Entramos en el local situado en la calle General Oraa, 29 de Madrid, un espacio largo y estrecho con una buena barra y mesas alta. En la zona inferior se encuentra el comedor del restaurante. La carta nos lleva a platos y raciones muy habituales de la cocina tradicional, con medias raciones, pinchos y montaditos, ademƔs de guisos.
Comenzamos con la ensaladilla rusa de bonito y piparras, que tiene media ración (5,50 euros), y ración completa (9,80 euros), esta bien, afortunadamente no estÔ recién salida de la cÔmara, como sucede en otras ocasiones, con lo cual tiene temperatura ambiente, muy buen sabor y las piparras le dan un extra de textura y gracia.
Pedimos dos croquetas, se piden por unidad a 1,50 euros, estÔn crujientes por fuera, cremosas y con un gran sabor a jamón por dentro. Merecen la pena, incluso mÔs de una.

El tartar de atún lleva un huevo frito por arriba (9,80 euros), muy buena relación calidad precio, algo que es una constante en el restaurante. Personalmente prefiero el atún un poco mÔs picante y sin huevo, pero estaba realmente bueno, la calidad del pescado excelente.

La Flor de alcachofa de Tudela con jamón y AOVE (6,90 euros), en mi opinión tiene demasiado jamón, parece casi para quienes no les gusta en realidad la alcachofa. No obstante, esta tierna y es grande.
Excelentes los Puerros confitados con almendras (8,25 euros), buena textura y sabor, tiernos pero turgentes, las almendras le dan crujiente, el conjunto es sabroso. Muy recomendables.
Recibimos la Tortilla de gambas y cebolla caramelizada (8,90 euros), las gambas de buen tamaƱo y sabor, pero la ejecución no me pareció bien resuelta, imita a la tortilla baga de Sacha Ormachea, como si no se diera la vuelta a la tortilla y solo estuviera cuajada por un lado, pero el fondo, el lĆquido no cuajado, no es huevo, queda un poco aguado.
Llegamos a los dos platos principales, el primero Chipirones con lentejitas y coliflor (14,50 euros), se sirven en cazuelita y tienen un sabor increĆble a chipirón, con una salsa bien trabada, y el crujiente de los pequeƱos cogollitos de coliflor. No sorprende que sea un plato estrella del restaurante, ademĆ”s muy original y las lentejitas se quedan casi como si fuera una salsa. Muy interesante.

Ya sin nada de apetito recibimos El estofado de ternera con salsa criolla y aji limo (12,90 euros), lleva patatas. La salsa brillante, y la carne tierna, todo muy integrado. Un plato que merece la pena tomarse.
Hay dos postres en el restaurante, la tarta de queso, que se agota, como nos sucedió y el Tiramisú (7 euros), que pudimos probar, este postre estÔ hecho con crema de orujo y el resultado es en su conjunto bastante equilibrado, quizÔ tiene exceso de volumen, ya que se sirve en un vaso ovalado alto, pero los muy golosos seguro que lo agradecen. Ya casi ningún restaurante pone amareto en el Tiramisú, asà que hay que conformarse.
Picona tiene una carta aceptable de vinos nacionales y ocho vinos por copas de diferentes denominaciones, lo cual estĆ” muy bien ademĆ”s de cerveza y algunos combinados. El pan es de masa madre de la panaderĆa de la zona, que pasan por el horno a la hora de servir.
Para quienes tengan problemas de movilidad reducida, hay que indicar que tienen dos escalones para subir a la zona de bar, y bastantes para bajar al comedor y baƱo.
La amabilidad del personal es mÔxima, algo que queda patente cuando se produce algún problema como el de la mesa de al lado, a los el cachopo no estaba como deseaban, también con nosotros, pero cuando va un periodista no cuenta tanto, hay que fijarse en otros. Por cierto, que el cachopo es otra de sus especialidades, a la mesa citada les encantó.
En definitiva, el restaurante Picona nos ha gustado, valoramos con frecuencia restaurantes que estĆ”n en rangos superiores, pero es muy interesante ver restaurantes mĆ”s populares, porque lo difĆcil es dar bien de comer a precios razonables, y aquĆ se consigue, por lo tanto recomendamos este restaurante para disfrutar de una cocina sencilla y honesta que nos recuerda un poco en algunos casos a sabores tradicionales pero en otros, aĆŗn tiene la capacidad de sorprendernos.




