Sugerente propuesta del chef Óscar Velasco

Santceloni, el patrón de las sorpresas

El mejor servicio de sala de España y la mejor cocina de mercado. Dos etiquetas que engarzan a la perfección con el talento innovador de Óscar Velasco, que vuela libre de la herencia del gran Santi Santamaría.

Javier Olivares27/04/2015
Anguila con judías verdes y caldo de ave, la estrella de la temporadaAnguila con judías verdes y caldo de ave, la estrella de la temporada

Si a uno le gusta comer, pocos oficios eventuales puede haber más tentadores que el de “probador de cocinillas ilustre”. Se denomine así o no en el vademécum laboral, el concepto existe.

Supongamos que uno tiene la suerte de poder acudir dos veces al mes al Restaurante Santceloni, en pleno Paseo de la Castellana, en los bajos del Hotel Hesperia. Es, por tanto, un cliente habitual, casi un amigo. Puede suceder que, uno de esos días, el responsable de cocina del local, el inquieto Óscar Velasco, le sugiera probar una de sus últimas creaciones, todavía en la catapulta de la carta.

“Así surgió la anguila con judías verdes y caldo de ave”, confiesa el propio cocinero. La anguila, el plato estrella de la temporada, superó todo tipo de (benditos) experimentos, hasta pasar la ronda de pruebas entre el personal de los fogones del restaurante. Para asegurarse, el chef lo dio a catar a alguno de esos (afortunados) comensales cómplices, ávidos de sensaciones. Por supuesto, los anónimos cofrades del Santceloni a los que les toca esa pedrea, suelen dar su aprobación. “Con todo, lo que más me hace confiar en los cambios es mi paladar, mi criterio”, sentencia Velasco. “Si a mí no me convence, no hay cambios”.

Pocos cambios hay en la filosofía que instauró en el local en 2001 el malogrado Santi Santamaría, como delegación de su Can Fabes en Madrid. El interiorista Pascua Ortega, logró un templo acogedor, de espacios amplios, aprovechando los lucernarios simétricos de la estructura arquitectónica. Hoy, uno de ellos acoge una escultura de Manolo Valdés, que compite con las obras de arte que irán cayendo en el plato. En el otro se ha habilitado un exclusivo espacio para fumadores, el Santceloni Cigar Club. Es una concesión democrática a las peticiones de los clientes fumadores, que requerían ese reducto en el que disfrutar de una sobremesa acorde con la mesa. Más de cien vitolas, que se emparejan con los mejores espiritosos, redondean el festín.

Pero eso es al final. Empecemos por el principio: un catálogo de aperitivos que prueban la cintura del jefe de sala, Abel Valverde, y su equipo, varias veces reconocidos con los premios Nobel de su faceta: uno está tan a gusto y tan colmado de puntuales atenciones que ni nota al personal alrededor.

Tomate deshidratado con salteado de habitas de la huertaTomate deshidratado con salteado de habitas de la huerta

El primer bocado es un tomate deshidratado con salteado de habitas de la huerta. Nunca antes encajó mejor la expresión “abrir boca”. Al lado, un chorrito de una edición especial del Castillo de Canena, para compartir con los panes, de cinco cereales, de centeno, payés… que elaboran ahí mismo, tras las puertas giratorias de la cocina, donde se adivina un ritmo frenético.

Sin solución de continuidad, aparece la alcachofa (estamos en la época), con trufa negra y caldo de jamón y centeno. Un bocado único.

El champagne Chartogne-Taillet Brut de Saint Anne, acompaña las entradas. David Robledo, el sumiller, sugiere continuar con un tinto de la Ribera del Duero, Bohorquez Reserva 2006. Discreto en boca, para no enmudecer a los inminentes pescados. Demasiado discreto, quizá.

Arranca la propuesta del bautizado como Gran Menú con una tosta de pollo de corral en golosa presentación, acompañado de pisto, agridulce de pimentón y corteza de trigo. Lleva, nos cuentan, hojas de cenizo, zanahoria y amaranto. Predomina el agridulce, que encaja al dedillo en la espiral de sabores del menú que se inicia ahora.

Sucede al pollo una caballa ahumada, que llena la boca de sensaciones marinas, sobre el lecho de coliflor, jalea de manzana y puré de limón y remolacha. Una sorpresa realmente especial antes de un canelón de pasta fina con cebolla caramelizada y trufa negra. Tan sutil, que se suceden los estímulos a cada movimiento de mandíbula.

Y, por fin, la anguila, con el caldo de ave de fondo resultado de una sesuda investigación. “No sé si se trata de I+D”, bromea Velasco. “Pero hemos conseguido dar profundidad al plato en el paladar, gracias al caldo de pollo, muy ligero. Este gusto es más retronasal, al contar con la intensidad de la carne. Quizá el comensal no se dé cuenta de que es pollo, pero nota un fondo como de carne”.

¿Y cómo se consigue un consomé tan claro y transparente a la vista? “Lo hacemos en realidad de gallina, a la que blanqueamos y dejamos sin impurezas: es casi una infusión, un hervor que evita la necesidad de clarificación. Si lo haces bien, es innecesaria”, comenta el chef.

Sin dejar el aroma del mar –y el río, que la anguila le da a todo-, llega a la mesa el pescado del día, una lubina con cebolletas ahumadas, reducción de vino tinto y remolacha. Se aprecia –y se agradece– la ligereza del invento.

Los quesos de SantceloniLos quesos de Santceloni

Por último, el plato contundente; una costilla de ibérico con calabacín, crema de ajo limón (que compensa y contrasta) y salsa barbacoa. Es otra de las acertadas pruebas de Velasco, quien, con los años y con la experiencia, se ha atrevido a lanzarse a la piscina incluso sin agua. Al principio, no asentaba nada en la carta que no hubiera probado Santi Santamaría, a caballo entre Can Fabes y cualquier congreso del mundo en el que reclamaran su prestigio culinario. “No sabía si lo que a mí me gustaba era lo que iba a prosperar. Había veces que no podíamos esperar a que volviera de viaje, y debíamos dar algo nuevo. Pero vas aprendiendo a determinar cuándo algo es especial”. Desde el fallecimiento de Santamaría, en 2011, se diría que ninguna decisión del paladar del Velasco ha sido un fracaso.

Terminados los seis platos principales, es cuando Abel Valverde pregunta a los visitantes si les gusta el queso. En ese momento, hay dos razones para exclamar “¡Por fin!”; el amor y el odio. Porque la mesa rodante, con 80 de las 300 variedades de las que dispone el restaurante, preside el centro del local durante todo el almuerzo. Y el queso se manifiesta por el olfato. O te gusta…

Abel Valverde, seguramente uno de los tipos que más sabe en el planeta sobre esta materia, nos organiza la paleta con una evolución lógica y coherente: L’Encalat, tipo camembert, pero de oveja, muy untuoso; Stinking bishop, literalmente, “queso apestoso”, de vaca Gloucester británica; Chimay, belga, con notas de albaricoque y cerveza; Comte, el favorito de Víctor Hugo, según Abel (“hay unas 190 queserías en Francia, cerca de los Alpes, que lo elaboran”, cuenta); dos clásicos exquisitos de la Mancha y el exclusivo L’Espirit Santceloni, que elabora Rubén Valbuena –ya le llaman “el quesero de las estrellas Michelin”– en la granja Cantagrullas.

El sumiller, David Robledo, no duda en ofrecer un malagueño dulce, el Merlot Ariyanas, para acompañar al queso.

El postre nos reserva dos aciertos más de Velasco: el granizado de zanahoria, con lima, eneldo, avena y jengibre, y la sopa de chocolate y fruta de la pasión, con avellanas, aceitunas Kalamata, de origen griego. El Premio Nacional de Gastronomía 2007 al mejor jefe de cocina guarda siempre mangas en la manga –a veces, pastelera– para hacer de la visita a Santceloni una verdadera experiencia singular.

Las vacaciones culinarias de un chef

Son las 17.30h. de un viernes. Hoy, Laura, la hija mayor de Óscar Velasco, viene a ver a papá. A sus siete años, no tiene cara de molestarle acudir al trabajo, precisamente. “Muchas veces hace la compra conmigo, y va distinguiendo la cara de los productos”, cuenta su padre. La cantera Velasco parece perpetuarse, al menos en la ilusión.

