Eslovaquia es de los pocos países europeos que aún pueden visitarse tranquilamente, sin aglomeraciones, y que tiene un amplio patrimonio artístico, natural y gastronómico. En este país, además de para probar los platos típicos de Eslovaquia, te invita a un viaje lleno de tradición, sabores y paisajes únicos. El viaje te lleva a un lugar soñado y ya perdido a causa del turismo de masas, que aquí no existe. Una sensación de calma y serenidad, que se hace aún más evidente en las zonas rurales cercanas a los Cárpatos, donde los bosques frondosos se mezclan con las estaciones de esquí. El país no tiene mar, pero disfruta de mucha agua gracias a los ríos Danubio y Váh, con 403 km de aguas transparentes que recorren cada rincón de su territorio.
Cuenta con poco más de cinco millones y medio de habitantes que, además del eslovaco, suelen hablar otros idiomas, ya que el país está rodeado de otros como Polonia, Chequia, Austria, Hungría y Ucrania; las relaciones entre todos suelen ser muy fluidas.

En su capital, Bratislava, situada al suroeste del país, viven apenas medio millón de habitantes. En cada rincón se respira una convivencia serena y alegre, y una actividad en plena ebullición con barrios modernos y un casco viejo muy bien cuidado, adornado con jardines llenos de flores, calles peatonales, pasadizos, palacios y el impresionante edificio de la ópera. No hay que perderse Eurovea, la ribera del Danubio a su paso por la ciudad, con sus tiendas, restaurantes y terrazas donde se puede comer o tomar un café o un agua aromatizada. Merecen la visita el castillo, con sus magníficas vistas; la catedral de San Martín; varios palacios como el Grassalkovich; la Iglesia Azul o el monumento Slavín.
La cocina eslovaca: tradicional y rural… y balnearios para relajarse
Además de la capital, para conocer la cocina eslovaca es importante ir a las zonas rurales y, al menos, visitar alguna de sus poblaciones del interior: pueblos tradicionales como Vlkolínec o Bardejovské Kúpele, o pequeñas ciudades como Banská. Todo el paisaje, inmensamente verde, está lleno de casas de madera rodeadas de cercados donde pastan calmadamente los animales. Otro de los atractivos es pasear por senderos de alta montaña ,los hay en muchas zonas, también por bosques donde no es extraño ver animales salvajes como osos, lobos o linces.

Visitar uno de los múltiples balnearios eslovacos es una gran experiencia. Hay una red de balnearios, la mayoría terapéuticos, cuya estancia la prescriben los médicos eslovacos para dolencias de la piel, renales u otros tipos, que financia su Seguridad Social. Nosotros visitamos las Termas Aphrodite, ubicadas en la localidad de Rajecké Teplice, junto a los montes Malá Fatra y con las montañas Súľov y el castillo de Lietava muy cerca. Este balneario, inspirado en la Grecia antigua, tiene aguas ricas en calcio y magnesio que brotan a 38 °C. Tiene hotel y restaurante donde hacen cocina saludable, y donde también se pueden probar algunos de los platos típicos de Eslovaquia.

Los Platos típicos de Eslovaquia y los mejores sitios para comerlos
La cocina eslovaca es absolutamente tradicional, aunque, sin duda, hay restaurantes italianos o asiáticos como en el resto del planeta. Eslovaquia sabe a queso, a patatas cocinadas de mil formas, a hierbas y vegetales silvestres, a carnes guisadas durante horas, a una cocina de kilómetro cero en la que los pescados son de sus ríos o las carnes de los animales que pastan en cada zona. Todo ello puede disfrutarse en lugares que hacen historia.
Os damos algunas claves para disfrutar de esta deliciosa cocina eslovaca, que además es muy económica y está llena de platos típicos de Eslovaquia.

1- Las sopas eslovacas: kapustnica, hrášková polievka, demikát, …
En las zonas rurales se pueden visitar los kolibas, unos establecimientos construidos generalmente en madera que eran originalmente refugios de montaña. En ellos se puede tomar la cocina eslovaca más tradicional, principalmente las sopas, que son una auténtica joya gastronómica de Eslovaquia. Visitamos varios: el Koliba u sv. Kristofa, en Banská, y el Tekovská Kúria.

Que a nadie se le ocurra irse de Eslovaquia sin probar sus sopas, empezando por la kapustnica, sopa de col fermentada, muy digestiva, que además lleva carne, o la paradajková polievka, una excelente sopa de tomate. Otra de las sopas imprescindibles es la hrášková polievka, que lleva judías, lentejas y guisantes secos además de verduras, y, por supuesto, la demikát, sopa de queso bryndza que va además con patatas y crema agria.
Algunos establecimientos en la propia capital imitan a los kolibas de montaña, como por ejemplo el Koliba Kamzík, de Bratislava, también una buena opción para tomar los platos típicos de Eslovaquia.

