Sí, en el mismísimo centro de Madrid, entre cientos de franquicias de panes de colores y pasteles con sabor a plástico, podemos encontrar aún un puñado de negocios míticos que venden comida “real”. Y este pan gallego sin duda lo es. Y es que desde hace varias décadas, en el Museo del Pan Gallego, se hornea a diario un pan 100% gallego que tienes que probar para olvidarte de una vez por todas de las barras baratas ultraprocesadas de los supermercados. Este pan alimenta solo con mirarlo.
El responsable de hacer uno de los mejores panes de Madrid se llama José Menor y se hizo cargo de la panadería en 1986, cuando regresó de Chile para ganarse la vida en Madrid. Decidió entonces invertir lo que había ganado en las Américas en este negocio de la Plaza de Herradores, muy cerca de la Puerta del Sol.

“Se dice que el local se inauguró hacia 1735, pero es en 1887 cuando queda documentado de forma oficial y empieza a funcionar como tahona. A partir de 1946, según los Archivos de la Villa, distintas familias de origen gallego se hacen cargo del local y del negocio. Y en el 86 es cuando llego yo”, explica José, que junto a su hermana Aurora lleva este negocio con oficio.
El Museo del Pan Gallego lleva, por lo tanto, muchos años horneando pan. Y lo hace en horno de leña, como no podía ser de otra forma. Si en el siglo XIX, cuando abrió esta panadería, esta era la fórmula viable de hornear pan, hoy, en pleno 2026, es toda una novedad. Frente a las panaderías que prefabrican pan industrial, este proceso artesanal dota al pan de un sabor y unas características organolépticas imposibles de replicar en los panes que se elaboran en pocos minutos y que se venden en la mayoría de las grandes (y a veces pequeñas) superficies.
Un pan hecho de madrugada con horno de leña y harina de calidad
José nos deja claro que “una de las claves para conseguir hacer un buen pan, aparte del horno, es la materia prima. Toda la harina que usamos es de origen español y la de centeno viene toda de Galicia. La paciencia también es clave. Nosotros empezamos a hacer el pan alrededor de las tres de la madrugada: la fermentación necesita tiempo y el horno requiere atención constante”. Un ritmo que no tiene nada que ver con los sistemas de producción a gran escala: artesanía y mimo. El resultado lo exige.

En cuanto a las variedades, en el Museo del Pan Gallego podemos encontrar panes de todas las formas e ingredientes: desde la típica hogaza, pasando por el payés, hasta llegar al pan de moño, de maíz o incluso multicereales, todos elaborados artesanalmente.
¿Y los clientes? La mayoría españoles, pero también entran muchos turistas “para hacerse alguna foto, pero muchos de ellos acaban tentados y se llevan algo: un pan o una empanada”. Porque sí, además de pan, José y Aurora también hacen unas empanadas dignas de probar. “De bonito, carne, bacalao con pasas, zorza o incluso zamburiñas”, nos explica Aurora, que además nos enseña otros productos típicos gallegos que venden en la panadería, como la tarta de Santiago.

Dice la leyenda que el fuego del horno del Museo del Pan Gallego nunca se ha apagado. Sea como sea, lo que sí podemos asegurar es que en este obrador del centro de Madrid se hace uno de los mejores panes de la capital. Y esperemos que siga siendo así durante muchos años.
Más información del Museo del Pan Gallego
- Dirección: Plaza de Herradores, 9, Madrid.
- Horario: martes a viernes de 8:00 a 14:30 y de 17:00 a 20:00, sábados a lunes de 8:00 a 14:00
- Teléfono: 915425160





