¿Cómo saber si una Sandía es buena?: Trucos para elegir la mejor sandía de la frutería

¿Cómo saber si una Sandía es buena?: Trucos para elegir la mejor sandía de la frutería

La sandía es una fruta que nos anticipa la llegada del verano. Su alto contenido en agua y su capacidad refrescante hacen de ella la reina de las frutas durante la temporada estival. Te contamos los mejores trucos para seleccionar el mejor ejemplar sin riesgo a equivocarte.

María Jesús Gómez Talaván16/05/2021

Desde finales de abril, los mercados europeos ya empiezan a abastecerse de las primeras sandías continentales de la temporada. Esto es posible gracias a su cultivo en los invernaderos solares del Sur de Europa (ubicados en Almería y la costa de Granada) donde esta fruta cuenta con las condiciones naturales y óptimas para su crecimiento y donde se respeta el ritmo adecuado para su maduración. “La protección ofrecida a través de la cubierta plástica de los invernaderos y el microclima que se genera en el interior de los mismos gracias, únicamente, a la incidencia de los rayos del sol, hace posible que podamos disfrutar de estas frutas sin tener que esperar hasta el verano y con el máximo sabor y dulzor que demandan este tipo de productos”, apunta Francisco Góngora, presidente de Hortiespaña.

Pese a que se han identificado más de 750 variedades de sandía, tan solo medio centenar se encuentran entre las más consumidas. No obstante, todas presentan un denominador común: el dulzor de su pulpa. Entre las variedades más consumidas en España destacan la sandía negra (con y sin pepitas), la rayada (con y sin pepitas) y la sandía mini. La sandía sin pepitas responde a una demanda creciente en el mercado por obtener frutas que resulten más cómodas de comer, lo mismo ocurre con las sandías minis, cuyo tamaño reducido es idóneo para hogares unipersonales o con pocos miembros y es más fácil para conservarla en la nevera. 

Para saber si una sandía se encuentra en su punto óptimo de consumo lo mejor es darle unos ligeros golpes con los dedos, si suena a hueco significará que está en su estado idóneoPara saber si una sandía se encuentra en su punto óptimo de consumo lo mejor es darle unos ligeros golpes con los dedos, si suena a hueco significará que está en su estado idóneo

Trucos para elegir bien

A diferencia de otras frutas, la sandía puede tener un excelente aspecto exterior que no siempre se corresponde con su interior, por ello, aprender a seleccionarla correctamente nos librará de alguna que otra sorpresa desagradable al abrirlo.

El truco para saber si se encuentra en su punto óptimo de consumo es darle unos ligeros golpes con los dedos, si suena a hueco significará que está en su estado idóneo. Pero también hay un aspecto externo que nos dará una pista sobre el sabor. Sabremos si la fruta está madura si la mancha de la cáscara que ha estado en contacto con el suelo es de color amarillo cremoso. Por el contrario, si ésta es blanca o verdosa indica que el fruto se recogió antes de tiempo y, por lo tanto, su sabor resultará insípido. Por su parte, si se adquiere una sandía en trozos conviene asegurarse de que la pulpa presente un aspecto firme y jugoso. En cualquier caso, nunca está de más preguntar al experto en frutas de tu establecimiento de compra favorito.

Una vez en casa, si hemos comprado una sandía cortada será imprescindible conservarla en la nevera para mantener la cadena de frío. Si, por el contrario, la pieza está entera y no queremos consumirla de forma inmediata, puede aguantar perfectamente durante dos semanas, o incluso más tiempo, si se conserva en un lugar fresco, seco y sin que le dé la luz directa del sol.  

Las frutas y verduras son fundamentales para nuestra alimentación

¿Qué influye en el sabor de las frutas y hortalizas?

Diversos estudios apuntan a que no solo las propiedades organolépticas de las verduras intervienen en la percepción del gusto de los consumidores, también se atribuyen factores psicológicos como el estado de ánimo o los recuerdos positivos.

María Jesús Gómez Talaván16/12/2020

Hace 50 años, a nadie se le ocurriría hacer una ensalada de tomates en invierno o disfrutar de una sandía sin pepitas en primavera, sin embargo, la industria alimentaria y la globalización ha permitido poner en el mercado todos los alimentos en cualquier época del año. Sin ir más lejos, los invernaderos de Almería y Granada, conocidos como la huerta de Europa, proporcionan alimentos saludables a 500 millones de personas en periodos donde la producción continental no es viable debido a las bajas temperaturas y a la falta de luz.

Garantizar y potenciar el sabor de los cultivos de invernadero y ofrecerlos a precios asequibles siempre ha sido el objetivo de los productores, sin embargo, algunos consumidores tienen la errónea impresión de que el invernadero acelera o induce la maduración provocando la falta de sabor en las frutas y hortalizas. Y nada más lejos de la realidad. Según  Jan van der Blom, responsable del departamento de Agroecología de APROA, el sabor depende fundamentalmente de la variedad cultivada, del modo de cultivo (riego, fertilización y clima), del momento en el que se cosecha, y de su conservación post-cosecha. De hecho, existen muchas apreciadas variedades que son famosas por su exquisito sabor, como el tomate raf, los pimientos dulces, el melón piel de sapo o la amplia gama de hortalizas minis. Por otro lado el momento de recolección es crítico y en los invernaderos solares, debido a la protección que ofrecen a las plantas, se espera a que cada variedad alcance su grado óptimo de madurez (contenido en azucares naturales, acidez y otros…) para su recogida y envío a los mercados.

