Ruta del vino Ribeiro

Viaje al corazón del Ribeiro

Hoy nos embarcamos en un extraordinario viaje por las tierras del Ribeiro, un vino que está dispuesto a recuperar la posición que jamás debió dejar de ocupar.

8 de mayo de 2022

En la provincia de Ourense hay un tesoro escondido. Un territorio que durante demasiado tiempo ha vivido bajo la sombra de su pasado, pero que ha decidido despertar y ofrecer todo su potencial. Hoy recorremos algunos de los lugares que forman parte de la Ruta del Vino de Ribeiro para descubrir todas las sorpresas que nos tiene reservadas esta mágica tierra.

Debemos comenzar este viaje poniéndonos en situación. A partir del S-IX y hasta el S-XIX, el vino de Ribeiro era uno de los vinos con más renombre que existían. Prueba de ello es que fue uno de los vinos que Cristóbal Colón llevó a América. Su popularidad era enorme y la calidad de sus vinos competía de tú a tú con cualquiera. Los vinos de Ribeiro vivían su etapa de mayor esplendor. Pero luego llegaron épocas más oscuras y la llegada de la filoxera acabó de rematar la fama del Ribeiro. Se tuvieron que traer a la zona uvas foráneas, como la palomino, y la calidad de los vinos se vió seriamente comprometida. El resultado de todo aquello fueron esos vinos tintos turbios que se servían en las cuncas para disimular sus posos. La fama del Ribeiro cayó en picado y se les empezó a considerar «vinos baratos».

Vista panorámica desde la Bodega Casal de Armán

Pero una nueva época de esplendor ha llegado a Ribeiro. El buen trabajo del consejo regulador, cuyas normas son estrictas para pertenecer a la D.O., unido al buen hacer de las bodegas y los colleiteiros y de la difusión de La Ruta del Vino de Ribeiro, han devuelto a estos grandes vinos la calidad que nunca debieron dejar de tener.

Una buena prueba de ello es la bodega Casal de Armán, que elabora unos vinos espectaculares y cuyo restaurante Sábrego ha sido reconocido con un sol Repsol y un Plato Michelín (y por la calidad de su menú probablemente estos premios aumenten en un corto plazo)

Bosques, montañas y viñas

Lo primero que impresiona de La Ruta del Vino de Ribeiro es su paisaje. Enormes e interminables bosques frondosos de robles, castaños, mimosas, pinos o eucaliptos recubren el camino, solo interrumpidos por pequeñas localidades y por sus características viñas. Y el Miño como centro neurálgico de un valle rodeado de montañas y con paisajes de postal. Los amantes de la naturaleza tienen aquí un lugar perfecto para desconectar y realizar rutas de senderismo, ciclismo o algunas de las actividades acuáticas que propone el centro náutico gallego.

Un impresionante entorno natural envuelve la Ruta del Vino de Ribeiro

Las viñas son un elemento más del paisaje. Pequeñas y grandes parcelas salpican el terreno, llegando a las 1.300 hectáreas de superficie de viñedo perteneciente a la D.O.

Una nueva «plaga» amenaza a este paisaje y no es otra que el abandono de los viñedos. Bien sea por la falta de relevo generacional o porque muchos propietarios se niegan a vender o alquilar sus terrenos, muchas parcelas están cayendo en el abandono. Algo contra lo que la Ruta del Vino del Ribeiro lleva años luchando. Y es que esta tierra ofrece la posibilidad de vivir de ella, y hacerlo bien.

El «Colleiteiro»

La historia del vino de Ribeiro está íntimamente unida a la figura del «Colleiteiro». Los minifundios instaurados en Galicia llevaron al consejo regulador a reconocer esta figura como parte esencial de la propuesta vinícola de la zona. Los antiguos recolectores que hacían vino en casa, son ahora protagonistas de los vinos de Ribeiro, suponiendo el 50% de las bodegas que forman parte de la D.O.

El Colleiteiro tiene los mismos derechos y obligaciones que cualquier gran bodega salvo dos puntos que está obligado a cumplir: su producción no puede exceder los 60.000 litros y no pueden comprar uva externa. El vino que hace un «Colleiteiro» debe ser 100% de sus viñedos. Esto consigue que realicen vinos artesanos y cargados de tradición. Vinos de muy alta calidad en los que se cuida hasta el más mínimo detalle.

Dos buenas pruebas de ello las encontramos en dos bodegas: Cuñas Davia y Celme.

