Costa Daurada: modernismo, vermut y mucha historia

Costa Daurada: modernismo, vermut y mucha historia

Si en verano las playas son su mayor reclamo, los meses invernales resultan perfectos para descubrir su extraordinario patrimonio histórico y cultural además de una ruta muy sensorial, la del vermut, el aperitivo mediterráneo que nunca pasa de moda

Yolanda Cardo18/11/2021

Las bondades del clima mediterráneo suponen un atractivo añadido a la hora de planificar una escapada a la Costa Daurada. Cualquier época del año es perfecta para visitarla, incluso, las últimas semanas del calendario. Aquí hay mucho más que sol y playa y les va a encantar. ¿Nos vamos?

Reus, la cuna del Modernismo y del vermut

Iniciemos esta aventura con un viaje en el tiempo, concretamente hasta el siglo XVIII, cuando Reus cotizaba junto a París y Londres los precios de licores. Fueron décadas de progreso que transformaron profundamente la fisionomía de la ciudad. A finales del XIX llegó a tener cerca de 30 factorías elaborando este aromático aguardiente para numerosas marcas, algunas de las cuales aún se comercializan como Yzaguirre, Miró o Vermuts Rofes. Desde entonces la ciudad sigue siendo una referencia mundial de esta peculiar bebida.

Para adentrarnos en su fascinante historia además de saborearlo les proponemos una ruta turística muy especial. Nos vamos al Museo del Vermut, ubicado en un bello edificio modernista original de 1918 en el centro de la ciudad. El espacio atesora una colección única en el mundo con miles de objetos como botellas, carteles, etiquetas, documentos… Un auténtico paraíso para los amantes de este especiado elixir en el que podrán conocer en profundidad todos sus secretos durante las visitas guiadas que organizan. Además el museo cuenta con restaurante-vermutería cuya carta contiene más de 30 referencias de vermuts. La Casa del Vermut y el Vino, en la Estación Enológica, o la antigua fábrica de Vermuts Rofes, convertida en restaurante, resultan también paradas imprescindibles para disfrutar sorbo a sorbo de este irresistible itinerario.

Tras las huellas de Antoni Gaudí

Imagen nocturna de la Casa Navás en Reus © Casa NavásImagen nocturna de la Casa Navás en Reus © Casa Navás

Pero existen otras poderosas razones para escaparnos a la capital del Baix Camp, una de ellas por su arquitectura. Antoni Gaudí, padre del modernismo catalán, nació aquí el 25 de junio de 1852 y aunque no hay un solo edificio que lleve la firma del genio reusense en toda la ciudad, sí que podemos sumergirnos en su maravilloso universo visitando el Gaudí Centre. En su interior se exhiben, entre otras cosas, objetos personales y maquetas interactivas que nos ayudan a entender su personalísimo trabajo. En la última planta un extraordinario montaje multimedia nos invita a sentir, tocar y admirar todos los elementos de su fascinante obra.

Otro de los nombres por excelencia de este estilo arquitectónico es el de Lluís Domènech i Montaner. En la bulliciosa plaza del Mercadal encontramos uno de sus diseños más sublimes: la casa Navàs, una auténtica joya modernista, la única en toda Europa que se conserva intacta desde su construcción entre 1901 y 1908. No dejen de visitarla. Su sello lo encontrarán además en la casa Rull (1900) y en la Gasull (1911), ambas en la céntrica y comercial calle de Sant Joan.

Hasta 26 referencias encontrarán en la Ruta del Modernismo. Una magnífica manera de disfrutar de este excepcional patrimonio mientras recorremos cada rincón de la ciudad. Las casas Carpa y Laguna de Pere Caselles i Tarrats en la calle Monterols, la casa Marco de Pere Domènech i Roura en el arrabal de Santa Ana o las casas Querol, Punyed y Bartolí en la calle de Llovera son algunas de ellas. El itinerario está perfectamente señalizado y en cada parada encontrarán una placa con toda la información necesaria como el arquitecto que lo diseñó o el año de su construcción.