Óscar Velasco ante una pequeña muestra de su variedad de quesosÓscar Velasco ante una pequeña muestra de su variedad de quesos

A Laura, en breve, las vacaciones familiares le permitirán descubrir mundo con su padre. Basta con echar un ojo a los sellos de su pasaporte: el año pasado el chef estuvo en el Noma, de Copenhague; en el Ostería Francescana de Modena; en el Eleven Madison Park, de Nueva York… “Quiero conocer los 50 mejores restaurantes del mundo, para evolucionar, mejorar y aprender. Procuro descubrir, pero sobre todo disfrutar. No quiero que me agasajen”. No siempre se identifica cuando llega a los establecimientos. Depende del grado de relación con el colega titular del local. “Quiero comer lo que me apetezca. Me gusta conocer”. ¿Y dónde disfruta un chef de élite? «En mi casa [risas]. Y, fuera, el más divertido que he conocido es el Noma, de René Redzepi. Por concepto, por diferente… Lo recomiendo”. Anotado queda, jefe.

Galería fotográfica:

Muñoca Revival: un clásico con exquisitas recetas de carne

Muñoca Revival es la nueva apuesta de cocinero Javier Muñoz-Calero en Madrid, una vuelta a la cocina clásica, elegante y llena de sabor.

Alicia Hernández19/03/2015
Javier Muñoz-Calero en Muñoca RevivalJavier Muñoz-Calero en Muñoca Revival

Javier Muñoz-Calero es un cocinero vocacional que ha ido hilvanando su oficio formándose en las mejores escuelas y restaurantes. Cuando dijo en su casa que lo suyo era la cocina, la noticia no cayó muy bien. Pero una vez asumido su deseo, lo primero que su padre le dijo fue: «bien, pero ésto te lo vas a tomar en serio: te formarás en las mejores escuelas de cocina«. Y así fue.

Su cocina es impecable, tanto o más que su manera de gestionar los negocios: El Huerto de Lucas, idea de su tía, con productos 100% orgánicos; Tartan Roof, en la azotea del Círculo de Bellas Artes, además de su divertido Perrito Faldero de Chueca y la cervecería Belaunde 22; a lo que hay que sumar un ingrediente social admirable: colabora con la Fundación Raíces que trabaja por la inclusión de jóvenes inmigrantes sin recursos, «muchos de ellos han llegado aquí de milagro y han encontrado en la cocina su presente y su futuro«, cuenta Javier.

Pero entremos en la cocina, en su última apuesta en Madrid: Muñoca Revival (Juan Ramón Jiménez, 22), que ha nacido con una idea que le rondaba en la cabeza: «hacer un restaurante donde le gustaría comer a mi padre. Donde yo comía cuando era jovencito, con esos platos que parece que ya no hay tiempo de cocinar y de comer«. Pues bien, dicho y hecho. Y aquí está Muñoca Revival, dando una vuelta a la cocina de sus recuerdos e invitando a que se disfrute sin prisas.

Jarrete de ternera lechal servido en salaJarrete de ternera lechal servido en sala

Ha conseguido hasta la puesta en escena con algunas recetas clásicas de manual que se sirven en sala, como el Jarrete lacado de ternera lechal. Pura elegancia.

El chef madrileño ha vuelto a sus orígenes, pero en la carta también asoman recetas y sabores de la cocina catalana, donde montó su primer restaurante y que tanto le gusta. Como los callos hechos con morro y pata, ‘cap y pota’, con una ligereza sorprendente, o las exquisitas albóndigas con sepia, un mar y montaña jugoso que rebosa sabor.

Entre los entrantes, no hay de dejar de probar la Ensaladilla rusa de gamba roja de Águilas (12€), muy suave y equilibrada. El Foie a la sal con pain d`épices, migas carquiñolis y cerezas marrasquino (14€), las Croquetas de sobrasada (10€), líquidas y delicadas, o el Salmón semi ahumado con salsa gribiche (12€), muy natural, son propuestas todas muy apetecibles.

Ensaladilla con gamba rojaEnsaladilla con gamba roja

Las verduras se adaptan al mercado, igual que las setas, que cuando es temporada nunca faltan en la cocina. Las ensaladas son puro producto, con excelentes vinagretas y mezclas sutiles como la Ensalada de berros con embutidos bull blanc, vinagreta, lima, albaricoque y grosellas secas (12€) 

Junto a las Albóndigas de sepia (16€), otro plato marinero imprescindible es el Arroz con gamba roja de Águilas, que tomaba con su abuelo allí y ahora encarga para su restaurante, envolvente y con un fumé cremoso (17€).

