Las claves nos las da el científico Carlos López-Otín
Si lo que quieres es vivir 100 años… come menos proteínas y más vegetales
Una dieta más comedida, con una ingesta reducida de calorías, es capaz de alargar nuestra vida y, sobre todo, mejorar en gran medida nuestra salud.

Redacción

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Actualizado
07/02/2017


Carlos López-Otín es catedrático en el área de Bioquímica y Biología Molecular en el departamento de Bioquímica de la facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo, siendo un experto mundial en cáncer, artritis, envejecimiento y enfermedades hereditarias. A este importantísimo científico le preguntamos sobre las claves para ayudarnos a vivir más y mejor a través de la alimentación.

¿Que son los genomas?

Los genomas portan toda la información genética que un ser vivo necesita para desarrollarse y mantenerse vivo en el ambiente que le rodea. En este sentido, nuestros genomas como especie humana son el producto de miles de años de evolución con una dieta omnívora. Esto conlleva que los genes necesarios para metabolizar esta dieta difieran parcialmente de los de otras especies adaptadas a una alimentación completamente diferente.

¿Contienen los genomas información genética de la alimentación heredada?

Carlos López-OtínCarlos López-Otín

Además de este lenguaje genómico, nuestra vida depende de los llamados códigos epigenéticos, que a su vez derivan de la interacción con el ambiente. Hasta hace poco se creía que las marcas epigenéticas no se podían transmitir a nuestros descendientes. Sin embargo, hoy sabemos que algunas de esas marcas son heredables de generación en generación. De esta forma, la alimentación de nuestros padres puede influir en nosotros mismos.



¿Hay algún ejemplo concreto en este sentido?

El ejemplo más conocido es el efecto de la hambruna entre la población de los Países Bajos durante 1944, donde los hijos nacidos ese año eran de menor peso y talla que los nacidos el año anterior. Cuando llegaron a adultos presentaban mayor obesidad, un efecto que duró dos generaciones. Por ello, se puede afirmar que nuestros genomas pueden portar información de la alimentación heredada. En suma, conocer la influencia de la alimentación en nuestro genoma es clave para comprender qué hábitos pueden estar dañándonos, no solo a nosotros mismos, sino también a nuestra descendencia.

¿Hasta qué punto una correcta alimentación es importante para tener una mayor esperanza de vida?

Desde el momento en que nacemos, la información genética que hemos recibido determina en gran medida nuestra esperanza de vida máxima. Sin embargo, aunque esta sería la edad “potencial” a la que podríamos llegar, el estilo de vida puede modificar sustancialmente esta barrera. Así, hoy sabemos que la llamada dieta occidental, con una gran ingesta de proteínas y grasas saturadas, reduce nuestra esperanza de vida. Por el contrario, una dieta más comedida, con una ingesta reducida de calorías, es capaz de alargar nuestra vida y, sobre todo, mejorar nuestra salud.

En los estudios que usted ha realizado entre las personas que viven más de 100 años que creo recordar en España son más de 15.000 ¿hay puntos de encuentro en su forma de alimentarse o estilo de vida?

Como hemos dicho, la capacidad de vivir más de 100 años está influenciada por multitud de factores, desde la genética al estilo de vida. Por tanto, hay una base predeterminada por herencia, que es parte de lo que tratamos de investigar en nuestro laboratorio.

Sin embargo, existen ciertos hábitos de vida comunes en estas personas y que suelen relacionarse con una mayor longevidad. Son personas que han vivido en el siglo XX y esto ha marcado su esperanza de vida, para bien o para mal. Para empezar, muchas de ellas han tenido una alimentación de subsistencia en ciertas épocas, sin excesos calóricos. Además, vivían en el campo, un entorno muy distinto a las contaminadas urbes que habitamos hoy en día, y tenían vidas menos sedentarias.

Por lo tanto, podemos resumir que sí existen hábitos de vida comunes entre estas personas, aunque siempre existe cierto “azar” genético. De esta forma, hay personas que, aun llevando un estilo de vida que no denominaríamos como beneficioso, traspasan la barrera de los 100 años gracias a su saludable genética.

Recibimos constantes informaciones sobre alimentos beneficiosos o perjudiciales para el Cáncer en el sentido de que lo previenen o fomentan. ¿Hasta qué punto es esto cierto?

El cáncer nace de un descontrol celular que lleva hacia una proliferación excesiva. En el día a día, cientos de células entran en un estado de potencial peligro, pero afortunadamente nuestro sistema inmune es capaz de eliminarlas. Cuando llevamos una alimentación no saludable se altera el funcionamiento de nuestro cuerpo, pudiendo afectar a los programas internos de las células. De esta forma, será más fácil que una célula entre en una proliferación sin control y que las células “guardianas” no sean capaces de detectarla y eliminarla. Y al revés, una alimentación sana y equilibrada permite un mejor control de las células sobre sí mismas y sobre las demás. De todos modos, no debemos olvidar que el cáncer es una consecuencia propia de vivir y que, aunque un correcto estilo de vida reduzca las probabilidades de desarrollarlo, siempre habrá posibilidades de sufrirlo independientemente de lo saludables que seamos.

Hay estudios sobre los efectos perjudiciales de la comida abundante en nuestra salud, en algunos lugares del mundo denominadas Zonas Azules por Dan Buettner, una alimentación frugal junto a otros factores consigue importantes concentraciones de centenarios en lugares como Cerdeña (Italia) u Okinawa (Japón)



¿Podríamos concluir que “comer nos mata”?

Una de las estrategias más ampliamente estudiadas en los laboratorios para extender la longevidad es la reducción calórica sin llegar a la desnutrición. Además, también sabemos que la Dieta Mediterránea, con gran abundancia de vegetales y una reducida ingesta de proteínas, se asocia a mejores parámetros cardiovasculares. Es por ello que en zonas donde la alimentación cumple estas premisas hay mayor porcentaje de personas centenarias. Por tanto, aunque es una gran exageración decir que la alimentación nos mata, sí podemos afirmar que influye de manera sustancial en nuestra esperanza de vida.

Finalmente, si usted pudiera aconsejarnos en base a su conocimiento científico las claves para aspirar a vivir 100 años ¿cuáles serían con los recursos con los que contamos? ¿Qué alimentos debieran formar parte de nuestra dieta para estar más sanos y vivir más y con mayor calidad de vida y por qué?

Con lo que conocemos, no existen unas pautas que nos aseguren vivir 100 años. Además, creo que es más importante llegar con suficiente calidad de vida a una edad avanzada. No sirve de nada llegar a los 100 años si no lo hacemos en unas condiciones que nos permitan tener una vida digna. Debemos aspirar a vivir mejor y no simplemente a vivir más. En el ámbito alimenticio, una dieta comedida y equilibrada, sin excesos, nos ayudará a llegar en mejores condiciones a la vejez, pues ayudará a preservar el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo, lo que yo llamo nuestra armonía molecular.

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