La variedad de la semilla, el modo de cultivo, el momento en el que se cosecha y la conservación de los alimentos, son alguno de los factores que influyen en el sabor de las frutas y hortalizas. La variedad de la semilla, el modo de cultivo, el momento en el que se cosecha y la conservación de los alimentos, son alguno de los factores que influyen en el sabor de las frutas y hortalizas.

Sin embargo, al margen de estos factores objetivos que influyen sobre las propiedades organolépticas de los productos, diversos estudios apuntan hacia otras causas que intervienen en la percepción del sabor de determinados alimentos.

En primer lugar, se distingue el estado de ánimo. Se ha comprobado que existe una relación entre el equilibrio químico del cuerpo y el sentido del gusto. En este sentido, los niveles de la hormona serotonina regulan la sensibilidad a gustos dulces y amargos mientras que la noradrenalina influye sobre sabores ácidos. La combinación química de estas sustancias puede reducirse por el estrés o la depresión, por lo que en momentos de ansiedad se percibe peor el gusto mientras que en los de relajación o alegría, el aumento de las hormonas permite la apreciación de más sabores (Heath et al., 2006).

Por otro lado, los recuerdos: ¿de verdad estaban tan ricas las hortalizas de la abuela? (McGrath, 2014). Tal y como reconoce el autor, probablemente, esta idea sea fruto de nuestra mente, que tiende a borrar las malas memorias y potenciar las buenas, como ha demostrado la Universidad de Limerick en Irlanda. De esta forma, se idealiza un producto porque su contexto y entorno nos produjo felicidad. Probablemente el sabor que recordamos tenía más que ver con nuestra añorada juventud, la memoria de un ser entrañable y esa loca idea de “las cosas de antes eran mejores”.

Con independencia de estos factores psicológicos, los expertos inciden en que la adecuada conservación de las frutas y hortalizas no solo contribuye a evitar su deterioro, sino también, a potenciar su sabor. La cadena de suministro controla cada una de sus etapas para que las pérdidas de calidad sean mínimas, ya sea durante el envasado, transporte o almacenamiento. Sin embargo, en la mayoría de los hogares existe un desconocimiento sobre buenas prácticas de conservación y la compra suele sencillamente acabar en los huecos de la nevera, lo que resulta fatal para algunos productos.

En la mayoría de los hogares existe un desconocimiento sobre buenas prácticas de conservaciónEn la mayoría de los hogares existe un desconocimiento sobre buenas prácticas de conservación

¿Cómo conservar correctamente las hortalizas?

Tomates

Aunque los tomates se conservan mejor en la nevera, sobre todo si hay una temperatura alta en el exterior, lo cierto es que el frío afecta a su sabor degradándolo y haciéndolo más insípido. También altera su textura, rompe las membranas en el interior de las paredes de la fruta y la pone harinosa. En invierno podremos dejar los tomates a temperatura ambiente o, si optamos por conservarlos en la nevera, será conveniente sacarlos 24 horas antes de consumirlos, ya que las bajas temperaturas se encargan de descomponer las sustancias que contribuyen a potenciar el aroma o el sabor.

Si elegimos mantener los tomates a temperatura ambiente, deberemos hacerlo  en un lugar oscuro y seco, y separados de otras frutas y hortalizas, porque los tomates emiten etileno, gas natural que producen algunas frutas y verduras y que es el responsable de acelerar el proceso de maduración.

Pimientos, berenjenas, pepinos y calabacines

Soportan mejor el frío que el tomate, por lo que pueden permanecer en la nevera. Para asegurarnos una correcta conservación, será necesario separar cada tipo de producto en una bolsa de papel, de modo que ésta absorba la humedad y retrase la descomposición de la hortaliza. Si optamos por dejar estos productos a temperatura ambiente, conseguiremos alargar su vida envolviéndolos íntegramente en papel film, de este modo, los mantendremos separados de otros productos que emitan etileno. Los pimientos, berenjenas o calabacines son sensibles al etileno por lo que si las mantenemos correctamente aisladas conseguiremos evitar su deterioro.

Melón y sandía

Para disfrutar mejor del sabor y los aromas de estas frutas, lo más recomendable es no almacenarlas en la nevera, a menos que las cortemos. De ser así, las envolveremos en papel film para evitar su oxidación.

Tanto el melón como la sandía son frutas climatéricas, lo que significa que siguen madurando una vez han sido recolectadas, con lo que siguen produciendo etileno, por eso es recomendable mantenerlas separadas del resto de las frutas y verduras.

Si tenemos en cuenta estos sencillos consejos de conservación, lograremos potenciar más el sabor de determinados productos, lo que redundará en un mayor consumo de frutas y hortalizas o, lo que es lo mismo, alimentos sanos y saludables con un impacto muy positivo sobre nuestra salud.