Tarragona. Pasado y presente de una ciudad Patrimonio de la Humanidad

El acueducto romano de las FerreresEl acueducto romano de las Ferreres

Son tantos y tantos los motivos para acercarnos hasta esta perla de la Costa Daurada que en realidad apetece quedarse una larga temporada. ¿Por dónde empezar? Quizás la mejor manera de tomarle el pulso sea imbuirnos de su glorioso legado romano. Basta con pasear por sus calles y plazas para evocar la magnitud de la urbe y el bullicio que latía en el entramado de la que fuera capital de la Hispania Citerior. En el edificio de la antigua Audiencia de Tarragona existe una magnífica maqueta de Tarraco tal y como era en el siglo II d.C. perfecta para entender el trazado de la actual metrópolis que, en parte ha crecido adaptándose  a su primitiva estructura. Con esta imagen en la retina, fíjense en la configuración de la plaza del Font ubicada en el espacio que antaño ocupaba el circo. Aún es posible apreciar los restos porticados mientras hacemos una pausa en alguna de sus concurridas terrazas o realizamos alguna gestión bancaria. Recorran las murallas; visiten el Forum, auténtico centro político y social de sus gentes; asciendan por la escalinata que conduce hasta la catedral de Santa Tecla, emplazada en el mismo lugar que sustentaba las columnas del templo dedicado a Augusto; admiren los restos del teatro que tenía una capacidad de 6.000 espectadores; el grandioso anfiteatro erigido extramuros frente al mar; el monumental acueducto de las Ferreras (conocido como Puente del Diablo), el Arco de Bará o la Torre de los Escipiones, a las fueras de Tarragona.

Su exultante pasado imperial compite con numerosos atractivos de época más moderna. Asómense al llamado Balcón del Mediterráneo, un excepcional mirador sobre el mar con unas vistas impagables de la costa. Desciendan por la Rambla Nova, su principal arteria, adornada con bellos edificios, muchos de ellos de estilo modernista, como son el Colegio de las Teresianas, las casas Rabadà, Bofarull o la impresionaste Casa Salas obra de Ramón Salas i Ricomà construida en 1907 como vivienda para el propio arquitecto.

El colorido barrio del Serrallo en Tarragona ©Manel AntolíEl colorido barrio del Serrallo en Tarragona ©Manel Antolí

Si de tanto caminar se les ha abierto el apetito, tranquilos porque en este aspecto Tarragona tampoco defrauda. Guíen sus pasos hasta el popular mercado Central, en la plaza de Corsini. Primero contemplen su arquitectura, están ante un edificio modernista catalogado como Bien de Interés Local, remodelado íntegramente en 2017 para recuperar todo su esplendor. Tres naves abovedadas, sustentadas por columnas de hierro, acogen coloridos puestos así como varios establecimientos donde probar su rica gastronomía local.

Si de fogones hablamos, El Serrallo, el coqueto barrio de pescadores, es parada obligada a cualquier hora del día. Su ambiente marinero se palpa en sus sencillas casitas, en la sede de la antigua cofradía de pescadores o en el Museo del Puerto de Tarragona que ocupa un antiguo almacén y cuyo interior nos acerca a la historia de este enclave marinero. También en sus numerosos restaurantes que ofrecen una deliciosa carta con los platos más exquisitos y tradicionales de la zona. Pescados, mariscos, arroces, fideuás o una sabrosa y reconfortante escudella, acompañados por alguno de los vinos elaborados en estas tierras. Y no olviden dejar sitio para el postre, mel i mató, crema catalana…

¿Aperitivo o sobremesa? Es la hora del vermut

Ya sea como aperitivo o para alargar la sobremesa, lo cierto es que el vermut apetece a cualquier hora y en cualquier sitio, pero ya que podemos elegir hagámoslo en Reus. ¿Ya saben cómo van a pedirlo? Quizás la mejor opción sea tomarlo bien frío y con una aceituna como cuentan lo tomaba Cary Grant antes de cada rodaje, porque decía que le relajaba. Sea como sea, beban con moderación y disfruten de cada sorbo con la mejor compañía de este territorio excepcional que es la Costa Daurada.

El Otoño en la Costa Daurada: naturaleza, playas, arte y buena gastronomía

El Otoño en la Costa Daurada: naturaleza, playas, arte y buena gastronomía

De Mont-roig del Camp a El Vendrell rastreamos el bello litoral de la Costa Daurada entre calas, playas de arenas dorada, áreas naturales extraordinarias y genios universales.

