El Otoño en la Costa Daurada: naturaleza, playas, arte y buena gastronomía

El Otoño en la Costa Daurada: naturaleza, playas, arte y buena gastronomía

De Mont-roig del Camp a El Vendrell rastreamos el bello litoral de la Costa Daurada entre calas, playas de arenas dorada, áreas naturales extraordinarias y genios universales.

Yolanda Cardo07/10/2021

Joan Miró recorría asiduamente los kilómetros que separaban su casa, Mas Miró, en Mont-roig del Camp de las playas del municipio donde acostumbraba nadar. Le gustaba ejercitarse, charlar con los payeses, empaparse de un paisaje que le nutría el alma. “Toda mi obra está concebida en Mont-roig”, solía decir, y así es. Los distintos escenarios, de esta bella localidad de la Costa Daurada, forman parte del “paisaje emocional” del célebre artista. El pueblo, la playa, el puente, la iglesia, los huertos fueron una constante fuente de inspiración en sus lienzos. La masía es hoy un museo consagrado a la vida y obra de este catalán universal y forma parte del Paisaje de los Genios.

Pueblo de Mont-roig, el paisaje que enamoró a Joan Miró ©Paisatge dels Genis-WisconsinPueblo de Mont-roig, el paisaje que enamoró a Joan Miró ©Paisatge dels Genis-Wisconsin

No hay que ir muy lejos para hallar de nuevo la inspiración y también la ansiada calma. Hacia el sur de la línea de costa, en el término municipal de Vandellòs i l’Hospitalet de l’Infant, nos encontramos ante un espacio natural protegido de valor excepcional: la Rojala-Platja del Torn. Su singularidad paisajística radica en la belleza sutil de sus acantilados, de sus seductoras calas, los ecosistemas dunares en los que crece el delicado lirio de mar, las generosas playas y en las praderas de posidonia, unos frágiles ecosistemas marinos que afortunadamente aún podemos disfrutar en estas aguas.

Turismo de sol y playa en modo slow

En Salou encontramos lugares tan espectaculares como este, la cala Penya Tallada ©José Carlos León_PTDTEn Salou encontramos lugares tan espectaculares como este, la cala Penya Tallada ©José Carlos León_PTDT

En la Costa Daurada existen, además, lugares bien conocidos por los amantes incondicionales del turismo de sol y playa. Muchos hemos paseado en alguna ocasión por los paseos marítimos de Cambrils y de Salou y nos hemos bañado en sus concurridas playas. Tras el ocaso de los meses estivales, el otoño resulta perfecto para disfrutar de este popular litoral sin aglomeraciones ni temperaturas asfixiantes. Caminar o darse un chapuzón en las playas de La Llosa de l’Arcadia, l’Esquirol o la de Vilafortuny  en Cambrils o en las de Llevant o Capellans en Salou resulta absolutamente reconfortante y recomendable.

Además de reposados baños y relajantes paseos por la arena, estos dos municipios esconden atractivas propuestas. Pasear junto a los salouenses por el paseo Jaume I contemplando los palacetes noucentistas edificados en la década de 1920 es una de ellas. Otra nos llevará a enfilar los cerca de 5,5 km del camino de ronda que recorren la costa de Salou desde el monumento de Pilons hasta el idílico enclave de Cap Salou. Un sendero, perfectamente señalizado, que regala a lo largo del trayecto unas vistas increíbles.

Pescado listo para la subasta en el puerto de Cambrils  ©Joan Capdevila_PTDTPescado listo para la subasta en el puerto de Cambrils ©Joan Capdevila_PTDT

En la vecina Cambrils, resulta delicioso callejear por las angostas calles y recoletas plazas de su casco antiguo. Imprescindible visitar la Torre del Port, una antigua torre vigía del siglo XVII reconvertida en sala de exposiciones; acercarnos hasta el faro rojo, uno de los lugares más fotografiados de la ciudad o pasear por el puerto de pescadores desde donde podrán ver la llegada de los barcos de pesca a primera hora de la tarde y presenciar la subasta de pescado, todo un espectáculo. Como a estas alturas seguramente ya se les habrá despertado el apetito, no será mal plan guiar nuestros pasos hasta alguno de los restaurantes de su barrio marinero, el enclave perfecto para disfrutar de la gastronomía de la Costa Daurada.

