Detrás de @oh.mamiblue está Verónica Sánchez, creadora de contenido, fotógrafa y autora de ¿Qué cenamos hoy?, un proyecto que ha sabido unir cocina, familia, viajes y vida cotidiana con una mirada cercana y muy reconocible. Junto a Jana, Álex y Lara, ha construido una comunidad que encuentra en sus recetas, planes y pequeñas historias una forma natural de inspirarse, pero también de verse reflejada. Hablamos con ella sobre cocina de diario, maternidad, redes sociales, viajes en familia y esa manera tan suya de convertir lo cotidiano en algo bonito.
Detrás de @oh.mamiblue hay recetas, viajes, familia, decoración y mucha vida cotidiana. ¿Cómo definirías tú el proyecto?
Yo diría que @oh.mamiblue es, sobre todo, un altavoz. Un espacio desde el que dar visibilidad a realidades que muchas veces no la tienen y donde el activismo está presente en todo lo que hago, aunque no siempre sea lo más evidente. Los valores son el hilo conductor del proyecto. Están en las colaboraciones que acepto, porque no trabajo con cualquier marca: necesito sentir que compartimos una forma de entender el mundo, que haya un compromiso con la sostenibilidad, con los derechos humanos o con el respeto por los animales.
También están en los viajes que hacemos, en la forma en la que consumimos o incluso en cómo entendemos la decoración de nuestra casa. Me encanta mezclar piezas heredadas de nuestras abuelas, recuperar muebles, reutilizar objetos o dar una segunda vida a cosas que otros desechan. Al final comparto recetas, viajes o inspiración para el hogar, sí, pero todo eso tiene un mismo propósito: demostrar que se puede vivir de una forma más consciente, más libre y más respetuosa, sin renunciar a disfrutar de las pequeñas cosas.

Tu perfil tiene una comunidad enorme, pero transmite una sensación muy cercana. ¿Cómo se consigue mantener esa naturalidad cuando hay tanta gente mirando al otro lado de la pantalla?
Creo que porque nunca he intentado ser un personaje. Soy la misma persona dentro y fuera de las redes. Es verdad que, con los años, he conocido a personas que en redes son muy extrovertidas y luego, en las distancias cortas, son mucho más tímidas. A mí me pasa un poco al revés. En redes intento mostrarme natural y honesta, pero donde realmente soy yo es en el cara a cara. Me gusta abrazar, tocar, mirar a los ojos, conversar sin prisas… Creo que en las distancias cortas me crezco. Después de más de diez años sigo sin naturalizar del todo eso de hablarle a una pantalla. Lo intento, y creo que la gente percibe que soy auténtica, pero nada sustituye la cercanía de una conversación de verdad.
¿Qué tiene para ti una buena receta de diario?
Para mí una buena receta puede ser una tortilla de patata o una simple tostada con aceite. No hace falta hacer algo complicado para comer bien. Lo importante es dedicarle a cada cosa el tiempo que necesita. A mí me gusta mucho la cocina de chup chup. Y aunque esa expresión nos haga pensar en horas delante de los fogones, no siempre significa eso. Significa cocinar con cariño. Incluso una tostada puede tener alma si la haces con mimo. Además, creo que dentro de la imperfección hay muchísima belleza. Los platos de mi abuela seguramente no eran los más estéticos del mundo, pero tenían algo que no se puede explicar: se notaba que estaban hechos con el corazón. Para mí una receta perfecta no es la más bonita, sino aquella en la que se nota que quien la ha preparado ha puesto el alma. Y creo que eso, precisamente, es de las pocas cosas que la inteligencia artificial nunca podrá hacer
Has publicado el libro ¿Qué cenamos hoy?, una pregunta que se repite en muchísimas casas cada día. ¿Por qué crees que a veces nos cuesta tanto resolver algo aparentemente tan sencillo como la cena?
Porque llegamos muy cansadas al final del día. Muchas veces no nos cuesta cocinar; nos cuesta pensar qué cocinar. Tomar decisiones también agota. Por eso el libro nació con esa intención: quitar un poco de peso mental. Dar ideas para que esa pregunta de “¿qué cenamos hoy?” deje de ser un problema y podamos dedicar esa energía a disfrutar del momento de sentarnos juntos a la mesa.

¿Qué ingredientes, platos o sabores dirías que forman parte de tu cocina más personaL?
Mi cocina empieza por ingredientes muy sencillos: aceite de oliva, pan, patata, cebolla, tomate y un buen queso. No necesito mucho más, pero sí que lo que haya sea de calidad. Siempre intento tener pan congelado, caldo en la nevera —como dice Rigoberta— y esos básicos que te permiten improvisar una buena sopa, una pan pizza o una cena rica sin complicarte la vida. Al final creo que la cocina no necesita grandes lujos, necesita buenos ingredientes y mucho cariño.
En tus contenidos aparece mucho la idea de familia. ¿Cómo se vive la cocina en vuestra casa?
La cocina forma parte de mi historia familiar. Viene de generaciones de mujeres que cocinaron muchísimo. Algunas incluso lo hicieron profesionalmente, trabajando en las casas donde mis abuelos cuidaban las tierras. Por eso para mí cocinar nunca ha sido solo alimentarse. Es un momento para reunirnos, hablar, mirarnos a los ojos y bajar un poco el ritmo. Es una forma de nutrir la barriga, pero también el corazón. Y creo que hoy, con la vida que llevamos, esos momentos compartidos alrededor de una mesa tienen más valor que nunca.
Muchas familias quieren cocinar mejor, viajar más o hacer planes distintos, pero sienten que no tienen tiempo. ¿Qué consejo sencillo les darías para empezar sin agobiarse?
Que se organicen un poquito. Dedicar una hora a la semana a planificar los menús, hacer la compra y dejar escrito qué vas a comer cada día puede parecer una tontería, pero cambia muchísimo. Cuando llegas a casa cansada y con hambre es muy fácil improvisar y acabar recurriendo a comida procesada. En cambio, si ya lo tienes pensado, comes mejor, gastas menos tiempo y también menos energía mental.
También compartes viajes y planes en familia…
Sí, porque viajar nos encanta. Pero también creo que no hace falta cruzar medio mundo para crear grandes recuerdos. Viajar nos ha enseñado muchísimo como familia. Nuestros hijos han aprendido a conocer otras culturas, a probar sabores nuevos, a respetar otras formas de vivir, a gestionar los imprevistos y a tener paciencia. Siempre digo que de un viaje nunca vuelves siendo la misma persona. Y también me gusta reivindicar los viajes cercanos. A veces descubrir un pueblo que está a una hora de casa o hablar con la gente que vive cerca también es una forma maravillosa de viajar.
Las redes sociales han cambiado mucho la forma en la que descubrimos recetas, destinos y estilos de vida. ¿Qué parte de este mundo te sigue ilusionando y qué parte te resulta más difícil?
Lo que me sigue ilusionando es crear desde el amor. Compartir porque algo me emociona, me inspira o creo que puede ayudar a alguien, sin estar pensando constantemente en los números. Lo que más me cuesta es sentir que, muchas veces, el algoritmo premia más la viralidad que la autenticidad. Veo demasiadas cuentas copiándose unas a otras, intentando hacer siempre el contenido que funciona. Sin embargo, sigo creyendo que las cuentas que permanecen en el tiempo son las que tienen alma. Las que son fieles a sus valores, las que no hacen cualquier publicidad y las que siguen siendo honestas aunque eso signifique crecer más despacio. Cuando encuentro una cuenta auténtica, todavía me emociona muchísimo.

Tu perfil también tiene un componente de libertad, naturalidad y reivindicación. ¿Sientes que, además de inspirar, @oh.mamiblue también ayuda a normalizar otras formas de familia y de vivir?
Sí. De hecho, creo que es una de las cosas más bonitas que nos ha regalado este proyecto. Hay momentos que no se olvidan. Por ejemplo, cuando una abuela se acerca por la calle y me dice: “Mi nieta me contó que era lesbiana y me dijo que siguiera vuestra cuenta. Gracias a vosotros entendí que iba a poder formar una familia, tener hijos y ser feliz”. Eso emociona muchísimo. También hay chicas que empezaron a seguirnos hace diez años, cuando tenían 18 o 19 años y apenas encontraban referentes. Hoy me escriben para enseñarme las fotos de sus bebés porque ellas también han formado una familia. Ver ese recorrido es un regalo.
Creo que llegamos en un momento en el que hacía mucha falta visibilidad y, de alguna manera, ahora estamos recogiendo esos frutos. Si hemos conseguido que alguien mire a una familia como la nuestra con total normalidad, o que una chica joven piense “yo también voy a poder vivir la vida que quiero”, entonces todo ha merecido la pena. Y si hay algo que me hace especialmente feliz es haber demostrado, simplemente viviendo nuestra vida, que siendo dos mamás también se puede ser profundamente feliz.
Después de tantos años creando contenido, publicando recetas y compartiendo parte de tu vida, ¿qué te gustaría que la gente sintiera cuando entra en @oh.mamiblue?
Me gustaría que siguieran sintiendo honestidad. Evidentemente, después de tantos años he cambiado mucho. Soy la misma de siempre, pero no la de antes. He evolucionado como persona, como madre y como mujer, pero sigo siendo muy fiel a mis principios. Me gustaría que @oh.mamiblue siguiera siendo un lugar donde la gente encontrará calma, inspiración y verdad. Un espacio donde también hay activismo, pero desde el positivismo, demostrando que otra forma de vivir es posible. Y, sobre todo, me gustaría que quien llegue hasta aquí sienta que no está solo. Que vea que una familia como la nuestra puede ser inmensamente feliz. Que encuentre ideas, compañía y, si en algún momento siente que su propia familia le ha dado la espalda, ojalá pueda sentir que aquí tiene otra. Porque al final eso es lo que siempre he querido construir: una comunidad donde cualquiera pueda sentirse en casa.





