Catamos nueve interesantes referencias de esta bodega familiar
Rodríguez Sanzo, tradición donde nada es lo que parece
Héctor Parra

Héctor Parra

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Publicado el
21/04/2012



Esta semana hemos conocido el proyecto de la empresa de Javier Rodríguez, que aúna varias referencias y terrenos en los que da forma a unos vinos muy personales. Rodríguez Sanzo tiene en su haber más de quince referencias, elaboradas en diferentes regiones y cada una de ellas con sus peculiaridades. Javier, con un gran conocimiento sobre los tipos de suelo y madera, y sus efectos sobre el producto final, ha ido seleccionando terrenos con cepas viejas en diferentes regiones de todo nuestro país (“tengo otras parcelas con uvas por ahí para ir haciendo cosas en el futuro, nos confiesa), en las que sigue un curioso proceso; suele alquilar las parcelas a sus dueños, porque sus propias palabras “nadie como el dueño sabe lo que pasa en la vila, aunque salga más cara que comprarla”. Se establece un precio mínimo equivalente al de mercado, que se sube hasta un tope máximo y los agricultores siguen haciendo las labores, a pesar de que la parcela esté arrendada a la bodega. Además se aprovecha la baja utilización de las instalaciones de algunas bodegas por la situación económica actual para disponer, a precio de alquiler moderado, de instalaciones que otras bodegas le alquilan para elaborar sus vinos in situ. Allí, tras conocer los entresijos del proceso de cultivo y elaboración en colaboración con los técnicos especialistas de cada zona, Javier elabora sus vinos dotándoles de aromas, sabores y texturas diferentes: no hay aristas donde suele haberlas, ciertos aromas clásicos se ven modificados o anulados, la rusticidad o la tanicidad se suaviza, se cuida el efecto de la madera y su compensación con el efecto frutal.

En definitiva, una producción en la que a muchos de sus vinos podemos considerarlos de autor, con atrevidas mezclas elaboradas a capricho, aunque no faltan referencias comerciales para “cubrir el expediente” y compensar el riesgo. Y es que, no en vano, la producción de Rodríguez Sanzo, cuya web se ofrece en siete idiomas y que tiene el 85% de su estructura fuera de España, se vende, casi en su totalidad, en países como Alemania o Suiza, cuyos gustos coinciden, y no por azar, con algunos de los proyectos que Javier ha puesto en marcha. Con 60 distribuidores sólo en Alemania, esta bodega admite que “en el extranjero nos rechazan los vinos con madera”. Estamos pués ante una bodega familiar, con base en Rioja y Rueda pero con referencias en varias otras DOs, que sigue procedimientos muy tradicionales, pero que conjuga los distintos elementos para obtener vinos que no son lo que parecen.

Hemos probado nueve de sus referencias, que ahora os presentamos, en una cata organizada por la división de comunicación de Peñín, y que sirvió para presentar a medios, tanto tradicionales como online, la oferta de esta bodega, relativamente joven pero que tiene mucho que decir, especialmente para quienes tengan sus preferencias en riojas o ruedas pero estén deseando probar algo diferente…

Bodegón con los nueve vinos de Rodríguez Sanzo que hemos catadoBodegón con los nueve vinos de Rodríguez Sanzo que hemos catado

Sanzo Frizzante 2011 (VT Castilla-León)

Comenzamos con este curioso verdejo, creado con la idea de sar salida a los viñedos más jóvenes que la bodega dispone en Rueda. Sensaciones frutales y una burbuja amable e integrada, en un producto de tintes más comerciales, pensado para el mercado internacional. En nariz ofrece aromas tropicales aportados por las levaduras de cepas neozelandesas. Es un vino divertido y juvenil que en boca se presenta compensado y fresco, sin complejidades. Su precio en tienda ronda los 4 euros.

Viña Sanzo Verdejo 2011 (DO Rueda)

Probamos este vino, aún muy joven, de la zona de La Seca y elaborado también con verdejo, siguiendo un proceso sin levaduras refinadas en el que el vino se separa de las lías finas, que se bastonean durante cinco semanas y se mezcla con un 4-7% fermentado en barrica. De lágrima intensa, en nariz este año se aprecia más vegetal al ser un año cálido y tratarse de cepas cuyas raíces bajan hasta los 5 metros de profundidad. En boca se muestra tánico, largo y aunque no muestra todavía toda su expresión, va tomando forma. Javier nos recomienda este vino para acompañar un almuerzo o una cena, acompañando platos como túnidos, risottos o carnes blancas. Se vende en tienda a alrededor de 7 euros.

Lácrimus Crianza 2009 (DO Ca. Rioja)

Estamos ante uno de los vinos más “raritos” de la cata. Aprovechando los saltos térmicos de la zona norte de Rioja, este vino se elabora combinando atrevidamente un 85% de tempranillo con un 15% de graciano, con una crianza de 14 meses en roble húngaro y francés, para que tenga menos oxidación, aunque se está introduciendo algo de americano último año. A la vista resulta más intenso que un Rioja normal, mientras que en nariz se percibe más mediterráneo, con toques de especias (pimienta) y moras, conformando una importante complejidad aromática. En boca es aterciopelado, con taninos nobles de evolución y una expresión frutal envuelta en un madera, con un toque de frutos negros y especias también en boca, resultando fresco y sin los típicos torrefactos. En tienda sale por entre 9 y 12 euros.