Tarragona. Todo incluído

El balcón de Mediterráneo en Tarragona © Manel Antolí
El balcón de Mediterráneo en Tarragona © Manel Antolí

Tarragona no necesita presentación. Su pasado romano acude a nuestra mente con tan solo nombrarla. Pero además de sus monumentales ruinas, en la antigua capital de la Hispania Citerior, también podemos disfrutar de un buen día playero, que por algo goza de 15 km de costa. Este extraordinario balcón del Mediterráneo, al que por cierto debemos asomarnos para contemplar las fabulosas vistas, cuenta con largas playas de fina arena y atractivas calas de aguas transparentes.

Al final de playa Llarga de la ciudad comienza un lugar increíble, el Espacio Natural Protegido de Tamarit-la Punta de la Moa. Una agradable excursión atravesando pequeñas ensenadas al amparo de una costa rocosa a la que además debemos añadir un castillo de origen románico, el de Tamarit.

La experiencia no sería completa sin visitar El Serrallo, el barrio marinero de Tarragona. Su encanto reside en su aspecto tradicional que se funde, sin complejos, con un amplio paseo flanqueado por un lado de coloridas embarcaciones y al otro por numerosos restaurantes donde degustar la rica gastronomía de la zona: Una cazuela de romesco, una fideuà o un arroz negro, pescados, mariscos… cualquiera de los platos de su rico recetario tradicional, acompañados de un buen vino de la tierra, que hay mucho donde escoger, y si no vean cuántas denominaciones de origen ampara este hermoso territorio.

El Vendrell. Acordes mediterráneos

El Museo de Pau Casals es visita obligada en el Vendrell ©Museu Pau CasalsEl Museo de Pau Casals es visita obligada en el Vendrell ©Museu Pau Casals

Comenzamos este viaje rememorando la figura de Joan Miró, los últimos pasos nos acercan hasta El Vendrell, hogar e inspiración de otro gran maestro, Pau Casals. Pero antes debemos conocer Altafulla, una encantadora villa marinera que les hechizará. Numerosos cuentos y leyendas sitúan en esta población costera una comunidad de brujas que, cuentan, se daban cita en el campanario de la localidad. Disfruten sin prisas del embrujo y la tranquilidad de sus calles y de su bello patrimonio: el castillo de Altafulla del siglo XI, el de Montserrat o el de Tamarit, la iglesia barroca de Sant Martí de Tours, la plaza del Pou donde reside el ayuntamiento, las apacibles casas blancas de pescadores que vigilan el paseo marítimo…

No dejen tampoco de visitar la desembocadura de río Gaià. Un lugar idóneo para el avistamiento de numerosas especies entre un paisaje de vegetación ribereña y playas arenosas.

Sin necesidad de desplazarnos muchos kilómetros, otro espacio cuya peculiaridad paisajística y biodiversidad merecen una protección especial: El paisaje de la playa de Torredembarra donde se forman dunas de hasta cinco metros de altura. Un entorno de estanques y posidonia oceánica donde descansan numerosas especies de aves durante sus largas migraciones.

El centro histórico de Torredembarra tampoco decepciona y nos invita a descubrir cada uno de sus rincones. Tómense su tiempo para pasear por las calles Baix de Sant Per, Eduard Benot y Ample mientras descubren sus edificaciones de los siglos XVIII y XIX. Muy interesantes además el castillo de los Icart (actualmente sede del ayuntamiento), la iglesia parroquial de San Pere, la ruta de los indianos con sus singulares y preciosos edificios, la Torre de la Vila de estilo mudéjar o el faro que presume de ser el más alto de toda Catalunya.

El xató del Vendrell ©Paisatge dels Genis-WisconsinEl xató del Vendrell ©Paisatge dels Genis-Wisconsin

Finalizamos nuestra ruta en El Vendrell, cuna de Pau Casals. El célebre músico mantuvo un permanente vínculo con la localidad que le vio nacer. “Afortunadamente, durante mis viajes por tantos países extranjeros, jamás he abandonado al niño de El Vendrell”, dijo en una ocasión. Su universal legado permanece vivo en las calles y en la memoria de este municipio de la Costa Daurada. Una ruta imprescindible nos lleva por su casa natal, su museo y el auditorio que lleva su nombre. Para el violonchelista “cada momento que vivimos es único e irrepetible”, por ello, y como broche final de un viaje inolvidable, sabedores de que no hay mejor plan para digerir las valiosas experiencias que sentados a una buena mesa, disfrutemos de su rica gastronómica, por ejemplo del xató, uno de los platos más típicos de la zona, elaborado a base de productos de la tierra con bacalao, aliñado con una salsa muy especial, la romesco. Perfecto si lo acompaña con una copa DO Penedés, un poquito de mar y montaña en cada sorbo y en cada bocado.