Junto al Jarrete de ternera (se sirve medio o entero), quienes busquen sabores auténticos los hallarán también en la Carne estofada con una receta clásica y tradicional, en el Cochinillo lechal relleno de panceta y lacón, o en el Rabo de vaca vieja gallega con patatas (20€), revisión muy acertada de este plato tradicional, servido con hueso y con una salsa brillante.

Tartas de zanahoria, queso y after eightTartas de zanahoria, queso y after eight

En la oferta de postres, las Tartitas de queso, zanahoria y chocolate, después de semejante comida pueden resultar algo contundentes, pero no deben dejar de probarse. Como tentadoras resultan, también, las Trufas y rocas de chocolate que aparecen para acompañar al café o alguno de los tés e infusiones de la carta.

La decoración, con mesas redondas y sillones con tapizados geométricos y look años 40, resulta elegante y acogedora. Afuera, cuenta con una terraza semiacristalada y una cava de puros para quien desee alargar la sobremesa.

Muñoca Revival
Calle de Juan Ramón Jiménez, 22. Madrid
Tel.: 913 59 14 40
www.munoca.es

Parpatana de atún rojo con jengibre y tomates simshi

Audrey’s, la sorprendente cocina creativa de Rafa Soler

En uno de los hoteles de referencia de la Costa Blanca se encuentra este restaurante, capitaneado por el chef Rafa Soler, con un excelente servicio de sala y sorprendentes propuestas de cocina creativa.

Eva Celada16/03/2015
Tiradito de corvina con aguacate y leche de tigre clásica acompañado de esferas de aguacate

A&G: la mejor cocina creativa peruana de Madrid

A&G propone con acierto una cocina peruana suavemente equilibrada y evolucionada, con platos llenos de sabor a cargo del chef Percy Álvaro.

Eva Celada13/03/2015

 

decoración

Arroz de pichón

Brel: cocina creativa con sabores mediterráneos

Brel, situado en el paseo marítimo de El Campello y con la familia Rome al frente, es una de las apuestas más brillantes de la cocina creativa en la zona.

Eva Celada09/03/2015

La familia Rome, en tercera generación dirige este establecimiento situado en la bella localidad alicantina de Campello

Choripán, tapa estrella

Eguinoa: Cocina fusión de producto muy personal

Buen ambiente y un servicio eficaz en este restaurante, donde la cocina de Javier Brichetto deslumbra en el plato, con sabores exóticos y técnica depurada.

Eva Celada05/03/2015
Postre Kandinsky

Coque, en la villa del tesoro

En uno de sus mejores momentos profesionales, el chef Mario Sandoval propone en su restaurante Coque, un menú que es el resumen de su filosofía gastronómica: la Arqueología de los Sabores, en toda su plenitud

Javier Olivares19/02/2015
Sala del Restaurante Coque, en HumanesSala del Restaurante Coque, en Humanes

Llegar a Humanes, a la cuna de uno de los tres mejores restaurantes de Madrid, requiere proponérselo. Pero no decepciona.

Tirar del refranero, en estos casos, puede ayudar a encontrar consuelo: quien algo quiere, algo le cuesta. Y llegar a Coque, en Humanes, es realmente un premio, una conquista. En una imaginaria vista aérea, esta villa, a 20 kilómetros de Madrid, se acurruca entre tirabuzones de autovías, autopistas y circunvalaciones, que se asemejan desde ahí arriba a lazos de repostería. Llegar cuesta tanto como lo que llena.

Pero hay prejuicios que el visitante despoja a la primera: no es Coque un restaurante de pueblo, ni un restaurante de polígono. Ubicado a dos pasos de la vía principal del lugar, una vez aquí, se descubre por qué la esencia hay que buscarla. Es este un centro de investigación de la mayor pujanza, con materias primas propias de granja y huerta, y con logros como la creación de una nueva raza de cochinillos (cruce entre Peitrain y Duroc), e innovadores estudios de los polifenoles del vino. Una Estrella Michelin, tres soles Repsol y el Premio Nacional de Gastronomía 2013 al chef Mario Sandoval refrendan esa inquietud.

La ruta por este santa sanctórum de la excelencia dibuja un recorrido que empieza en la bodega, un acogedor espacio, hoy acondicionado para todo tipo de encuentros, mientras los asistentes husmean entre las 1.700 referencias enológicas de la casa. No hay que olvidar que Coque ofreció la primera carta digital de España: las etiquetas eran presentadas al comensal en una tableta electrónica.