Los viñedos de la bodega Cuñas Davia

Cuñas Davia nace del empeño de su actual propietario, Alberto, de seguir con la tradición familiar que comenzó su abuelo. En su casa, como él mismo nos cuenta, «siempre se ha hecho vino». Su abuelo primero y su padre después comenzaron a trabajar unas tierras que el ha convertido en un modelo de vida y en un negocio rentable. «Yo de pequeño, nunca he tenido unas vacaciones al uso. Mi padre se cogía las vacaciones en Septiembre para venir al viñedo y hacer la recolección». Pero él decidió tomar una decisión: darle a esa idea una continuidad, comprando las parcelas de los alrededores y creando un vino de calidad junto con una propuesta enoturística muy interesante. Y es que en Cuñas Davia además de buen vino, se come muy bien. El responsable de la gastronomía del restaurante es Judicael Romero, un alicantino de raíces (y alma) gallega que lleva el restaurante de la bodega. Su propuesta es arriesgada, ambiciosa, podríamos decir que incluso algo temeraria, pero el resultado es fantástico. Una cocina con tintes orientales pero sin perder de vista el producto de la zona. Platos de enorme calidad como su Ssam coreano, que elabora con panceta a baja temperatura, mejillones de la ría y kimchi casero. O un excelente Steak Tartar de rubia gallega servido sobre hueso de tuétano. Una cocina de altos vuelos.

Vino tostado de la Bodega Celme

En el otro extremo de los colleiteiros encontramos la Bodega Acelme. Con una filosofía similar, la propuesta de esta pareja de Lugo es bien diferente. Después de arriesgar todo para montar la bodega, decidieron que sus vinos fueran ecológicos (obtendrán la certificación oficial a lo largo de 2022). De esta forma transformaron su terreno y elaboraron unos vinos con personalidad entre los que destaca su vino tostado. Un vino que promete dar mucho que hablar. Además, elaboran unos interesantes vermuts, uno blanco y uno tinto.

Museos, ermitas, monasterios y el impresionante Castro de San Cibrao

La región nos ofrece más planes de los que disfrutar.

Una visita obligada es al Parque Arqueolóxico da cultura Castrexa. Allí podréis sumergiros en la historia de la zona y de los Castros. Estos antiquísimos poblados fortificados que pertenecieron a la Edad del Hierro nos proponen un viaje en el tiempo. En Galicia encontramos alrededor de 5.000 de estos castros pero el de San Cibrao es probablemente el mejor conservado. Pese a que solo está excavado un 15% de las construcciones, podemos hacernos una idea perfecta de lo que eran estos poblados, de sus casas, sus calles, sus sistemas defensivos… una joya arqueológica indispensable.

Castro de San Cibrao

Otra visita para los amantes del vino es el Museo do Viño de Galicia. Una visita gratuita que nos enseña la historia del vino en la región, las etapas y una preciosa bodega en un conjunto monumental construido en el S-XVIII.

El monasterio de San Clodio es una de las joyas de la Corona de la zona. El origen del Ribeiro. Su origen, aunque incierto, se sitúa entre el siglo VI y el XX. Lo que sí se sabe es que el monasterio en el siglo XII pasa a ser benedictino para un siglo más tarde pasar a ser ciscestense. Son los monjes los que estudian el vino y que convirtieron el vino en su principal fuente de ingresos. Hacían un vino de tanta calidad, que eso le provocó problemas con la nobleza que querían esas tierras y los vinos que producían. Ahora mismo se ha reconvertido en hotel con spa y tratamientos de vinoterapia.

San Clodio, el origen del Ribeiro.

Y para los que buscan esos rincones mágicos que solo podemos encontrar en Galicia, la ermita de San Trocado. Un lugar especial en el que disfrutar de una espectacular panorámica del valle y de los ríos Miño y Barbantiño.

La mágica ermita de San Trocado

Ribadavia, la capital del Ribeiro

No podemos (ni debemos) irnos sin conocer Ribadavia, la capital del Ribeiro. Con alrededor de 5.000 habitantes, esta bonita localidad tiene mucho que ofrecer. Una villa con un pasado esplendoroso (se dice que durante un tiempo fue capital de Galicia). El nombre de Ribadavia está íntimamente ligado a las juderías y perderse por el barrio judií es uno de los imprescindibles.

Ribadavia, la capital del Ribeiro

No debemos perdernos la Plaza Mayor y su hermoso Pazo de los Condes de Ribadavia; la iglesia de San Juan del Siglo XII, con una rica decoración; la plaza de la Magdalena con la iglesia barroca de la Magdalena; y la muralla y el Castillo

Y para comer y beber, podemos visitar una auténtica bodega del siglo XIX, con barricas y suelo de tierra, llamada Papuxa. También es muy recomendable el Gastro Bar O birrán, en dónde podemos degustar una cocina elaborada y a muy buen precio (no os perdáis el pulpo con queso, una delicia).

Jesús Sánchez Celada

Jesús Sánchez Celada es Periodista gastronómico y director de la revista Con Mucha Gula. Su contribución al periodismo gastronómico va más allá de Con Mucha Gula, consolidándose como figura multifacética en el panorama... Ver más sobre el autor