Imagen tomada durante la cataImagen tomada durante la cata

Vall Sanzo Crianza 2008 (DO Ribera del Duero)

De una añada más complicada que la 2009, este vino se elabora en la zona de La Horra, ya con viñedo e instalación en alquiler pero que para este año se produjo a partir de uva comprada. Con 12 meses en barrica de roble francés, español y húngaro-rumano con mezcla de duelas, es un vino más de terruño que orientado al consumidor. Muestra un color intenso y vivo, mientras que en nariz se perciben aromas más frescos que los de Rioja y más balsámicos que los de Ribera, notándose el aporte de vainilla y coco del roble americano y el eucalipto del rumano. En boca aparece tánico, con una alta carga polifenólica y una buena acidez, aunque necesita algo más de evolución en botella. No en vano en las cepas se utiliza cobertura vegetal para evitar las bajadas de acidez típicas de la zona, debidas al potasio. Este vino ronda los 12-15 euros en tienda.

Terras de Javier Rodríguez 2009 (DO Toro)

En este vino, uno de los más especiales de la cata, se busca la estructura, además de romper el tópico de que los toros son rústicos y secos. Para ello se dispone de uva en tres terruños, con cepas de entre 60 y 120 años. Fermentado en cajas, se macera durante una ocho días, para después fermentar en tanque y barrica nueva, con doce meses de roble americano. Al estar en la zona más cálida del valle del Duero, se observa más intensidad y mineralidad, y menos fruta madura en nariz, con toques de especias e hidrocarburos. En boca es carnoso, con taninos muy bien definidos y con la jugosidad de la tinta de toro a partir de la que se elabora. Un vino muy interesante que en tienda puede encontrarse por entre 20 y 22 euros.

Viña Sanzo Sobre Lías 2010 (DO Rueda)

Este vino tiene la particularidad de que para su elaboración, que parte de varias viñas viejas de verdejo, se utilizan lías de otros vinos, que le dan carnosidad y absorben la madera. Por ello se utilizan barricas nuevas que después irán destinadas a la elaboración de tintos, para evitar así su sobremaderización. El vino manda sobre la barrica y en él se percibe un cambio de color, así como aromas a piña en almíbar, especias, lácteos y toques de panadería aportados por las lías, además de frescura herbácea. En boca es carnoso, con músculo y estructura y un ligero toque frutal. Además, su moderada acidez facilita el envejecimiento y le convierte en una buena combinación para platos con cierto nivel de grasa. Su precio ronda los 12 euros, siempre en tienda.

Bodegón en la mesa de la cataBodegón en la mesa de la cata

Lácrimus Rex 2009 (DO Ca Rioja)

Otra arriesgada a la par que interesante mezcla, que forma parte de una serie de proyectos de la bodega para potenciar la garnacha, y que en este caso da lugar a un vino diferente, recomendable para el chateo. Con un 75% de garnacha y un 25% de graciano, y 9 meses en roble de segundo año, la fruta predomina por encima del resto, mostrándose en nariz claramente la graciano, mientras que en boca es la frambuesa de la garnacha la que domina un paladar sedodo, noble, graso, amble y frutal, con un ligero toque de madera. Este vino puede conseguirse en tienda por unos 7 euros,

La Senoba 2008 (DO Ca Rioja)

Llegamos a un vino de pago que, tanto por la gran competencia como por su precio, aproximadamente 25 euros en tienda, lo tiene más complicado para abrirse un hueco en el mercado nacional. Elaborado al 50% con tempranillo y graciano, las cepas de sesenta años se eligieron en una zona con una de las mayores altitudes de la Rioja norte, que fué un lago en el cretácico, y que al secarse provocó la precipitación de minerales que enriquecen el producto final. Con fermentación maloláctica en roble americano de cada uva por separado durante doce meses, posteriormente se mezclan y se mantienen otros seis más. En una zona en la que predomina el monte bajo, se observa una mayor mineralidad en nariz, con toque de fruta más roja en este caso. En boca es graso, redondo, sin aristas ni taninos y con una acidez muy equilibrada y sin que apenas se perciban los 18 meses en barrica. Como curiosidad decir que Javier lo probó en Suiza acompañando un Jabalí con chocolate.

Terras de Javier Rodríguez 2009 (DO Bierzo)

Cerramos la carta con este otro “Terras”, línea de vinos de variedades no tan conocidas y elaboradas mediante sistemas clásicos (maderas) y trabajo manual (3 claras por hectolitro batidas a mano). Estos son vinos “a capricho”, no creados buscando al consumidor sino hechos como le gustan al propio Javier. El año que viene saldrá también la variante elaborada con Juan García. Este de Bierzo esta elaborado a partir de cepas de una viña centenaria que pertenece a un amgo, y tiene 12 meses en barrica húngara. Quizás le falte algo de expresión aromática, y al ser de 2009 se le nota un poco más de la cuenta la madera. En boca es metálico y amargoso, resultando menos atlántico y más ancho que otros. Otro ejemplo de como la bodega mantiene la variedad, en este caso mencía, pero se le da un estilo propio. Su precio en bodega es de 15 euros.

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