Rafael Sandoval se encarga del maridajeRafael Sandoval se encarga del maridaje

Pues bien, ahí abajo, con el suelo acristalado y las estanterías repletas de joyas, es donde se degusta una variada oferta de aperitivos, que el personal relata con esmero. Hay unas Aceitunas líquidas de Camporreal más que curiosas y unos resueltos macarons. Antes de bajar, no olvide el visitante que se dirige a la bodega de la casa: quizá con una rebequita no sea suficiente para disfrutar del momento.

En la segunda etapa de la experiencia, el comensal presiente llegar a la puerta del cielo. Cuando asciende a la cocina, el chef Mario Sandoval y sus diligentes ayudantes, saludan con alegría coral desde una iluminación que definitivamente convence al intruso de que se encuentra en la gloria. Ahí tomamos un cocido reinterpretado por Mario, con su pringá y todo: «Nos hemos volcado en cocinar pensando en los clientes, volviendo a la esencia. Por eso hacemos el cocido, la espardeña, la pepitoria…«. Después nos explica el funcionamiento de los tres hornos, que ocupan el mismo lugar en el que estaban en 1949. El olor a leña de tres árboles autóctonos, sin duda la mejor definición sensitiva de la palabra «hogar», hacen redundante la narración.

Menú arqueológico

Percebe de la Ría con algasa marinasPercebe de la Ría con algasa marinas

Ya hemos encontrado el Santo Grial, pero los hermanos Coque sugieren un menú acertadamente bautizado como «Arqueología de los sabores»: una sugerente escalada de once platos en la que todo sabe a rico, a familiar, a genuino. Se trata de maridarlo con vinos, máximo siete, para poder conducir. No hay problema con el alcohol: esto tiene pinta de prorrogarse más de cinco horas.

Y allá vamos.

Rafael Sandoval va narrando el maridaje. Diego Sandoval da entrada a los platos.

El ritual, evolutivo y creciente, prepara las papilas y la emoción para lo que se avecina. «El menú va in crescendo», concede Mario Sandoval. «Nosotros nos volcamos en el final. Todo lo que hacemos es muy sano. Y el sabor, para mí, resulta innegociable: yo prefiero montar un plato menos vistoso, pero muy bueno, que hacer un dalí y que desilusione«.

Puesto que esta familia vive en la onírica utopía de la autosuficiencia, todos los ingredientes, salvo los que nos advierten, proceden de sus granjas y sus huertas. Océano aparte, claro está.

Empezamos con un Caldo de cona de boletus, a modo de infusión. Curioso y sabroso. Para acompañar, una manzanilla.

Antes de la Lechuga romana Blody Mary, Consomé de liebre con armañac de liebre estofada y Tierra de acelga roja con bitter y lima. Definitivamente, el escabechado sabe a campo, a montería.

Cochinillo, uno de los mejores platos del chefCochinillo, uno de los mejores platos del chef

A continuación nos adentramos en el festival marinero, con los Berberechos yodados con puré de pochas, piñones frescos, Salicornia y espuma de lima. El Albariño elegido por Rafael, Laureatus, le va al dedillo. Si uno no ve el mar detrás de la cristalera del local, es porque no quiere.

Con las Verduras ahumadas, picantes y amargas con calabaza espaciada, hace su aparición la Panceta de ibérico, que serpentea por los sabores de los once platos de alguna u otra forma. La alineación de la tierra no tiene desperdicio: cebolla, apio asado, brotes orgánicos y jalapeños macerados en pisco. Toda una experiencia en la que se pueden detectar el ahumado de las tres maderas: fresno, encina y olivo, identificable como el tirabeque sobre la base de crema de coliflor.

¿Por qué el toque ahumado, Mario? «Estábamos en la fase de rotavapores, experimentando con la cocina al vacío, y no hacíamos apenas caso al horno de leña, santo y seño de la casa. Perforamos la bóveda, hasta entonces bóveda indirecta, para ahumar el cochinillo«. Los hermanos Sandoval encontraron un proveedor de madera del entorno, que les respaldó con sacas grandes (500 kilos) de maderas: fresno, cerezo, olivo, quejigo, sarmiento… «Metimos un cacito de leche en cada horno, en cada cámara. Y una hora después, cada leche sabía distinta. Descubrimos que con diferentes maderas podíamos ennoblecer la comida, igual que la barrica ennoblece el vino. El toque, en las verduras, se nota. Este humo es ligerito, no molesta. Eso sí, si se te va la mano en el ‘minipulpito’ ahumado con sarmientos, no veas la que lías«.