Yolanda Cardo07/10/2021

Joan Miró recorría asiduamente los kilómetros que separaban su casa, Mas Miró, en Mont-roig del Camp de las playas del municipio donde acostumbraba nadar. Le gustaba ejercitarse, charlar con los payeses, empaparse de un paisaje que le nutría el alma. “Toda mi obra está concebida en Mont-roig”, solía decir, y así es. Los distintos escenarios, de esta bella localidad de la Costa Daurada, forman parte del “paisaje emocional” del célebre artista. El pueblo, la playa, el puente, la iglesia, los huertos fueron una constante fuente de inspiración en sus lienzos. La masía es hoy un museo consagrado a la vida y obra de este catalán universal y forma parte del Paisaje de los Genios.

Pueblo de Mont-roig, el paisaje que enamoró a Joan Miró ©Paisatge dels Genis-WisconsinPueblo de Mont-roig, el paisaje que enamoró a Joan Miró ©Paisatge dels Genis-Wisconsin

No hay que ir muy lejos para hallar de nuevo la inspiración y también la ansiada calma. Hacia el sur de la línea de costa, en el término municipal de Vandellòs i l’Hospitalet de l’Infant, nos encontramos ante un espacio natural protegido de valor excepcional: la Rojala-Platja del Torn. Su singularidad paisajística radica en la belleza sutil de sus acantilados, de sus seductoras calas, los ecosistemas dunares en los que crece el delicado lirio de mar, las generosas playas y en las praderas de posidonia, unos frágiles ecosistemas marinos que afortunadamente aún podemos disfrutar en estas aguas.

Turismo de sol y playa en modo slow

En Salou encontramos lugares tan espectaculares como este, la cala Penya Tallada ©José Carlos León_PTDTEn Salou encontramos lugares tan espectaculares como este, la cala Penya Tallada ©José Carlos León_PTDT

En la Costa Daurada existen, además, lugares bien conocidos por los amantes incondicionales del turismo de sol y playa. Muchos hemos paseado en alguna ocasión por los paseos marítimos de Cambrils y de Salou y nos hemos bañado en sus concurridas playas. Tras el ocaso de los meses estivales, el otoño resulta perfecto para disfrutar de este popular litoral sin aglomeraciones ni temperaturas asfixiantes. Caminar o darse un chapuzón en las playas de La Llosa de l’Arcadia, l’Esquirol o la de Vilafortuny  en Cambrils o en las de Llevant o Capellans en Salou resulta absolutamente reconfortante y recomendable.

Además de reposados baños y relajantes paseos por la arena, estos dos municipios esconden atractivas propuestas. Pasear junto a los salouenses por el paseo Jaume I contemplando los palacetes noucentistas edificados en la década de 1920 es una de ellas. Otra nos llevará a enfilar los cerca de 5,5 km del camino de ronda que recorren la costa de Salou desde el monumento de Pilons hasta el idílico enclave de Cap Salou. Un sendero, perfectamente señalizado, que regala a lo largo del trayecto unas vistas increíbles.

Pescado listo para la subasta en el puerto de Cambrils ©Joan Capdevila_PTDTPescado listo para la subasta en el puerto de Cambrils ©Joan Capdevila_PTDT

En la vecina Cambrils, resulta delicioso callejear por las angostas calles y recoletas plazas de su casco antiguo. Imprescindible visitar la Torre del Port, una antigua torre vigía del siglo XVII reconvertida en sala de exposiciones; acercarnos hasta el faro rojo, uno de los lugares más fotografiados de la ciudad o pasear por el puerto de pescadores desde donde podrán ver la llegada de los barcos de pesca a primera hora de la tarde y presenciar la subasta de pescado, todo un espectáculo. Como a estas alturas seguramente ya se les habrá despertado el apetito, no será mal plan guiar nuestros pasos hasta alguno de los restaurantes de su barrio marinero, el enclave perfecto para disfrutar de la gastronomía de la Costa Daurada.

Tarragona. Todo incluído

El balcón de Mediterráneo en Tarragona © Manel Antolí
El balcón de Mediterráneo en Tarragona © Manel Antolí

Tarragona no necesita presentación. Su pasado romano acude a nuestra mente con tan solo nombrarla. Pero además de sus monumentales ruinas, en la antigua capital de la Hispania Citerior, también podemos disfrutar de un buen día playero, que por algo goza de 15 km de costa. Este extraordinario balcón del Mediterráneo, al que por cierto debemos asomarnos para contemplar las fabulosas vistas, cuenta con largas playas de fina arena y atractivas calas de aguas transparentes.