2- Los quesos de Eslovaquía
Tanto en la cercana Polonia, con la que Eslovaquia hace frontera, como en el propio país, se pueden adquirir quesos que son realmente deliciosos. Algunos comparten denominación de origen, como es el caso del queso blando de oveja bryndza, que se utiliza tanto para comer directamente como para cocinar platos típicos de Eslovaquia.
Es frecuente ver a pastores cerca de sus cabañas haciendo quesos frescos, que venden en la propia montaña, incluso la bebida žinčica, también leche agria de vaca. El parenica es un queso de oveja semiblando, no madurado, tipo mozzarella, sin ahumar o ahumado, que se vende en forma de caracol, hilos o trenzas.

3- El gulash
El gulash es uno de uno platos típicos de Eslovaquia que se deben probar si se visita el país de forma obligatoria. Se hace de cerdo y también de carne de ternera, ciervo o jabalí. La tradición indica que son los hombres quienes mejor lo preparan; se suele hacer el domingo, y alrededor de esa estufa que incorpora un caldero, se reúne la familia. Los que hemos tenido la suerte de disfrutar de una jornada de gulash sabemos que es una experiencia única.

4- La cerveza eslovaca
La bebida tradicional en Eslovaquia, al igual que en todo Centroeuropa, es la cerveza, que se produce desde el siglo XIII; hay más de 60 fábricas, algunas tan pequeñas que están en los bares. Los vinos se producen especialmente en el área de Tokaj, que hace frontera con Hungría, una zona vitivinícola de los Pequeños Cárpatos. Muy tradicional el burčiak, una bebida fermentada que ya no es mosto de uva y aún no es vino joven. En el apartado de los licores, es una buena opción comprar alguno y llevarlo a casa. Son aconsejables el medovina, el demänovka o el slivovica, destilado casero de ciruelas. También el tatratea, una bebida alcohólica tipo té.
5- El bryndzové halušky
El plato tradicional eslovaco es el bryndzové halušky, uno de los grandes platos típicos de Eslovaquia, elaborado con masa de patatas ralladas, harina, queso de oveja y tocino ahumado. Con patatas se hacen multitud de recetas en la cocina eslovaca, como el granadír o los lokše, que son crepes de patata.

6- Dulces de Eslovaquia
En el país, las visitas suelen regalar dulces cuando llegan a una casa: desde pastelillos de nata, milhojas o tartas. Gustan especialmente los dulces lácteos y con un dulzor elevado. Hay que probar el strudel, los bollos de Moravia o las medovníky, galletas de miel hechas al horno. Todos estos postres forman parte esencial de los platos típicos de Eslovaquia y reflejan la tradición de la cocina eslovaca, que combina sencillez, historia y autenticidad.

2 pistas gastro que no te puedes perder
Café Konditorei Kormuth (Bratislava)
Este café es uno de los más conocidos de todo el país. Su decoración, muy cuidada, está rebosante de frescos en las paredes, artesonados en el techo y muebles de principios del siglo XIX. Impresiona la vajilla diferente para cada comensal y una pastelería exquisita, muy natural, donde abundan los dulces con crema de leche, nata o frutas. Los cafés son increíbles y se sirven de todo tipo. Imprescindible la tarta Sacher. Es un lugar para estar, para disfrutar, para hacerse unas fotos y sentirse como un aristócrata ruso del siglo XVIII, mientras se degusta alguno de los platos típicos de Eslovaquia.

Eurovea, en la ribera del Danubio
Tampoco nos podemos perder en la capital la visita a esta zona, muy nueva pero diseñada para el disfrute gastronómico. En esta zona podemos encontrar preciosas cafeterías y restaurantes al paso del magnífico Danubio, por cuyas aguas se pueden ver navegando barcos. En su ribera, niños, familias y parejas pasean por caminos de césped muy cuidados donde hay bancos y zonas de esparcimiento. En esas terrazas, con muebles de madera, mantas por si hace fresco y decoraciones exquisitas, se puede comer o, sencillamente, tomar aguas aromatizadas con frutas, hierbas y especias que, además de refrescantes, son exquisitas. Se pueden pedir en jarras de un litro o medio, o directamente en vaso. Es una de las características de la gastronomía líquida del país, parte fundamental de la cocina eslovaca.
Eslovaquia es, en definitiva, un país que aún conserva su esencia, su ritmo pausado y su sabor. Entre montañas, balnearios, sopas y quesos, los platos típicos de Eslovaquia son el mejor reflejo de su alma: una cocina eslovaca sincera, rural y profundamente ligada a la tierra, que conquista a quien la prueba.