Postres servidos sobre una mesa-tabla de cristalPostres servidos sobre una mesa-tabla de cristal

Con los pulpitos en cuestión –exquisitos– tomamos un Marc Bbedif, de Borgoña.

La carrera marinera se convierte en un concurso difícil de premiar. El Percebe de la ría con algas marinas; el Tartar de langosta con miso y carpaccio de langostinos; el Lenguado en escabeche con perdiz… todos de notable alto, como los vinos: el Terra Remota, una garnacha del Ampurdán; el Alonso del Hierro, un ribera de La Horra; el Burdeos de La Dauphine

Siguen las sorpresas: habría quien, ante la Parpatana de atún, en una cata a ciegas, enmarcaría el plato entre las texturas de las carrilleras o los morcillos. Realmente exquisito. «Nació de un error histórico«, cuenta Rafael Sandoval. «Se quemó y se salvó con esta textura».

La Liebre con anacardos y pie azul (por supuesto, de la comarca) se apoya en especias africanas y en una detectable –y nada cargante– salsa romescu de anacardos y ñoras.

Yogur ácido de oveja con arándanosYogur ácido de oveja con arándanos

El cochinillo hace su aparición cuando el común de los comensales estaría dispuesto a retirarse. Pero sería un pecado perderse la joya de la corona. Un dado (de apenas nueve centímetros cuadrados) crujiente, al punto, del mejor cochinillo del mundo. ¿Quién puede negarse? Es de la raza propia, cruce entre Peitrain y Duroc, y lo crían los Sandoval en la granja autóctona. Tres golpes de leña de quejigo, fresno y encina del entorno le hacen realmente único. Que nadie espere un recordatorio a otros congéneres de Castilla y León: mejorando lo no presente, no tiene nada que ver.

Coque, con espacio para 34 comensales como máximo, roza el lleno casi todos los días. «Los restaurantes se disfrutan entre dos o cuatro personas», reflexiona Mario. «La mesa de seis ya es un reto: se pierden los sabores y los matices. La satisfacción es que el cliente se vaya contento, que recuerde la comida, pero hay que venir aquí a comer esto. Hay productos únicos, una experiencia única». Y una experiencia única son también los postres, servidos sobre una mesa-tabla de cristal: el Kandinsky, composición nº 8 es la originalidad hecha abstracción. Como el Yogur ácido de oveja con arándanos, de vaporosa puesta en escena.

Damos fe: la excursión, con sus recovecos y sus circunvalaciones, ha merecido la pena. Y la distancia no es óbice: para algunos prestigiosos ránkings gastronómicos, Coque está en el podio de Madrid, junto a los capitalinos Santceloni y Diverxo.

El secreto del huevo

Uno de los ingredientes estrella del chefUno de los ingredientes estrella del chef

Mario Sandoval es una de las estrellas de Madrid Fusión, año a año. Una edición desveló los entresijos de la Gastrogenómica. Otra, su charla versó sobre la hidrólisis, y este año se ha referido al estudio de los fríos supercríticos. Pero le hemos pedido que cuente para conmuchagula.com alguno de los secretos con los huevos, su ingrediente estrella. Como ese Huevo en pepitoria del menú, tan irrenunciable.

«Hago una yema de huevo caliente que suele sorprender«, explica. «Y no tiene mucho misterio: cojo la yema, la meto en un vasito, con aceite de girasol: tres cuartos girasol y un cuarto de oliva. Lo dejo hasta 53 grados, para que no llegue a ser nunca un huevo pasado por agua. Los meto a las 12 de la mañana para dar el servicio de las 14. Al llegar el cliente, escurro ese aceite en una cucharita de esferas y lo tienes la temperatura perfecta, sin que se cuaje la clara. El aceite protege la membrana y quita la mucosidad. La apariencia es de huevo crudo, pero está cocinado. Hasta que llegamos a esa conclusión, tela marinera«, bromea.

Galería fotográfica:

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