Al final de playa Llarga de la ciudad comienza un lugar increíble, el Espacio Natural Protegido de Tamarit-la Punta de la Moa. Una agradable excursión atravesando pequeñas ensenadas al amparo de una costa rocosa a la que además debemos añadir un castillo de origen románico, el de Tamarit.

La experiencia no sería completa sin visitar El Serrallo, el barrio marinero de Tarragona. Su encanto reside en su aspecto tradicional que se funde, sin complejos, con un amplio paseo flanqueado por un lado de coloridas embarcaciones y al otro por numerosos restaurantes donde degustar la rica gastronomía de la zona: Una cazuela de romesco, una fideuà o un arroz negro, pescados, mariscos… cualquiera de los platos de su rico recetario tradicional, acompañados de un buen vino de la tierra, que hay mucho donde escoger, y si no vean cuántas denominaciones de origen ampara este hermoso territorio.

El Vendrell. Acordes mediterráneos

El Museo de Pau Casals es visita obligada en el Vendrell ©Museu Pau CasalsEl Museo de Pau Casals es visita obligada en el Vendrell ©Museu Pau Casals

Comenzamos este viaje rememorando la figura de Joan Miró, los últimos pasos nos acercan hasta El Vendrell, hogar e inspiración de otro gran maestro, Pau Casals. Pero antes debemos conocer Altafulla, una encantadora villa marinera que les hechizará. Numerosos cuentos y leyendas sitúan en esta población costera una comunidad de brujas que, cuentan, se daban cita en el campanario de la localidad. Disfruten sin prisas del embrujo y la tranquilidad de sus calles y de su bello patrimonio: el castillo de Altafulla del siglo XI, el de Montserrat o el de Tamarit, la iglesia barroca de Sant Martí de Tours, la plaza del Pou donde reside el ayuntamiento, las apacibles casas blancas de pescadores que vigilan el paseo marítimo…

No dejen tampoco de visitar la desembocadura de río Gaià. Un lugar idóneo para el avistamiento de numerosas especies entre un paisaje de vegetación ribereña y playas arenosas.

Sin necesidad de desplazarnos muchos kilómetros, otro espacio cuya peculiaridad paisajística y biodiversidad merecen una protección especial: El paisaje de la playa de Torredembarra donde se forman dunas de hasta cinco metros de altura. Un entorno de estanques y posidonia oceánica donde descansan numerosas especies de aves durante sus largas migraciones.

El centro histórico de Torredembarra tampoco decepciona y nos invita a descubrir cada uno de sus rincones. Tómense su tiempo para pasear por las calles Baix de Sant Per, Eduard Benot y Ample mientras descubren sus edificaciones de los siglos XVIII y XIX. Muy interesantes además el castillo de los Icart (actualmente sede del ayuntamiento), la iglesia parroquial de San Pere, la ruta de los indianos con sus singulares y preciosos edificios, la Torre de la Vila de estilo mudéjar o el faro que presume de ser el más alto de toda Catalunya.

El xató del Vendrell ©Paisatge dels Genis-WisconsinEl xató del Vendrell ©Paisatge dels Genis-Wisconsin

Finalizamos nuestra ruta en El Vendrell, cuna de Pau Casals. El célebre músico mantuvo un permanente vínculo con la localidad que le vio nacer. “Afortunadamente, durante mis viajes por tantos países extranjeros, jamás he abandonado al niño de El Vendrell”, dijo en una ocasión. Su universal legado permanece vivo en las calles y en la memoria de este municipio de la Costa Daurada. Una ruta imprescindible nos lleva por su casa natal, su museo y el auditorio que lleva su nombre. Para el violonchelista “cada momento que vivimos es único e irrepetible”, por ello, y como broche final de un viaje inolvidable, sabedores de que no hay mejor plan para digerir las valiosas experiencias que sentados a una buena mesa, disfrutemos de su rica gastronómica, por ejemplo del xató, uno de los platos más típicos de la zona, elaborado a base de productos de la tierra con bacalao, aliñado con una salsa muy especial, la romesco. Perfecto si lo acompaña con una copa DO Penedés, un poquito de mar y montaña en cada sorbo y en cada bocado.