Si pensabas que lo habías visto todo en el mundo de los turrones… ¡Error!. Posiblemente, la industria del turrón sea una de las más creativas: en pocos meses deben sacar todo su arsenal en una competición a vida o muerte por ser el turrón ganador de las Navidades. Y en esa línea nace el Turrón Monopoly, un dulce basado en el mítico juego que pretende dar la campanada estas Navidades.
Tras probar el turrón de cerveza Estrella Galicia y el Turrón de Donetes… le toca el turno a este nuevo invento.
¿Conseguirá sorprendernos?

Ingredientes, características y Tabla Nutricional
El packaging del Turrón Monopoly es lo primero que llama la atención. Parece que tienes delante una versión take away del juego más que un dulce. Pero no: dentro no hay dados ni propiedades que comprar sino una tablets muy colorida que ejercerá de imán para los más pequeños de la casa… y también para los grandes golosos (tamaño aparte).
El turrón Monopoly tiene un peso neto de 150 gramos y está elaborado en Toledo, en la fábrica que tiene la marca en Ordaz.
En el reverso de la caja encontramos su tabla de información nutricional, en la que no encontramos nada que nos llame especialmente la atención teniendo en cuanta que estamos hablando de un turrón industrial. Como no nos cansaremos de repetir: estos productos se pueden comer, si, pero de forma muy esporádica. No son saludables, lo mires por donde lo mires.

En cuanto a ingrediente, en la misma línea. No vamos a decir que está elaborado con veneno, porque no es así, pero son ingredientes que no debemos tomar en exceso ni a diario. Como siempre, el refranero español tiene una frase perfecta para estos casos: “Una vez al año, no hace daño”. Pero no muchas más… Es un turrón elaborado de praliné de chocolate con galletas y en su interior encontramos grageas de colores (en cristiano: lacasitos).
Nuestras opiniones del Turrón Monopoly
Debo decir que, a primera vista, tenía bastantes prejuicios con este turrón. Primero por su nomenclatura marketiniana que no avecinaba nada bueno y después por su aspecto, demasiado atractivo y artificial. Pero la verdad: me gustó. La galleta le da un gusto y una textura especial y las grageas tienen su punto. Es extra-dulce, eso por descontado, pero los que disfrutan de los subidones de azúcar van a estar felices.
En definitiva, un turrón sorprendente, original, con cierto encanto… y que se deja comer. Un capricho esporádico.





