Vista de Granada desde la torre de la Vela

Un cuento del Alhambra Palace

Joaquín del Palacio18/09/2012

…Estaba a punto de atardecer y subí al Albaycín para verlo pero no había nadie. Me senté a disfrutar de la caída del sol en el mirador y seguía solo. Ví que las nieves de los picos de Sierra Nevada, anaranjadas, aún reflejaban los últimos rayos solares. 

Atardecer en GranadaAtardecer en Granada

Escuché un caballo y, al mirar, ví a su jinete, ataviado con largas telas, como hace siglos vestían los musulmanes. Seguí observando el atardecer. Era invierno y Sierra Nevada hacía gala de su nombre, cubierta de un manto blanco precioso. El sol se ocultaba y aún las nieves del Veleta destellaban luces rojizas. El sol se fue definitivamente y no se encendieron las farolas… Pero sí se encendieron luces de fuego que titilaban en las ventanas de la Alhambra. ¿Estaría ardiendo?Además la ciudad parecía mucho más pequeña y sus edificios muy antiguos. ¿Sería una fiesta medieval? Tampoco lo parecía, porque no podía encontrar nada actual, pero vamos ni del siglo XIX. ¡Ni siquiera estaba la Catedral! Nada, no había instalaciones eléctricas, ni coches, ni nadie vestido de otra época que no fuese medieval. ¡Qué sensación! ¡Excepto yo, todo era de un pasado muy remoto!

La Carrera del Darro estaba llena de hombres con chilaba y carros. Todo se veía de otra época y todo lo escrito estaba en árabe. Trataba de ocultarme, pero luego me dí cuenta de que era inútil, porque pasaba inadvertido totalmente para aquella población. ¡No me veían! También pensé que era un sueño, pero rara vez he soñado de modo que fuese un mero observador de la vida y no tomase parte en ella. No era un sueño o, al menos, no era un sueño al uso…

Consciente de mi situación, decidí hacer una visita que jamás olvidaría. Entré sin dificultad en la Alhambra, donde aún no estaba el Palacio de Carlos I, ¡qué suerte! Pero claro, si aún no estaba este palacio, ¿qué año era entonces? 

El GeneralifeEl Generalife

Las dependencias estaban ocupadas y en el Patio de los Leones me quedé sentado en un rincón para disfrutar de los sonidos del agua. Al poco rato, unos hombres con chilaba pasaron conversando en un idioma extraño, no entendía nada, ¿sería árabe? Hacían muchos aspavientos y se les veía preocupados.  De nuevo no me vieron y decidí seguirles. Se adentraron en un cuarto muy adornado, con los techos más coloridos y bonitos que he visto jamás, parecía una estancia real. Y así era. En un gran trono, se encontraba un hombre que aparentaba ser muy rico y también estar muy triste. ¿Sería el rey, pero qué rey? ¿En qué época podía estar yo? ¿Sería Boabdil? Sí, porque escuché su nombre de boca de dos hombres que había junto a él vestidos de otra manera, ¿serían cristianos? Sí, lo eran, llevaban una cruz en sus atuendos y a ellos sí les entendía aunque con dificultad.

En efecto, deduje que eran emisarios de los Reyes Católicos, y que habían sido enviados para pactar la entrega de Granada sin violencia. ¿Las Capitulaciones de Santa Fe? En un raro castellano, comentaban entre ellos que debía de ser en breve y que debería ser incondicional, y luego uno de ellos se lo transmitía al rey. El tiempo se le acababa, a Boabdil, el actual rey, mientras los cristianos o “españoles”, no sé si esa denominación sería correcta entonces, hablaban entre ellos y comentaban el miedo que les abordaba. Eran conscientes del riesgo que corrían y la gravedad del asunto: la Reconquista, iniciada casi ocho siglos antes por Don Pelayo, se acababa mañana.

Decoración con piedras blancas y negrasDecoración con piedras blancas y negras

No podía ser verdad, ¿había salido del hotel Alhambra Palace o no? No estaba del todo seguro, pero aquello era el palacio de la Alhambra y estaba viendo y viviendo el gran evento que suponía acabar con la Reconquista, después de ocho siglos de dominación musulmana.

1491 acababa de terminar, era el primer día del 1492 y los acontecimientos se sucedían muy deprisa. Todo estaba acelerado, como en el siglo XXI, porque allí todo el mundo corría con cara de preocupación. Preparaban hatillos y algunos se despedían. Estaba acabándose ese domingo y parecía que, al acabarse ese 1 de enero, se acabaría el mundo.

Es increible, empezaba el año, mientras todo parecía acabarse, y todo el mundo estaba muy nervioso. ¡Claro, el 2 de enero de 1492 los Reyes Católicos conquistaron Granada!

Decidí recorrer las estancias de la Alhambra, yo era invisible a los ojos de aquella gente. Las estancias estaban decoradas con una elegancia soberbia. Los tejidos eran de la mejor calidad y sus colores eran preciosos. Cojines y mesas bajas, aroma a incienso y, de fondo, las fuentes sonaban. Fui al Generalife y los sonidos del agua y el olor del arrayán y demás plantas aromáticas me dejaron extasiado. Los palacios musulmanes son mejores que los propios sueños del sibarita más selecto. ¡Qué placer es escuchar la música del agua!

Vista del Hotel Alhambra PalaceVista del Hotel Alhambra Palace

Después de haberme metido por todos los rincones de la Granada medieval y la Alhambra, me dispuse a regresar a mis aposentos en el hotel Alhambra Palace, ¿seguiría allí? Posiblemente no, porque se construyó o se construiría en 1910. Pero sí estaba y resplandecía como reclamo para no perderme en la vuelta. Al entrar todo estaba silente y una voz me dijo”…

“Buenas noches señor, vamos a cerrar la cafetería, ¿desea tomar algo?… Después de haberme metido por todos los rincones de la Granada medieval y haber asistido a un hecho insólito en la Alhambra, me pareció sentir los pasos de alguien que se acercaba hacia mí. Por primera vez alguien me vió. Yo estaba sentado en un precioso salón, decorado con el lujo árabe más cautivador de toda Granada, en el Alhambra Palace, y pensé que ahora sí me habían descubierto. Una preciosa voz me dijo que si quería tomar algo, abrí los ojos y me sentí feliz por haber disfrutado de una experiencia única sin salir del mejor “Palacio de Granada”.

Galería fotográfica: