Vinoble 2010 día 3: el día d’Yquem

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Publicado el
06/06/2010



Los jardines del Alcázar de Jerez lucían sus mejores galasLos jardines del Alcázar de Jerez lucían sus mejores galas

Seguimos con esta crónica que nos ha proporcionado tanto estrés como placer. La jornada del primero de Junio, otro día de calor en el Alcázar de Jerez de la frontera, comienza con una cata titulada  “Los vinos Nobles del Nuevo Mundo”. La traducción literal en Inglés se ajustaba más a la realidad: “Vinos Dulces y botririzados al estilo del nuevo Mundo”, ya que cuadraba perfectamente con lo que nos llegó a continuación.

Andrew Quady, propietario de la bodega californiana homónoma, nos presentó su Quady Essencia California Orange Muscat 2008 y su Black Muscat de la misma añada. La uva moscatel de naranja -un cruce de las uvas chassela y moscatel-, se muestra en nariz como puro azahar y en boca es sencillo, ligero y muy agradable. Frío puede ser una interesante opción a la moscatel de Alejandría, más pesada.

De su Quady Elysium de moscatel negra, variedad que nunca antes había probado, me sorprendió su potencial polivalente como vino para postres. Flores, canela, frutas rojas y negras explotan en la nariz y en la boca es un vino dulce ligero con una acidez divertida y un final de chocolate. Recomendado para prácticamente cualquier fin de comida.



A continuación Rabdy Dufour, director de exportación de la Canadiense Inniskilin aportó su “Inniskilin Oak Aged Vidal Icewine” donde la madera da algo de complejidad añadida a la uva vidal, perfecta por su grueso hollejo y resistencia a las heladas para la producción del vino de hielo. Palabras mayores.

Posteriormente, Angela Reddin, Brand Ambassador de varias marcas, nos presentó un interesante ejercicio de cómo hacer un oporto tawny en California con su Seppeltsfield Para Fortified Shiraz/Grenache 1989. Poco más que decir.

De la bodega australiana de Bortoli nos llegaron su “Noble One Botrytised Semillon 2006”, que fue un muy digno vino estilo Sauternes, y un exclusivo “De Bortoli Black Noble” un dulce de altura con su aroma inconfundible a café y su boca rica y sedosa.

La cata de Chateau d’Yquem y más…

Sin apenas tiempo de recuperarnos, nos encontramos a la puerta de la Mezquita con la tensión contenida de decenas de ansiosos profesionales y aficionados que se agolpaban a la espera del comienzo de la cata estrella de los Sauternes más famosos: los Chateau d’Yquem. 78.000 euros es el valor de las botellas aportadas por Pierre Lurton. Sin embargo, no me malinterpreten cuando digo que los 78.000 no era lo más importante. Estábamos delante de verdaderos mitos, y en la cata nos encontrábamos todos en la Mezquita en un estado casi de catarsis.

Allí, Bruno Murciano, mejor sumiller de España en 2008, Pancho Campo comisario de Vinoble, y la joven Cellar Master de la bodega Sandrine Garbay, ejercieron de diseccionadores y representantes de los vinos, respectivamente.



Comienza Sandrine contándonos los secretos que hacen de los vinos de este Chateau algo especial: el primero consiste en que la viña está situada a una altura de 85 metros -la más alta de Sauternes. Esto hace que las nieblas de mañana que permiten el desarrollo de del hongo Botryitis Cinierea o podredumbre noble, desaparezcan antes que en el resto de fincas en cotas más bajas. Así, las uvas del Chateau tienen más insolación o están más secas (sic) que las de los vecinos. El segundo esta en que en sus casi 100 hectáreas poseen terrenos de lo más diverso: Arcilla, arcilla-grava, arcilla-arena y arcilla-calcáreos, de tal forma que siempre hay parte de la finca que en años muy lluviosos en épocas previas o durante la vendimia, no sufre tanto. En años secos, los terrenos arcillosos son más frescos que el resto y en las grandes añadas, la complejidad que aporta cada uno de estos terrenos hace rozar la perfección.

Sandrine Garbay junto a los cuatro vinos de Chateau d’Yquem catados en Vinoble 2010Sandrine Garbay junto a los cuatro vinos de Chateau d’Yquem catados en Vinoble 2010

También nos contó que la venta del Chateau por parte de la familia Lur-Saluces, que había estado al mando de la bodega durante cuatro siglos, no ha afectado a la calidad del vino, ya que el equipo humano ha seguido siendo el mismo y la rigurosidad en la vinificación incluso ha aumentado con sus nuevos propietarios, LVMH (Moët Hennessy Louis Vuitton). Habló de la vendimia en 6 fases que realizan mediante personal especializado, para en cada una de ellas poder seleccionar las uvas perfectamente botritizadas y comentó además que la vinificación, con esta calidad de materia prima, es muy sencilla y que su trabajo apenas es un 10% de la calidad total. Terroir y vendimia son el restante 90%. La gestión de la fermentación alcohólica con levaduras autóctonas y una crianza en roble de 2 años en vez de tres, en persecución de un mayor carácter frutal en el vino, han sido los únicos cambios que han introducido en los últimos tiempos. A continuación nos da una clase magistral de fases de cosecha, coupages, refrescos y de cómo evolucionan en botella las uvas semillon y sauvignon a través del tiempo.

Todo esto nos pone a todos en perfecta disposición para empezar a catar los vinos, con la suerte de que tanto Pancho como Bruno están en estado de gracia y encuentran matices sutiles en todos ellos. Muy didáctica la cata y los vinos no creo necesario que haya que explicarlos, pero puede quedar en algo así:

  • Añada 2007: Con 14º de alcohol, es puro potencial y elegancia. De acuerdo con Bruno en que es casi un sacrilegio bebérselo en este momento. Fue el vino que vi mejor en la cata, aún estando cerrado y siendo un bebé. Si tienes 300 euros, treinta años por delante y sitio acondicionado para guardarlo ese tiempo, adquiere una botella.
  • Añada 2000: Un Yquem que aún siendo de mal año, es complejo y de gran calidad. La semillón y la botritis están marcadas con respecto al anterior dónde predominaba la Sauvignon Blanc. Uno de los pocos 2000 de Sauternes que se puede beber con placer.
  • Añada 1996: Un clásico de la bodega. Especiado y en evolución con su miel y sus manzanas asadas.
  • Añada 1990: De una año cálido, le sucede lo que era de suponer: está en un momento magnífico de consumo, pero yo no lo guardaría demasiado tiempo más. El vino en estas añadas no suele ser tan longevo como en el de las frías.

Por último, un presente pregunta cuál es la copa ideal para un Chateau D’Yquem y Sandrine comenta que precisamente acaban de trabajar con Riedel en busca de la mejor copa para sus vinos, llegando a la conclusión de que la mejor es la Sauvignon del fabricante en vez de la Sauternes.

Sin duda, una cata muy interesante.

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