo, que disfrute de la comida sin complicaciones. Si aprende eso, siento que ya le estoy dejando un legado importante.

"Desde que nació mi hijo, uno de los legados más importantes que quiero transmitirle es que comer bien es fundamental"

Cuando cocinas en casa, ¿cuál es tu plato estrella?

Me cuesta identificarme con un plato estrella porque en mi día a día suelo cocinar cosas muy sencillas: pescados, carnes, pollo… a la plancha, al horno o asados, siempre con guarniciones de temporada, que para mí son la base de una buena cocina cotidiana. Pero cuando tengo una visita especial o un momento importante del año, disfruto muchísimo tirando de libros de recetas y reproduciendo platos de otros cocineros. Creo que cuando respetas las cantidades y los tiempos, casi cualquier receta se puede replicar con cariño y atención. Dicho esto, sí reconozco que donde más cómodo me siento es con los arroces, los guisos y también con los crudos, siempre intentando que la materia prima brille sin añadir demasiado. Para mí, ahí está la magia: en no complicar lo que ya es bueno de por sí.

Y ahora, después de todo lo que has avanzado en la cocina, ¿cuál es el siguiente paso ?

Más allá de todo lo que he aprendido en televisión, mi gran reto culinario ahora tiene que ver con mi curiosidad. Siempre he sido una persona a la que le gusta formarse; ya lo hice cuando me retiré del fútbol, buscando aprender y ampliar conocimientos, y en la cocina me pasa exactamente lo mismo. Quiero seguir cocinando, claro, pero mi siguiente paso es abrir una vía hacia la crítica gastronómica. Siento que tengo criterio, conocimiento y capacidad para desarrollarlo, y que puede ser una manera muy bonita de seguir creciendo como aficionado: entendiendo mejor la cocina, reflexionando sobre ella y compartiendo lo que voy descubriendo. Es un reto que me ilusiona de verdad.

Jesús Sánchez Celada

Jesús Sánchez Celada es periodista especializado en gastronomía y director de la revista Con Mucha Gula, fundada por su madre, la Ver más sobre el autor